"El nacimiento de Venus"

"El nacimiento de Venus", de Botticelli. Imagen: Thinkstock.

En la mayoría de las especialidades médicas el paciente no conoce la causa de su problema y acude al médico para que éste la averigüe y la trate; en la cirugía estética/cosmética, el “paciente” sabe cual es su “problema” (sus arrugas, su nariz, sus labios, sus mamas, su contorno corporal en suma, sea a nivel de abdomen, caderas, nalgas o pantorrillas) aunque, en ocasiones, el cirujano tenga dificultades para entenderlo como tal.

A finales de Diciembre del pasado 2005, el Departamento de Salud del Reino Unido abrió un espacio en su página web del que se puede descargar un documento de 119 páginas titulado “Cosmetic Surgery” (Cirugía cosmética), cuyo objetivo es que los posibles candidatos/as a una intervención de este tipo de cirugía (no incluida en las prestaciones del Servicio Nacional de la Salud), antes de firmar el exigible “consentimiento informado“, dispongan de una información fiable sobre propósito y técnica de la intervención, resultados, riesgos, cualificación exigible del cirujano y costes.

La cirugía cosmética (asimilable a cirugía estética, dentro de la especialidad de cirugía plástica, reparadora y estética) significa, según el citado documento, “operaciones que revisan o cambian la apariencia, color, textura, estructura o posición de las formas corporales para conseguir que los pacientes se perciban como más deseables“.

La definición oficial de la American Society of Plastic and Reconstructive Surgery establece que la Cosmetic Surgery es “la que se realiza para reformar estructuras normales del cuerpo con el fin de mejorar la apariencia del paciente y la autoestima”. En este sentido, para algunos la cirugía cosmética/estética sería una forma de psicoterapia (Sander L. Gilman, “Creating Beauty to Cure the Soul”, Duke University Press, 1998).

Bajo la premisa de que “la cirugía cosmética no debe ser tomada a la ligera”, el Departamento de Salud del Reino Unido recomienda en su documento que la decisión de someterse a un procedimiento quirúrgico cosmético sólo debe tomarse después de habérselo pensado cuidadosamente y de hacerse las preguntas pertinentes”. Por ejemplo:

  • ¿Espera que cambiará su vida al cambiar de apariencia, y cómo piensa que mejorará su vida?
  • ¿Es razonable o probable que un cambio en su apariencia cambie radicalmente su vida?
  • ¿Ha considerado operarse para su propia satisfacción o para complacer a otra persona?
  • ¿Cree que si se opera mejorará su relación o sus expectativas de conseguir un empleo?
  • ¿Es razonable esperar que la cirugía cosmética consiga los cambios que desea en su apariencia?

El documento del “Department of Health” del Reino Unido incluye un listado, de la A a la Z, de los procedimientos realizados en Cirugía cosmética, desde abdominoplastia a vaginoplastia: en cada uno de ellos se incluye información sobre propósito, detalles del procedimiento, resultados, riesgos (los relacionados con toda operación y los derivados de la técnica considerada), así como los pasos previos que debe seguir el candidato antes de elegir la opción quirúrgica.

La edición de este documento es muy oportuna, ya que, a pesar de su ambigüedad dentro del campo quirúrgico, la cirugía estética o cosmética es cada día más requerida en una cultura occidental dominada por el consumismo y por su capacidad para modificar y mejorar la “apariencia”, de acuerdo con unos modelos idealizados e icónicos, lo que conduce a la homogeneización de dicha “apariencia“. En la moderna “cultura de la modificación del cuerpo“, éste es asumido como un “proyecto individual” en el que cada uno, dueño de su propio cuerpo, se ocuparía de su diseño (Pera, C. La modificación del cuerpo en la cultura occidental, en Pensar desde el cuerpo. Ensayo sobre la corporeidad humana. Editorial Triacastela, 2006).

El rapidísimo desarrollo de la cirugía cosmética (una “medicalización de la apariencia“) sería el fruto de la estrecha conjunción entre el progreso técnico, la mercantilización de la medicina y la cultura del consumo, aunque como tal cirugía cosmética queda fuera de las prestaciones del modelo sanitario del Estado del Bienestar (Kathy Davis. Reshaping the Female Body. The Dilemma of Cosmetic Surgery , Routledge, New York, 1995).

La cirugía estética/cosmética, cuya genealogía se reconoce a partir del desarrollo de la cirugía en principio plástica y reparadora, tras la experiencia europea en la guerra del 14 al 18, con la reparación de las numerosas y graves secuelas de las heridas de guerra (Elisabeth Haiken. Venus Envy. A history of cosmetic surgery, The Johns Hopkins University Press, 1997), mantiene una posición peculiar en el campo quirúrgico, ya que sus “pacientes” están, en principio, físicamente “sanos” y sus “enfermedades” son el envejecimiento, la presunta fealdad y la escasa autoestima, con sus consecuencias psicológicas ejemplarizadas en el “complejo de inferioridad” (puesto de moda en su momento por Alfred Adler) complejo básico en todo discurso justificativo de las indicaciones operatorias en la cirugía cosmética.

En el año 1931, J. Howard Crum, un controvertido cirujano plástico norteamericano, realizó en la cara de una actriz de 60 años la primera operación pública de lifting, en el salón de baile del Hotel Pensilvania de Nueva York, con motivo de la International Beauty Shop Owner´s Convention. Ante la prensa convocada para el acontecimiento ciudadano, J.H. Crum reivindicó, como en nuestro tiempo la performer francesa Orlan, su condición de artista: “Soy un artista más que un cirujano. Yo modelo la carne humana”. La diferencia estriba en que Orlan, que se hace operar por cirujanos cosméticos, dice que “entrega su cuerpo a su arte” (Pera, C. El “arte carnal” de Orlan y su intromisión en el campo quirúrgico. En Pensar desde el cuerpo. Ensayo sobre la corporeidad humana. Editorial Triacastela, 2006).