Salud y bienestar

Salud y bienestar, dos conceptos que van de la mano. Imagen: Thinkstock.

Salud y bienestar, dos palabras claves en este espacio virtual de reflexión y escritura que hoy inicia su andadura, con los conceptos que mediante ambas se pretenden expresar, derivados de las experiencias de cada cuerpo, con su personal historia, necesitan, como primera providencia, ser definidas con la mayor precisión posible.

La palabra salud ha significado cosas muy diversas en diferentes épocas y culturas, con la particularidad de que el concepto que evoca, como sucede con el concepto de vida, se resiste a una definición precisa. En este sentido,es una palabra enigmática.

La definición de la Organización Mundial de la Salud lanzada en 1977 y convertida en ineludible referencia histórica, estableció que “la salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no simplemente la ausencia de enfermedad”, sin duda un desideratum impregnado de valores éticos y políticos, que exige un modelo biopsicosocial de la práctica médica.

Esta definición tuvo el mérito de introducir una visión positiva e integradora de la naturaleza de la salud. Por otra parte, la búsqueda del triple bienestar (físico, mental y social), conjunción por la que se aboga, es ya un concepto estrechamente relacionado con la moderna visión, ampliada e integrada, de la salud.

Pero lo cierto es que las definiciones de la salud y el bienestar del cuerpo, para que tengan consecuencias realistas, han de partir de la aceptación de que los cuerpos humanos son entidades biológicas intrínsecamente vulnerables, progresivamente deteriorables y sujetas a una inevitable caducidad. A partir de esta aceptación, todo reflexión sobre la salud será más fácil.

La vulnerabilidad del cuerpo humano se pone de manifiesto ante agresores externos (biológicos, físicos y químicos) y se acentúa en determinadas condiciones internas (mutaciones genéticas, cáncer, desnutrición, estilo de vida inapropiado).

El deterioro del cuerpo humano es general, aunque afecta básicamente al sistema nervioso (demencia), al sistema cardiovascular (ateroesclerosis) y al sistema locomotor (artrosis).

La esperanza de vida (y la calidad de vida) dependen de la suma de las consecuencias negativas del deterioro biológico y de la vulnerabilidad.

La Medicina Preventiva trata de frenar el deterioro del cuerpo con la propuesta de estilos de vida apropiados para cada edad de la vida, y procura disminuir la vulnerabilidad del cuerpo proporcionando una información fiable sobre la salud, en el contexto social de una eficiente política sanitaria.

La Medicina Curativa/Paliativa pretende curar y/o aliviar la enfermedad, consecuencia, en proporciones variables, de la vulnerabilidad y del deterioro biológico del cuerpo.

Lo que se piense sobre la salud del cuerpo depende de la mirada que lo observa. Para la mirada de los otros cuerpos (y para la mirada del propio cuerpo ante el espejo), la salud del cuerpo es una apariencia que se califica de saludable, apreciación en la que se integran intuitivamente la imagen corporal global, el aspecto del rostro con su mirada, y su comportamiento físico, mental y social. En la cultura occidental de nuestro tiempo, en la que el cuerpo está omnipresente, la apariencia, como medida de la salud, es hegemónica: un cuerpo saludable es (o procura serlo tras agresivas modificaciones) aparentemente joven, físicamente vibrante y sexualmente atractivo, de acuerdo con los mediáticos modelos icónicos.

Para la mirada médica, el estado de salud de un cuerpo es el resultado de la integración de la historia personal narrada al médico, acerca de su vivir, con los datos objetivos derivados de su comportamiento biológico, comparados con una “normativa” con la que se trata de discriminar conceptos y calificativos tan complejos y de límites tan borrosos, como son lo normal y lo patológico .

Para el propio cuerpo, con la persona en su espacio “incorporada”, la salud es una experiencia personal positiva, transmitida a los otros cuerpos mediante brevísimas construcciones narrativas (“me encuentro bien”, “me siento bien”, “estoy bien”), en contraposición con la experiencia negativa del cuerpo enfermo.

No cabe duda de que es más difícil describir la experiencia de la salud que la experiencia de la enfermedad, ya que el cuerpo que goza de buena salud es un cuerpo silencioso: “La salud es la vida en el silencio de los órganos”, escribió el cirujano francés R.Leriche, mientras que para el filósofo H. Gadamer, “la salud se manifiesta cuando escapa de nuestra atención”.

Diversos son los conceptos relacionados con la palabra bienestar introducida por la OMS en la definición de la salud, en sus tres vertientes, físico, mental y social . Frente al bienestar objetivo del cuerpo en sociedad, que valora, sobre todo, factores económicos que afectan al vivir (“vida holgada o abastecida de cuanto conduce a pasarlo bien y con tranquilidad”, dice el Diccionario de la RAE), el bienestar subjetivo se refiere a la evaluación que una persona hace de su propia vida, positiva o negativa, una evaluación que es, al mismo tiempo, cognitiva y afectiva. Esta evaluación personal del bienestar subjetivo, que trata de ser evaluada objetivamente y de manera retrospectiva por la moderna economía (D. Kanehmam, Premio Nobel de Economía, 2002) conjugada con la psicología, recurriendo a la memoria de episodios ya vividos, o en “tiempo real” , limitándose al momento que es está viviendo.

La evaluación cognitiva del bienestar subjetivo expresa el grado de satisfacción por la propia vida (salud, familia,trabajo, medios económicos, diversiones), haya sido, o no, (con palabras de Bertrand Russell en su autobiografía) una “vida merecedora de ser vivida”.

La evaluación afectiva del bienestar subjetivo se refiere tanto a a los afectos positivos (alegría, contento, orgullo, amor) como a los afectos negativos (tristeza, sentimiento de culpa o vergüenza, ansiedad, abatimiento, melancolía, depresión): el predominio de los afectos positivos sobre los negativos define al bienestar subjetivo o felicidad .

Es muy probable que la verdadera felicidad, síntesis emocional positiva de los estados de salud y de bienestar que un cuerpo humano (consciente de su progresivo deterioro biológico y de su caducidad) ha vivido, o está viviendo, en un momento dado, sólo pueda ser el resultado de un lúcido equilibrio entre la realidad y el deseo, fruto de un proyecto vital en el que se busque la “correspondencia entre la armonía del cuerpo y el espacio histórico concreto donde éste se desarrolla y alienta” (E. Lledó).