Agenda del paciente

La agenda del paciente es “una relación de los temas que han de tratarse en una reunión“. Imagen: Thinkstock.

Probablemente la tarea más importante
del médico en su consultorio es descubrir
porqué el paciente ha acudido
y qué es lo que desea

(McKinley RK, MiddletonJF. 1999)

En un artículo publicado online en el British Medical Journal, J.F. Middleton y colaboradores se proponen valorar el efecto que sobre la eficiencia de la consulta y la satisfacción del paciente, tras su entrevista con el médico, pueda tener el hecho de que dicho paciente, inmediatamente antes de la consulta, escriba una breve lista de las cuestiones y preocupaciones que desea plantear al médico, lista calificada como la agenda del paciente, en cuanto que, al fin y al cabo, es “una relación de los temas que han de tratarse en una reunión“.

Y es que la relación entre el paciente y su médico (la que se inaugura con la primera cita acordada entre ambos y la consiguiente entrevista ) posee, o debe poseer, una estructura fundamentalmente narrativa.

Desde el primer encuentro entre ambos todo el tiempo que ha de transcurrir, entre las iniciales e inseguras palabras del paciente a su médico , como contestación a las primeras preguntas de éste (“¿Qué le pasa?, ¿Cuál es su problema?”) y sus palabras finales, al dar por finalizada la asistencia prestada, con hospitalización si hubiera sido necesario, antes de darle el alta, o citarle para una posterior revisión, todo ese tiempo está lleno de narraciones e historias, orales y escritas.

La relación entre ambos comienza, pues, con el paciente intentado contar su historia. El paciente narra cómo percibe su padecimiento y cuales son sus preocupaciones o temores, mientras que el médico lo mira (observando gestos y expresiones faciales), lo escucha, y toma notas de lo que está escuchando. A partir de estas notas el médico escribirá enseguida otra narración, la suya, que es la que se constituye en el núcleo de la historia clínica del paciente.

Cuando el paciente relata su historia aplica una incipiente técnica narrativa a la que pretende dotar, desde su punto de vista, de significado y de coherencia. Una vez que ha comenzado su relato ante el médico, y si éste no sólo le ha permitido expresarse con libertad, al menos inicialmente, sino que ha estimulado su narración, comienzan a entrecruzarse (de manera que debiera ser interactiva, y no dominante por parte del médico) dos narrativas distintas, las cuales saltan a uno y otro lado del hiato espacial y emocional que existe entre ambos en el escenario de la entrevista: la narración oral que hace el paciente de su historia (interrumpida con preguntas y re-preguntas del médico a modo de un diálogo en el que predominan las interrogaciones del médico) y la historia que va hilvanando y termina por escribir el médico (la historia clínica) construida, con lenguaje biomédico, acoplando fragmentos de información aportados por el paciente en su personal historia y, en un paso posterior, añadiendo los síntomas y los signos de enfermedad que ha podido leer en el cuerpo presuntamente enfermo.

Pero sucede, bastante a menudo, que los médicos interrumpen o “redirigen” la narración o discurso inicial del paciente, acerca de sus molestias y preocupaciones, lo que hace que, a partir de este momento, dicha narración pueda quedar truncada; la consecuencia es, en estos casos, un relato incompleto del paciente con la consiguiente pérdida de oportunidades para llegar a una mejor compresión de problema o problemas planteados en la entrevista.

Las conclusiones del muy reciente estudio de J.K Middleton, realizado en 976 pacientes reclutados en 46 consultorios de medicina general del Reino Unido, son que los médicos identifican más problemas en las entrevistas con sus pacientes, y que éstos se muestran más satisfechos de su relación con el médico, cuando se aplica como instrumento facilitador de la entrevista médica la agenda del paciente, aunque el tiempo dedicado a la consulta se alarga.

Una visión narrativa de la Medicina, lo que viene a ser, en último término, una Medicina centrada en el paciente, no se aleja, en absoluto, de la introducción de las más avanzadas ciencias biomédicas en la práctica de la Medicina; no es una actitud romántica o retórica dispuesta a ceder en la exigencia científica, cuando estamos en plena Medicina basada en evidencias. Por el contrario, una visión narrativa añade, a las enormes potencialidades científicas y técnicas de la Medicina del siglo XXI, una actitud alejada de toda prepotencia en la atención a los pacientes, a los que escucha con atención, una actitud compasiva, al tiempo que procura introducir los puntos de vista de estos pacientes en las decisiones que aconseja tomar con respecto a su enfermedad. Esta visión narrativa de la relación paciente/médico, que tiene sus fundamentos en las palabras de ambos, esta visión al fin y al cabo humana, también reconoce que, “ineludiblemente, las más duraderas historias biológicas de los seres humanos -todos ellos vulnerables, deteriorables y caducables- se mueven, con o sin atención médica, entre el nacimiento y la muerte”.