Mujer rezando

Mujer rezando. Imagen: Thinkstock.

“Y agravándose las calenturas…mi madre,
ausente, rogaba por mí”
(San Agustin, Confesiones
Editorial Aguilar, 1957)

“Parece que nos servimos de nuestras
preces como de una jerga…”
(Montaigne, De las oraciones,
Ensayos, Libro I, cap. LVI, Cátedra, 2003)

El análisis del poder curativo o paliativo de la denominada oración intercesora, que debe hacerse, en principio, desde el dominio de las creencias y fuera del ámbito de las ciencias, suscita todavía algunas interrogantes acerca de las posibles acciones saludables que la escenificación y la representación de la oración intercesora puedan determinar en la persona por la que se intercede, entendida ésta como unidad biopsicosocial, unas acciones que pudieran ser detectadas con metodología científica.

En un artículo publicado online en el American Heart Journal, un equipo de investigadores de varios centros médicos muy prestigiosos de los Estados Unidos (Harvard Medical School, Boston, MA. Oklahoma Heart Institute, Oklahoma City, OK., Washington Hospital Center, Washington DC, y Mayo Clinic, Rochester, MN) constatan que la creencia, ampliamente extendida, de que las oraciones intercesoras por los pacientes tienen influencia positiva en la evolución de la enfermedad, no ha sido probada científicamente mediante ensayos clínicos bien controlados. Dada la proliferación de este tipo de plegarias, la Congregación para la Doctrina de la Fe estimó oportuno publicar en el año 2000 una Instrucción sobre las oraciones para obtener de Dios la restauración de la salud, firmada por el entonces Cardenal Joseph Ratzinger.

En consecuencia, los autores se proponen evaluar en más de 1.800 pacientes operados de un by-pass coronario, las consecuencias de tres situaciones distintas:
a) A 604 pacientes se les dedican oraciones intercesoras después de ser informados de que podían recibirlas o no;
b) A 597 pacientes no se les dedican oraciones intercesoras después de ser informados de que podrían recibirlas o no;
c) A 601 pacientes se les dedican oraciones intercesoras después de haber sido informados de que con seguridad las recibirían.

Las plegarias intercesoras, realizadas por miembros de tres congregaciones religiosas, extraños al paciente (dos grupos católicos y uno protestante), fueron aplicadas durante 14 días, comenzando la noche antes de la operación quirúrgica, e incluían, en su habitual oración, la frase “porque la operación de fulano de tal sea un éxito, con una recuperación rápida, saludable y sin complicaciones”.

Los resultados del amplio estudio (en los que se valoraba la presencia de cualquier complicación en los 30 días siguientes a la operación de coronarias) han sido los siguientes: En los grupos a) y b), en los que no había certeza de que se les aplicaran oraciones intercesoras, se presentaron complicaciones en el 52% de los que las recibieron y en el 51% de los que no las recibieron. Por el contrario, ocurrieron complicaciones postoperatorias en el 59% de los pacientes que tenían la certeza de serles aplicadas oraciones intercesoras c), en comparación al 52% de los que no tenían certeza de recibirlas a).

Dos son las conclusiones de los autores: la primera, que las oraciones intercesoras ofrecidas por extraños al paciente no tienen efecto sobre un recuperación postoperatoria libre de complicaciones tras una operación de by-pass coronario; la segunda, que en los pacientes que tienen por cierto que le serán aplicadas oraciones intercesoras se observa un número más elevado de complicaciones, hallazgo difícil de explicar, en opinión de los autores.

El equipo investigador concluye que los resultados de su estudio (cuyo coste ha sido de 2,4 millones de dólares) no invalidan la extendida creencia de que las oraciones privadas o familiares influyen positivamente en la recuperación de una enfermedad, ya que sólo se han intentado valorar las oraciones intercesoras aplicadas por extraños, sin haberse planteado otras cuestiones religiosas más radicales, tales como la ausencia o el silencio de Dios.

Otros autores, sin embargo, ya han opinado que el resultado del estudio plantea la cuestión de si la oración es realmente un tema apropiado para un estudio científico. Para Richard Sloan, profesor de la Universidad de Columbia, estudiar científicamente el fenómeno religioso es “hacer mala ciencia y mala religión”.