Espalda

"Lo más fuerte que hay en el mundo es el dolor", escribía Paul Valèry a su amigo André Gide. Imagen: Thinkstock.

“La más simple colegiala, cuando se enamora
dispone de Shakespeare o de Keats
para expresar sus turbaciones.
Pero dejad a un hombre que padece
intentar describir a un médico
sus dolores de cabeza
y el lenguaje huye…”

Virginia Woolf en On being ill.
Collected Essays, Hogarth Press,
Londres, 1967

Aunque el dolor es, hasta cierto punto, inefable, y que ante su presencia el lenguaje directo huye, y se convierte en lenguaje metafórico, me parece sin duda útil analizar las palabras y las metáforas que suelen utilizar los pacientes, y los médicos, para describir las cualidades del dolor que aquellos sufren. Así pueden clasificarse:

a) Palabras que describen cualidades sensoriales, como tiempo, espacio corporal donde asienta, presión y temperatura.

1. Cuando se habla del tiempo en relación con el dolor, se hace referencia no sólo a la duración de este dolor (el tiempo transcurrido desde el comienzo hasta el fin del episodio doloroso) sino también a si durante este episodio el dolor es continuo o intermitente, como es el caso cuando aparece y desaparece totalmente, una y otra vez. También puede referirse a las variaciones en la intensidad del dolor durante el tiempo que dura: si el dolor es de intensidad débil, aunque mantenida, se habla de dolor sordo , entendido como “apagado” y poco “sonoro”; por el contrario, se dice que es un dolor fulgurante cuando es intenso y de aparición brusca, y se califica de dolor pulsátil cuando su intensidad varía muy significativamente de intensidad, en brevísimos periodos de tiempo, elevándose y descendiendo con un ritmo vivo.

La extraordinaria creación literaria de Paul Valéry, Monsieur Teste, es el personaje que de forma más austera pero más profunda ha sido capaz de narrar (tal como ha señalado Jan Starobinski) el tempo evolutivo de su dolor:
“El dolor es algo muy musical, casi podemos hablar de él en términos de música. Hay dolores graves y agudos, pasajes en andante o furioso, notas prolongadas, calderones, arpegios, progresiones, bruscos silencios”.

2. Cuando se habla del espacio corporal en relación con el dolor se hace referencia, en primer lugar, a la localización del dolor en dicho espacio, sea única o con localizaciones secundarias, así como al trayecto o itinerario seguido por el dolor, a partir de la localización inicial.

También Paul Valéry, que padecía neuralgias pertinaces, describió así la geografia de su dolor: Siento zonas de dolor, anillos, polos, crestas de dolor; esa geografía de mi sufrimiento“.

Cabe incluir en esta relación del dolor con el espacio corporal al dolor irradiado por dicho espacio a partir de su foco inicial (dolor precordial irradiado al brazo izquierdo en la angina de pecho), al dolor referido desde el lugar donde asienta el foco primario a otro lugar del espacio corporal (dolor en el hombro en la irritación del diafragma), y al dolor sentido como penetración en el espacio corporal.

3. El dolor puede expresarse también como presión aplicada sobre un punto del espacio corporal: en estos casos se habla de dolor penetrante , perforante o punzante, “como si fuera” causado por una penetración “limpia”, sin desgarros, o puede sentirse como presión que desgarra los tejidos orgánicos, como una presión desgarrante (el lenguaje médico que “traduce” al paciente, habla entonces de dolor lancinante o dolor mordiente). El dolor puede sentirse como una presión aplicada sobre una zona extensa del espacio corporal, expresado “como un peso” ( dolor gravativo u opresión ), o como una presión que aprieta circunferencialmente, una presión constrictiva (en este caso el lenguaje médico habla de un dolor constrictivo , que rodea metafóricamente como una anilla la zona corporal en la que es sentido).

4. El dolor puede describirse con palabras que se refieren a una dimensión térmica de la experiencia dolorosa, expresada como si se hubiera producido un intensísimo aumento local de la temperatura en los tejidos del área anatómica donde se localiza: es el dolor sentido “como una quemadura ” o “como si me quemaran” (en estos casos el lenguaje médico lo traduce como dolor quemante o dolor urente).

b) Palabras que describen cualidades afectivas del dolor, como tensión psíquica, manifestaciones vegetativas, miedo o castigo

1. Cuando el dolor afecta al estado psíquico del que lo sufre éste puede decir: “el dolor me tiene en tensión“, “el dolor que sufro es fatigante“, “el dolor me hace estar en un grito“.

2. Cuando el dolor provoca manifestaciones vegetativas que afectan al sistema digestivo el paciente puede decir: “el dolor es tan fuerte que me ha llegado a provocar náuseas“.

3. El dolor puede ser tan mortificante que el paciente lo describa con una sensación de miedo: “el dolor es terrorífico, terrible, espeluznante, me atormenta”.

“Lo más fuerte que hay en el mundo es el dolor”, escribía Paul Valèry a su amigo André Gide, mientras que, en otro lugar, añadía: “el hombre sólo tiene que tener miedo de sí mismo, de su capacidad para soportar el dolor”.

4. Algunos pacientes pueden describir el dolor que sufren como un castigo: “el dolor es cruel, torturante”.

En todo caso, el lenguaje del dolor muestra una clara tendencia a expresarse con metáforas. Dos son los tipos de metáforas predominantes:

a) En unas metáforas, el dolor es descrito como si, en ausencia de una causa externa real, fuera un agente externo (un arma o un animal ) el que hubiera penetrado en el espacio corporal: el espacio corporal habría sido “apuñalado”, “perforado”, “penetrado”, “mordido”, y el dolor es calificado de “como una puñalada”, “punzante”, “perforante”, “penetrante” o “como su fuera un mordisco”. En ocasiones el supuesto agente externo causante del dolor ha sido descrito como un monstruo que extiende sus garras por el cuerpo dolorido:

La periodista Ruth Picardie, en su libro Antes del adiós (Galaxia Gutenberg, 2000) que es una autobiografía de su lucha contra un invasivo cáncer de mama ensamblada a partir de sus columnas semanales en el dominical del Observer y de los e-mail con sus amigos, escribe:
“Querida Carrie. La esperanza está comenzando a desvanecerse, ante lo que parecen metástasis óseas… Tengo dolor en el esternón, lo que sugiere que el monstruo se ha extendido.”

La imagen de múltiples agentes externos como responsables del dolor (una serie de clavos incrustados casi definitivamente en el espacio corporal, como causantes del insoportable dolor crónico provocado por su “columna rota”), fue expresada pictóricamente por Frida Khalo.

b) En otras metáforas se hace referencia a una presunta lesión corporal, presentada como si estuviera asociada a la sensación de dolor. El dolor es descrito, por ejemplo, como si se tratara de las consecuencias de una “quemadura” en los tejidos orgánicos. Así, al referirse a la causalgia (un dolor neuropático), Weir Mitchell y C.R. Morehouse (1864) decían, según cuenta Leriche en su “Cirugía del dolor”, “haber observado con frecuencia en la Guerra de Secesión norteamericana, a heridos en los miembros quejarse de intensos dolores que comparaban a una quemadura, a la acción de un sinapismo muy caliente o al efecto de una lima al rojo vivo que horadaba sus tejidos.”. El dolor subjetivo es comparado metafóricamente a un agente externo con temperatura excesiva.

Tanto la metáfora del arma agresora (real o imaginada) como la de la lesión (real o imaginada) son utilizadas como medios de expresar la sensación de dolor: “un dolor como una puñalada” en el primer tipo de metáfora y un “dolor como una quemadura” en el segundo.