Un niño se reconoce frente al espejo.

Estas neuronas conjugan la capacidad de visualizar las imágenes de acción del “otro” con la capacidad de poner en marcha la misma acción motora. Imagen: Thinkstock

“Cualquier teoría acerca del
nacimiento de la ética
tendrá que integrar cultura con biología”
(D.C. Dennett)

“Si queremos sobrevivir,
debemos interpretar
las acciones de los otros”
(G. Rizzolatti)

Los cuerpos humanos, en los que se encarnan las personas, han de convivir con los otros cuerpos humanos en el seno de sociedades cada día más heterogéneas y conflictivas. Como sujetos de unas complejísimas relaciones sociales, además de cumplir con el código biológico que le permite sobrevivir como personas, han de procurar comportarse de tal modo que su latente violencia animal sea transformada, bajo la presión de los otros cuerpos, en un comportamiento en el que predomine una racionalizada apuesta por la convivencia (C.Pera, Pensar desde el cuerpo, Ensayo sobre la corporeidad humana, Ed.Triacastela, 2006).

Como componentes de ese código biológico, entre defensivo y agresivo, que hace posible sobrevivir, ha de entenderse el hallazgo de sistemas de neuronas que permiten interpretar las acciones, intenciones y emociones de los “otros”: son las neuronas espejos (“mirror neurons”).

En el año 1991, investigadores de la Universidad de Parma, liderados por el Dr. Giacomo Rizzolatti, observaron como, en la región del cerebro de un macaco, implicada en la planificación y la realización de sus movimientos, unos finos electrodos allí implantados detectaban un tipo especial de neuronas que se activaban eléctricamente no tan sólo cuando el animal realizaba una acción determinada (como coger un cacahuete de una mesa y llevárselo a la boca) sino también, y de manera sorprendente, cuando el mono veía la misma acción realizada por otro animal, o por un ser humano (G. Rizzolatti y Laila Craighero, The Mirror-Neuron System , Ann. Rev. Neurosci, 2004, 27:169-92).

A estas neuronas (localizadas en el área F5 de la corteza premotora del lóbulo frontal del macaco) que conjugan la capacidad de visualizar las imágenes de acción del “otro” con la capacidad de poner en marcha la misma acción motora , y que fueron descritas como neuronas visuales y motoras (“visuomotor neurons”), las llamaron neuronas espejos .

Estos sorprendentes hallazgos no fueron publicados hasta el año 1996, después de ser evaluados y confirmados experimentalmente. La activación del sistema de las neuronas espejos requiere, en la acción observada, la interacción entre un efector biológico (mano o boca), no mecánico, y un objeto (un cacahuete, por ejemplo). Una acción intransitiva (hacer como que se coge un objeto que no existe) o la visión únicamente del objeto (el cacahuete) es inefectiva. Por otra parte, las neuronas espejos también responden al ruido producido por una acción determinada (romper un cacahuete o una hoja de papel) que no ha sido visualizada.

El cerebro humano también posee múltiples circuitos de células espejos, más complejos y sofisticados, especializados en interpretar no sólo las acciones de otras personas, sino sus intenciones y emociones, siempre teniendo en cuenta el contexto en el que se realizan. Esta interpretación inmediata de la acción del “otro”, en un escenario concreto, no se haría, primariamente, a través de un proceso intelectual, sino como una aprehensión biológica, a través de la activación directa de las neuronas espejos.

Cuando vemos realizar una acción, ésta es captada por las neuronas espejos y, de modo automático, se realiza dicha acción o, en la mayoría de los casos, se simula en nuestro cerebro. Interpretamos la visualizada acción del “otro” porque la secuencia de los movimientos que la componen está “grabada” en nuestras neuronas espejos. Incluso cuando la acción que observamos en otra persona ha sido solamente iniciada (coger un vaso de agua de una mesa) ya sabemos la intención de los movimientos siguientes (llevarlo a la boca para beber) salvo que surja una sorpresa (arrojarnos el agua a la cara), la cual deja de serlo en un contexto de violencia verbal, por ejemplo.

Sin la capacidad de interpretar las acciones de los “otros”, y su intencionalidad, no sólo es imposible una organización social y una convivencia, sino que de esta interpretación de las intenciones de los otros (fundamentada en el sistema de las neuronas espejo) depende, en gran parte, el proceso del aprendizaje por imitación, en general y, muy probablemente, el aprendizaje del lenguaje hablado.