“Según parece, la mujer habla,
come sola, los músculos de la parte
de la cara trasplantada se contraen,
y se ha mirado en el espejo.
No sabemos qué grado de extrañeza
ha sentido la paciente”
(Bloglandia Salud,
6 Diciembre 2005)

Por fin, Isabelle Dinoire, la francesa de 38 años a la que cirujanos franceses cambiaron parcialmente su cara “como si fuera una máscara” (el triangulo nariz-labios mentón) el día 27 de Noviembre de 2005, apareció a “cara descubierta”, ante una impresionante concentración mediática en el hospital de Amiens el día 6 de Febrero. Sin embargo, The Sunday Times, que parece tener su exclusiva, publicó el día 26 de Enero su primera fotografía tras la operación.

A las fundadas dudas respecto al “grado de extrañeza que sentiría la paciente al mirarse en el espejo”, Isabelle ha contestado directamente: “j´ai un visage, comme toute le monde” (tengo una cara, como todo el mundo).

En las imágenes de la rueda de prensa, los ojos recelosos de Isabelle Dinoire, junto con la raíz de la nariz y la parte superior de ambas mejillas, quedaban en su conjunto ligeramente delimitados, a pesar de haber sido muy maquillada, de la cara de la donante por la lívida línea de la cicatriz operatoria, línea que marca los límites entre su “propia” y exigua cara, y la cara que le es “extraña”.

A la vista de las imágenes se puede decir que el complejo trasplante procedente de un cadáver donante (y de acuerdo con la original etimología “vegetal” de la palabra “trasplante”) ha “prendido” en la cara de la receptora, ya que es irrigado de manera suficiente, y sobrevive.

Pero para que la identidad biológica de la parte de la cara que le es “extraña” a Isabelle no sea rechazada por su sistema inmunológico, en defensa de su “propia” identidad , está siendo sometida (y lo seguirá siendo mientras viva) a un potente tratamiento inmunosupresor , combinado con trasplante de células de la médula ósea de la donante a su propia médula ósea, con el objetivo de mejorar la aceptación inmunológica de la cara trasplantada.

Más difícil resultará recuperar la gran capacidad expresiva de una cara normal, que depende de un complejísimo sistema muscular, coordinado por un sofisticado centro cerebral, ya que la reinervación del trasplante parcial, si se produce, será muy lenta. Al cabo de dos meses de la operación, Isabelle dice haber notado signos de recuperación de la sensibilidad.

Cuando ha intentado hablar lo ha hecho con grandes esfuerzos, dada la escasa actividad del labio inferior, algo caído, lo que dibuja una boca siempre entreabierta.

Queda por confirmar que la nueva cara de la mujer trasplantada, que dice tener ahora “ una cara como todo el mundo “, vaya a contribuir a que pueda aceptar su identidad personal , ante el espejo.