Mujer sola

Hay que vigilar la salud del paciente hospitalizado, pero también la de su pareja. Imagen: Thinkstock.

El cuerpo se derrumba
desde encima
de sí
como ciudad roída
corroída
muerta.
(José Ángel Valente)

Cicerón, en su diálogo sobre la vejez, enumera las cuatro razones que aducen los que la encuentran miserable: “una, porque debilita al cuerpo; otra, porque nos aparta de los negocios; la tercera, porque nos priva de casi todos los placeres y la cuarta, porque no dista mucho de la muerte”.

En la vejez extrema, el cuerpo (cada día más pegado a la tierra, a cuestas con el peso creciente de los años) arrastra su pesantez a duras penas, cansino e inestable, cuando camina sobre la dolorida usura de de las junturas de su esqueleto, sobre todo si se esfuerza por seguir el ritmo de los otros cuerpos que aún no han llegado a viejos. (Pera,C. Pensar desde el cuerpo. Ensayo sobre la corporeidad humana, Ed. Triacastela, 2006).

En una vejez verdaderamente compartida, en la que una pareja de cuerpos ancianos intenta aunar sus escasas fuerzas para mantenerse en pie y sobrevivir, el drama surge cuando la brusca aparición de una enfermedad grave en uno de los dos, obliga a su hospitalización y condena al otro a la soledad inerme y sin esperanza.

En un artículo publicado en The New England Journal of Medicine, investigadores de la Universidad de Harvard ha examinado en matrimonios de ancianos las posibles relaciones entre la hospitalización por enfermedad grave del esposo o la esposa y el riesgo de muerte de su compañero o compañera.

La conclusión del estudio (realizado sobre una población de 518.240 parejas de ancianos con edad media de 75 años) es que la hospitalización por enfermedad grave de uno de ellos (cáncer de colon, insuficiencia cardiaca, fractura de cadera o demencia) se asocia con un incremento del riesgo de muerte del que se queda en casa, es decir, con un significativo acortamiento de su ya corta esperanza de vida.

Como quiera que en nuestro tiempo se incrementa la esperanza de vida, abundarán cada día más los cuerpos viejos. El lema lanzado por la Segunda Asamblea Mundial sobre la Vejez, celebrada en Madrid en abril del 2002, fue “construir una sociedad para todas las edades”. Frente a la discriminación sistemáticamente negativa de la vejez del cuerpo, una apuesta por crear las condiciones más apropiadas para su bienestar físico, social y mental.

Como subraya el artículo comentado del NEJM, estos efectos interpersonales sobre la salud en los matrimonios ancianos deben tener implicaciones en la sanidad pública, no sólo en lo que se refiere al cuidado del anciano paciente, sino del desolado esposo, o de la desolada esposa, que perdió a su pareja.