Mujer y maltrato

La casa no es ya para muchas mujeres "el lugar de la intimidad protegida", del que hablaba Gaston Bachelard. Imagen: Thinkstock.

El primer Informe sobre la violencia doméstica preparado por la Organización Mundial de la Salud asegura que la forma más común de violencia en la vida de las mujeres es ahora la que sufre en el espacio doméstico a manos de su pareja, sobrepasando a la frecuencia del asalto y la violación en el espacio urbano o rural, por extraños o conocidos.

La encuesta que ha servido de fundamento a este Informe (realizada en diez países) ha evaluado tanto la violencia física como la violencia sexual desatadas ambas contra la mujer por su pareja en el ámbito doméstico.

La casa no es ya para muchas mujeres “el lugar de la intimidad protegida”, del que hablaba Gaston Bachelard (“La poetique de l´espace”, Puf, Quadrigue, 2001), el espacio privado donde despliega su intimidad, para compartirla con su pareja, sino un espacio claustrofóbico, en el que se comienza por escenificar la violencia verbal y se termina con la violencia física aplicada sobre toda la geografía corporal de la mujer: violencia ejercida a cuerpo limpio o mediante objetos o armas, blancas o de fuego, y que deja huellas traumáticas en el apaleado cuerpo de la víctima, a veces con un ensañamiento atroz, que puede terminar con su muerte.

En la sociedad del siglo XXI, cada vez más agresiva y violenta (una sociedad, según el reciente análisis de Vicente Verdú (“Yo y tú objetos de lujo”, Editorial Debate,2005) en la que predominan “las relaciones entre las personas como degustaciones parciales y sin compromisos profundos”) el espacio doméstico es, para muchas mujeres, un espacio mínimo, deteriorado e insalubre, lleno de ruido y de furia, donde el cuerpo de la mujer es un cuerpo enclaustrado, sometido al abuso y al dominio del “otro” cuerpo, víctima de una violencia que hunde sus raíces en la frustración, el resentimiento, el sadismo y las drogas, y que combina la presión psicológica con la física.

Todo espacio cerrado y mínimo en el que han de convivir varios cuerpos humanos es propicio al estallido de la violencia interpersonal: la violencia doméstica es un ejemplo de esta violencia que se despliega en un escenario sin salida, y que puede convertirse en una trampa mortal, en el que un prepotente cuerpo/agresor atemoriza, violenta y mantiene en silencio al cuerpo/víctima, como lo es también la violencia carcelaria y la violencia de la tortura.

El gran problema, desde el punto de vista de una política social global dirigida a la prevención de esta violencia doméstica, estriba en que, en gran parte, permanece oculta, debido a que muchas mujeres no la denuncian (aproximadamente un 20% según el Informe de la OMS) a pesar de que su salud se encuentra gravemente afectada, ya que no sólo ha sido desprovista brutalmente del bienestar físico, sino del psicológico y del social.