Máscara veneciana.

Máscara veneciana. Imagen: Thinkstock.

Es en la cara, el área del espacio corporal más rica en posibilidades expresivas de nuestras emociones, gracias a un complejísimo sistema muscular coordinado por un sofisticado control cerebral, donde se concentra, en primera instancia, la identidad individual de cada persona humana, detectable por los “otros”, y por él mismo ante el espejo, en cuya imagen reflejada reconoce su yo personal. Y da la casualidad que la palabra latina persona significa máscara, esa artística careta de cuencas vacías y boca entreabierta, con una concreta expresión emocional congelada en rictus, con la que cubrían el rostro los actores griegos, y que llamaban el prosopon.

Al inicio del año 2003, la prensa, sobre todo la sensacionalista, se hizo eco de rumores sobre la inminencia del primer trasplante de cara: un equipo de cirujanos británicos, coordinado por Mr. Peter Butle, había puesto a punto todos los detalles técnicos de la atrevida intervención, cuyo objetivo era sustituir la alterada cara de un individuo vivo, el receptor, por la cara (piel, tejido celular subcutáneo, músculos, vasos y nervios) de un individuo muerto, el donante (Trasplantes de tejidos y órganos, en el libro de Pera, C. El cuerpo herido. Un diccionario filosófico de la cirugía, Edit. Acantilado, Barcelona 2003).

El Real Colegio de Cirujanos de Inglaterra (RCSE) reaccionó enseguida publicando en noviembre del año 2003 un Informe en el que, tras hacer mención de los problemas técnicos, recordaba la necesidad de tener en cuenta el impacto psicológico que recibiría no tan sólo el receptor al mirarse en el espejo y verse con la cara de un extraño, sino también la familia del donante. Por otra parte, el Informe recordaba los considerables riesgos que para el receptor supondría la terapéutica supresora de su capacidad inmunitaria (inmunosupresión), a la que tendría que estar sometido durante toda su vida. La conclusión del RCSE fue que eran necesarias más investigaciones, y un mejor control de las complicaciones que pudieron surgir, para dar vía libre al trasplante facial en el ser humano. No obstante, el Real Colegio no era, en principio, contrario al procedimiento y reconocía la necesidad de que, en casos de desfiguración facial muy grave, el trasplante facial podría ser una opción de tratamiento en el futuro.

Y el futuro se hizo presente el 27 de Noviembre pasado en el Centro Hospitalario Universitario de la ciudad de Amiens por un equipo quirúrgico coordinado por los doctores Devauchelle y Dubernard, que llevó a cabo un trasplante facial parcial en una mujer de 38 años, con su cara gravemente desfigurada por las mordeduras de su perro cuando trataba de despertarla de un profundo sueño inducido por somnífero. Como consecuencia de la grave alteración anatómica y funcional, la paciente sufría graves problemas de elocución y de masticación.

El trasplante parcial ha incluido el triángulo nariz-labios-mentón, el cual había sido extraído, en la ciudad de Lille, de una donante en estado de muerte cerebral, con el consentimiento de su familia.

No era la primera vez que el cirujano Jean Michel Dubernard había apostado por realizar transportes complejos y provocadores por las repercusiones psicológicas y éticas del área corporal trasplantada. En 1988 realizó un muy controvertido trasplante de mano, saldado con un fracaso, lo que no fue obstáculo para que en el 2000 consiguiese trasplantar con éxito las dos manos en un hombre de 33 años, que 5 años más tarde ha logrado el uso casi normal de las manos trasplantadas.

El 30 de Noviembre el Royal College of Surgeons de Inglaterra ha publicado una nota en su página web en la que afirma que si el trasplante realizado en Francia tiene éxito, se trataría del mayor avance conseguido en la reconstrucción facial. No obstante, el RCS insiste en que no se trata tan sólo de un problema de técnica quirúrgica, sino que plantea otros problemas: la necesidad de que la paciente trasplantada sea sometida durante toda su vida a una medicación inmunosupresora, y el impacto psicológico sobre la paciente y sobre las familias del donante y del receptor. Sin embargo, el RSCE estima que, por tratarse de un transplante parcial, es probable que los problemas psicológicos derivados de la similar apariencia entre donante fallecido y receptor vivo sean menores. La nota del RCSE termina deseando éxito a sus colegas franceses.

El día 2 de Diciembre, en el Hospital Herriot de Lyon, donde fue trasladada la paciente para realizarle un trasplante de células procedentes de la médula ósea de la donante, con el fin de mejorar su aceptación inmunológica del trasplante facial, el equipo médico-quirúrgico dio una conferencia de prensa. Según parece, la mujer habla, come sola, los músculos de la parte de la cara trasplantada se contraen, y se ha mirado en el espejo. No sabemos que grado de extrañeza ha sentido la paciente.

En su poema Espejo, el poeta José Hierro (Cuaderno de Nueva York, Hiperión ,1998) expresó bellamente su extrañeza ante la propia imagen:

“Ese desconocido, ese recién llegado…  / Ese, al que veo y al que escucho / Desde el lado de acá del espejo…”