Anciano y su nieto

La pérdida de memoria en los enfermos de Alzheimer afecta al reconocimiento de las caras de sus seres queridos. Imagen: Thinkstock.

“Son los seres humanos espacios,
con formas cambiantes, que transitan,
con la memoria de su identidad personal,
si logran conservarla, por los espacios
del mundo”
(Pera C. Pensar desde el cuerpo.
Edit. Triacastela, 2006)

En el año 1906, Alois Alzheimer, psiquiatra y neuropatólogo austríaco, describió por vez primera vez una forma de demencia en una mujer de 51 años cuyos primeros síntomas fueron desorientación y pérdida progresiva de la memoria, junto con dificultades para leer y escribir. Cuando falleció la paciente, Alzheimer pudo estudiar su cerebro y encontró lesiones características.

En el año 1910, el famoso psiquiatra Emil Kraepelin, aplicó, en su clásico texto de Psiquiatría, el nombre de enfermedad de Alzheimer a esta forma especial de demencia pre-senil, que se iniciaba en edades más jóvenes.

Aunque el papel de la herencia en el riesgo de desarrollar una enfermedad de Alzheimer era conocido y valorado, un estudio reciente realizado sobre una amplia población de parejas de gemelos, ha aportado datos más significativos sobre la gran importancia de la herencia en el desarrollo de la enfermedad, que puede llegar hasta el 79%, tanto entre mujeres como en hombres.

La progresiva pérdida de memoria en los enfermos de Alzheimer afecta de manera dramática al reconocimiento de las caras de sus seres más cercanos y queridos. La recién descubierta área cerebral para el reconocimiento de la propia cara, ante espejo, y de las caras de los demás ha sido funcionalmente desconectada.

La escritora norteamericana Carolina Walter Bynum, sentada junto a su padre, afecto de la enfermedad de Alzheimer, se describe a sí misma, y a la situación en que se encuentra, de este modo:
“Sitting by my father´s feeding chair to watch a shape that carries its story with it, although the dull eyes no longer saw a daugther”
Sentada junto al sillón para dar de comer a mi padre, contemplo una forma que arrastra su historia, mientras que sus ojos extraviados no verán más a una hija”.

En el estudio sobre la herencia de la enfermedad de Alzheimer en más de 11.884 pares de gemelos, de los cuales en 392 pares 1 o ambos padecían la demencia pre-senil, los gemelos más cercanos genéticamente, los monocigóticos (gemelos que proceden de un solo óvulo fecundado), si llegan a desarrollar la enfermedad, su inicio sería muy cercano en el tiempo: añadiendo más dramatismo a la situación, ambos dejarían de reconocer al “otro”, casi al mismo tiempo.

Difícil es entender lo que queda de un espacio corporal humano, sin tensión interior, sin memoria y sin mirada
(Pera, C. Pensar desde el cuerpo. Ensayo sobre la corporeidad humana. Editorial Triacastela, 2006)