Blog de Cristóbal Pera

Artículos publicados en mayo 2006

Cintura

Imagen: Thinkstock.

“Medirse la cintura con una cinta métrica
puede ser mejor método para evaluar
los futuros riesgos en su salud
derivados del sobrepeso y la obesidad
que la báscula del cuarto de baño”.
(Anthony Barnett,
Universidad de Birmingham. 2003)

La palabra cintura (del latín cinctura, derivada del verbo cingo, con el significado de ceñir, acción entendida como ajustar una prenda de vestir a la parte más estrecha del cuerpo entre las últimas costillas y las caderas) se ha convertido en palabra memética y, por lo tanto, mediática, llena de apelaciones y significados, no sólo en el lenguaje médico, sino en el social y político.

Por una parte, desde el punto de vista médico, medir la cintura, es decir su circunferencia, en los individuos con sobrepeso y obesidad, se ha demostrado que es mejor factor predictor para evaluar el riesgo de desarrollar complicaciones como la enfermedad cardiovascular y la diabetes tipo 2 que la determinación del índice de la masa corporal. La circunferencia de la cintura es un índice antropométrico de la grasa acumulada en la pared y en el interior de la cavidad abdominal.

Agenda del paciente

La agenda del paciente es “una relación de los temas que han de tratarse en una reunión“. Imagen: Thinkstock.

Probablemente la tarea más importante
del médico en su consultorio es descubrir
porqué el paciente ha acudido
y qué es lo que desea

(McKinley RK, MiddletonJF. 1999)

En un artículo publicado online en el British Medical Journal, J.F. Middleton y colaboradores se proponen valorar el efecto que sobre la eficiencia de la consulta y la satisfacción del paciente, tras su entrevista con el médico, pueda tener el hecho de que dicho paciente, inmediatamente antes de la consulta, escriba una breve lista de las cuestiones y preocupaciones que desea plantear al médico, lista calificada como la agenda del paciente, en cuanto que, al fin y al cabo, es “una relación de los temas que han de tratarse en una reunión“.

Atletismo

Los cuerpos exigidos al límite han de correr más rápido (citius), saltar más alto (altius) o desarrollar más fuerza (fortius) para desplazar un objeto o inmovilizar al rival. Imagen: Thinkstock.

“Aquiles ofreció una crátera de plata labrada,
como premio en honor del difunto amigo,
al que fuese más veloz en
correr con los pies ligeros”
(Homero)

El pasado viernes 12 de Mayo, en una reunión atlética celebrada en Doha (Qatar), el norteamericano Justin Gatlin, 24 años, 1,85 metros de altura y 79 kilos, batió el record del mundo en la prueba reina de los 100 metros lisos: el cronómetro marcó 9,76 segundos, una centésima menos que el tiempo de record mundial marcado en el mes de Junio del 2005 por el jamaicano Asafa Powell.

Sexo y género

El género de un cuerpo (su identidad de género) puede definirse como la representación, más o menos convincente, que hace un cuerpo de uno de los dos roles sociales: masculinidad o feminidad. Imagen: Thinkstock.

“El género es un concepto desarrollado
como contestación a la naturalización
de las diferencias sexuales”.
(Donna Haraway, 1992)

El sexo de un cuerpo humano (su identidad sexual) entendido como la diferencia que los otros cuerpos perciben en él desde un punto de vista anatómico y biológico, es un status social basado en la apariencia genital; incluso el sexo del feto se anuncia a los padres mediante el examen de esta apariencia en la imagen ecográfica. Para definir hoy esta identidad sexual son utilizados, según las circunstancias, datos procedentes de otros niveles biológicos: cromosomas, gónadas, genitales internos y externos, secreciones hormonales y mamas. Los cuerpos humanos, según estos datos biológicos y anatómicos, pueden ser varones o hembras y, en raros casos, intersexuales o hermafroditas.

Mirada médica y tecnología

El desarrollo de las tecnologías diagnósticas que permiten obtener imágenes de la interioridad del cuerpo bajo la piel, sin abrirlo, ha convertido al cuerpo vivo en un espacio físico casi transparente para la mirada médica. Imagen: Thinkstock.

He aquí los titulares (el primero con una carga excesiva de sensacionalismo) de dos noticias aparecidas en las últimas semanas en el diario El País: “Tenía un tumor pero en el hospital creyeron que estaba loco y murió” y “Una mujer, indemnizada por ser tratada por depresión cuando tenía un tumor“.

En ambos relatos la trama había sido similar: en el interior del espacio corporal de cada uno de ambos pacientes (un hombre mayor y una mujer joven) había crecido silenciosamente una masa extraña, un ” tumor benigno (como pudo comprobarse al final de las dos historias) que provocaba, al condicionar un “conflicto de espacio” en la repleta área anatómica donde se expandía lentamente, unos síntomas para los cuales, quienes se ocuparon de realizar la entrevista y la historia clínica, así como las repetidas exploraciones con finalidad diagnóstica, no consiguieron detectar (con las técnicas diagnósticas complementarias que indicaron y se llevaron a cabo) anormalidades orgánicas que pudieron explicarlos.

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