Sterna paradiseae (charrán ártico o gaviotín ártico)

Las aves acuáticas migratorias son portadoras de virus. Imagen: Thinkstock.

Debajo de las multiplicaciones
hay una gota de sangre de pato…

Todos los días se matan en Nueva York
cuatro millones de patos…

(Federico García Lorca, Poeta en Nueva York,
Editorial Losada, 3ª ed. 1946)

El virus más agresivo de la gripe aviaria, el H5N1, ha aprendido a utilizar a las aves acuáticas migratorias como veloces, resistentes y silenciosos vehículos, en los que se oculta como mínimo polizón, y, siguiendo sus largas y periódicas rutas, se va extendiendo de manera implacable por el mundo de los seres humanos.

Pero sí las aves acuáticas migratorias, mensajeras ocasionales del temido virus H5N1, son ya innumerables, cuando uno de estos “salvajes” mensajeros, en una de las escalas de su agotador vuelo, entra en contacto con aves “domesticadas“, el número de portadores del virus se multiplica exponencialmente y el problema se magnifica.

En estas circunstancias, eliminar a los mensajeros (tanto a los primarios como a los secundarios) se convierte en una colosal y sangrienta tarea. Las apocalípticas estrofas de Federico García Lorca en su admirable Poeta en Nueva York se hacen realidad (por otros motivos) en este mundo globalizado del siglo XXI, en el que un virus (en último término, una información letal con una enorme capacidad de replicación en las células vivas), innumerables aves y millones de seres humanos, se encuentran implicados en una inesperada y dramática situación en la que lo que se juega es la enfermedad y la muerte. De momento, los seres humanos se defienden procurando destruir al mayor número posible de mensajeros.

Bernard Vallat, Director General de la Organización Mundial de la Salud animal, cree que asistimos a una rápida aceleración de la situación, caracterizada por la transformación progresiva de una epizootia en una panzootia. A excepción de Australia y de Nueva Zelanda, que quedan fuera de los circuitos migratorios de las aves acuáticas que proceden de zonas infectadas por el virus, el resto del mundo está expuesto a la panzootia.

Mientras que no se pongan en marcha otras estrategias, matar a las aves mensajeras del virus ha de ser necesariamente la primera línea de defensa. Lo que sucede es que, en el caso de la gripe aviaria, los cuerpos de los mensajeros que han de ser eliminados son mucho más aparentes, voluminosos y ruidosos, y más cercanos a los seres humanos, que, por ejemplo, los del casi invisible mosquito Anopheles, el mensajero portador del Plasmodium, el parásito causante de la malaria, y, en consecuencia, las acciones necesarias para la eliminación masiva mucho más cruentas y desagradables para nuestra sensibilidad.