Violencia verbal

Según un estudio la violencia verbal en los matrimonios provoca que las heridas curan más con más lentitud. Imagen: Thinkstock.

o hay duda de que la violencia verbal interpersonal, cuando alcanza un determinado nivel de agresividad, puede inducir en sus protagonistas un estado de estrés, entendido como una respuesta biológica a cualquier tipo de agresión, en la que se integran varias respuestas parciales: respuesta nerviosa y endocrina, respuesta de la fase aguda (en la que se liberan, a nivel de las heridas, unas sustancias llamadas citocinas, que actúan como mediadores de la respuesta), respuesta metabólica y respuesta inmunitaria . La respuesta, aunque en principio sea beneficiosa, puede transformarse en autoagresiva (Pera, C. El cuerpo herido. Un diccionario filosófico de la cirugía. Acantilado, Barcelona, 2003 ).

Edward Albee, dramaturgo norteamericano, consiguió una escenificación paradigmática de violencia verbal entre un matrimonio mal avenido, en su comedia negra Who´s afraid of Virginia Woolf” (Quién teme a Virginia Woolf, 1962), llevada al cine (1966) con el mismo título, film en el que Elisabeth Taylor y Richard Burton representaron a Martha y George, la pareja que despliega en escena una violenta representación, gestual y verbal, durante la que se desvela, ante el estupor de la pareja formada por el joven profesor recién incorporado a la universidad y su tímida esposa, una relación sadomasoquista y destructiva de amor/odio.

Ahora, unos investigadores norteamericanos han tratado de averiguar si la violencia verbal entre matrimonios que malviven en un clima de hostilidad y discordia, y el consiguiente estrés, afectaría al proceso de curación de las heridas y, concretamente, a la producción, en la propia herida, y en el resto del organismo, de las citocinas que promueven la inflamación que conduce a la curación.

En una investigación cuidadosamente diseñada, en la que participaron voluntariamente 42 matrimonios, se les provocaron en los antebrazos mínimas heridas, cuya evolución hacia la curación fue seguida mediante un dispositivo que permitía, además, controlar la producción local de las citadas citocinas. Provocadas las heridas, se celebraron dos tipos de sesiones entre las parejas: en una primera sesión se estimuló, con la oferta de ayuda psicológica, la concordia o el compromiso, y en una segunda sesión se dejó el campo libre para que se discutiera abiertamente y se produjeran situaciones de hostilidad y violencia verbal entre las parejas.

Los autores encuentran que las heridas curan más con más lentitud, y con menor producción local de citocinas, tras las sesiones en las que se estimularon las discusiones con violencia verbal .

Al fin y al cabo (y según el Diccionario de la RAE), “sacar a alguien de quicio” es exasperarle, hacerle perder el tino, y “sacar de su quicio a algo” (en este caso el organismo humano considerado como un todo) es “exceder el orden o curso natural”.