Niño obeso-niño hambriento

Imagen: Thinkstock.

Cuando se acerca el momento de abrir la puerta, inquietante y esperanzadora, que da paso al año 2006, parece apropiado, en un espacio de reflexiones personales sobre la masiva información que acerca de la salud y el bienestar fluye, día a día, en la web global, resumir, sobre la base de lo más relevante y fiable del año 2005, la situación de la salud en el mundo y sus presumibles tendencias.

En este mundo globalizado, y desde la perspectiva occidental, la profunda brecha existente en el espacio virtual de la red sigue siendo la expresión de la brecha en el espacio real que separa a la RIQUEZA de la POBREZA, un abismo que condiciona problemas diferentes para la salud en cada una de las dos fracciones de este mundo que se postula global y solidario.

EN EL LADO DE LA RIQUEZA predominan los estilos de vida insaludables que condicionan excesos en la mayoría de los individuos que allí habitan: la conjunción de aporte nutritivo excesivo y desequilibrado con una vida sedentaria está provocando una “epidemia” de sobrepeso y de obesidad que se asocia con consecuencias muy negativas, como la diabetes, la enfermedad cardiovascular (hipertensión arterial, infarto de miocardio e ictus), la enfermedad respiratoria crónica y el cáncer. Lo mismo sucede con las adicciones al tabaco (cáncer de pulmón) al alcohol y a las drogas, mientras que, todavía, el sexo inseguro mantiene, a niveles preocupantes, la epidemia del SIDA. A pesar de todo, el aumento de la esperanza de vida en los países ricos contribuye al progresivo envejecimiento de la población con el consiguiente incremento de la demencia y, de modo especial, la enfermedad de Alzheimer, con los problemas familiares y sociales derivados de la pérdida de la independencia vital.

EN EL LADO DE LA POBREZA domina, por el contrario, el hambre y la desnutrición que conduce a la extrema emaciación de millones de seres humanos (852 millones de hambrientos en el mundo, según la OMS), que determina una espantosa mortalidad infantil (5 millones de niños mueren anualmente a causa del hambre), mientras que el sexo inseguro es una vía libre para la expansión incontrolada del SIDA, y la ausencia de condiciones higiénicas (agua escasa e insalubre, viviendas polucionadas) potencia el desarrollo de infecciones ahora paradigmáticas del mundo de la pobreza, como la tuberculosis (el 80% se concentra en Bangladesh, China, India, Indonesia y Nigeria) y la malaria.

Pero, por otra parte, los masivos movimientos de población, unos forzados por el hambre hacia los países ricos (inmigración) y otros por la búsqueda de nuevos placeres hacia los países pobres (turismo de masas y turismo del sexo) condicionan el trasiego de infecciones emergentes, como la gripe aviaria, o la propagación de infecciones sexuales. La inmigración, además, se incrusta en el seno de las ciudades multiculturales de los países ricos como barrios de pobreza.

Bienestar y malestar se reparten a uno y otro lado de la brecha RIQUEZA/POBREZA que divide el mundo, aunque por motivos diferentes: en el lado de la RIQUEZA, a causa de estilos de vida caracterizados por el exceso , y en el lado de la POBREZA como consecuencia de una penuria que condena a malvivir sin esperanza, y a sufrir todas las enfermedades relacionadas con la pobreza extrema .

Para colmo, en uno y otro lado de la brecha que divide al mundo se reparten la polución y el ruido ambiental, el estrés de las relaciones interpersonales, sociales y laborales y la violencia, tanto colectiva como individual, de la que la mujer es la víctima propiciatoria.

Asumidas la vulnerabilidad, el deterioro y la caducidad intrinsecas al ser humano, una vida saludable exige, a nivel individual, buscar y encontrar la mesura entre el exceso y el defecto:

- Para los que viven en el mundo de la RIQUEZA bastaría con aplicar con sensatez las reglas básicas: dieta adecuada en cantidad y calidad, actividades fisica, mental y social regularmente programadas, abstención de sustancias adictivas, práctica segura del sexo, evitación de riesgos ambientales.

- Para los que viven en el mundo de la POBREZA alcanzar los niveles mínimos de una vida saludable depende con urgencia de las acciones solidarias y efectivas que pueda llevar a cabo el mundo de la RIQUEZA (Jeffrey Sacks, El Fin de la Pobreza , editorial Debate, 2005).