Blog de Cristóbal Pera

Artículos publicados en abril 2006

Genes violencia

Cada año, según la OMS, mueren más de un millón y medio de personas a manos de la violencia humana. Imagen: Thinkstock.

No olvidemos que las palabras acríticas
y meméticas con las que se componen
los discursos dogmáticos son capaces
de transformar a potenciales agresores,
y desde el resentimiento colectivo,
en vociferantes instrumentos
de la violencia más aterradora
“.
C.Pera

La Organización Mundial de la Salud ha definido la violencia (del latín, violentia, de vis, fuerza) como “el uso deliberado de la fuerza física o el poder, ya sea en grado de amenaza o efectivo, contra uno mismo, otra persona o un grupo o comunidad, que cause, o tenga muchas probabilidades de causar, lesiones, muerte, daños psicológicos, trastornos del desarrollo o privaciones”. Cada año, según la OMS, mueren más de un millón y medio de personas a manos de la violencia humana; pero no hay que olvidar que por cada persona que muere a causa de la violencia son muchas más las que resultan heridas y con secuelas físicas y psíquicas.

Espalda

"Lo más fuerte que hay en el mundo es el dolor", escribía Paul Valèry a su amigo André Gide. Imagen: Thinkstock.

“La más simple colegiala, cuando se enamora
dispone de Shakespeare o de Keats
para expresar sus turbaciones.
Pero dejad a un hombre que padece
intentar describir a un médico
sus dolores de cabeza
y el lenguaje huye…”

Virginia Woolf en On being ill.
Collected Essays, Hogarth Press,
Londres, 1967

Aunque el dolor es, hasta cierto punto, inefable, y que ante su presencia el lenguaje directo huye, y se convierte en lenguaje metafórico, me parece sin duda útil analizar las palabras y las metáforas que suelen utilizar los pacientes, y los médicos, para describir las cualidades del dolor que aquellos sufren. Así pueden clasificarse:

a) Palabras que describen cualidades sensoriales, como tiempo, espacio corporal donde asienta, presión y temperatura.

Dolor de espalda

El dolor no depende sólo de la cuantía de la lesión de los tejidos, sino que es una experiencia personal, influenciada por la atención que le presta el paciente, la ansiedad que le provoca y las experiencias dolorosas previas. Imagen: Thinkstock.

“Si yo puedo representarme el dolor que siento,
si el otro puede hacerlo, o si decimos que
podemos hacerlo, ¿cómo podemos verificar
si hemos representado correctamente ese dolor
y con qué grado de incertidumbre?”
W.Wittgenstein, Fiches, Gallimard, París, 1970.

En la relación que se establece entre el paciente y su médico, la narración del dolor es, en muchas ocasiones, el motivo fundamental de su solicitud de ayuda. Por esta razón, tanto la descripción del dolor por parte del paciente, como la interpretación de dicho relato que corresponde al médico, ocupan una posición clave en todo proceso diagnóstico y terapéutico. Todo esto determina que en el diálogo inicial entre el paciente y su médico, así como en posteriores encuentros, los relatos que se entrecruzan entre ambos giren, en numerosas entrevistas clínicas, alrededor de un determinado dolor, el cual es sometido a una indagación clínica que permita conseguir su descripción, primero, y su interpretación, después, con la mayor precisión posible.

Mujer rezando

Mujer rezando. Imagen: Thinkstock.

“Y agravándose las calenturas…mi madre,
ausente, rogaba por mí”
(San Agustin, Confesiones
Editorial Aguilar, 1957)

“Parece que nos servimos de nuestras
preces como de una jerga…”
(Montaigne, De las oraciones,
Ensayos, Libro I, cap. LVI, Cátedra, 2003)

El análisis del poder curativo o paliativo de la denominada oración intercesora, que debe hacerse, en principio, desde el dominio de las creencias y fuera del ámbito de las ciencias, suscita todavía algunas interrogantes acerca de las posibles acciones saludables que la escenificación y la representación de la oración intercesora puedan determinar en la persona por la que se intercede, entendida ésta como unidad biopsicosocial, unas acciones que pudieran ser detectadas con metodología científica.

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