Cintura

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“Medirse la cintura con una cinta métrica
puede ser mejor método para evaluar
los futuros riesgos en su salud
derivados del sobrepeso y la obesidad
que la báscula del cuarto de baño”.
(Anthony Barnett,
Universidad de Birmingham. 2003)

La palabra cintura (del latín cinctura, derivada del verbo cingo, con el significado de ceñir, acción entendida como ajustar una prenda de vestir a la parte más estrecha del cuerpo entre las últimas costillas y las caderas) se ha convertido en palabra memética y, por lo tanto, mediática, llena de apelaciones y significados, no sólo en el lenguaje médico, sino en el social y político.

Por una parte, desde el punto de vista médico, medir la cintura, es decir su circunferencia, en los individuos con sobrepeso y obesidad, se ha demostrado que es mejor factor predictor para evaluar el riesgo de desarrollar complicaciones como la enfermedad cardiovascular y la diabetes tipo 2 que la determinación del índice de la masa corporal. La circunferencia de la cintura es un índice antropométrico de la grasa acumulada en la pared y en el interior de la cavidad abdominal.

Las investigaciones más recientes apuntan a que las células que contienen la grasa (adipocitos) que se acumula en la cavidad abdominal son especialmente activas en la secreción de proteínas y de hormonas, y que es ésta sobreproducción la que puede aumentar la resistencia a la acción de la insulina en los tejidos (lo que conduce a la diabetes tipo 2), el incremento del colesterol en la sangre (hipercolesterolemia) y la subida de la presión sanguínea (hipertensión arterial); esta peligrosa situación para la salud del organismo se conoce como síndrome metabólico.

En los hombres, una cintura de 94 cm se considera correcta, mientras que una cintura entre 94-101 es ya señal de un riesgo elevado; cuando la circunferencia medida entre las últimas costillas y las caderas alcanza los 102 cm (con una figura corporal conocida como “beer gut” o “barriga de cerveza”) el riesgo de enfermedad cardiovascular y diabetes tipo 2 es muy elevado. En las mujeres, una cintura que mide 80 cm se considera normal, en tanto que una cintura cuya circunferencia se encuentra entre los 80 y 87 cms implica un riesgo elevado de enfermedad cardiovascular y diabetes tipo 2.

En definitica, desde el punto de vista de la Medicina preventiva conviene tener poca cintura, lo que quiere decir objetivamente, que la circunferencia corporal, medida a nivel de la cintura, no sobrepase los 94 centímetros en los hombres y los 80 en la mujer. Cuando se sobrepasan estas cifras, la cintura, como estrechamiento, se desvanece.

Por otra parte, en el encendido y sentencioso lenguaje político de nuestros días, la “esencia de la democracia” ha sido muy recientemente comparada a tener cintura, expresión que en el Diccionario de la RAE se equipara al dicho tener mano izquierda, con el significado de “habilidad o astucia para manejarse o resolver situaciones difíciles”.

Si en el lenguaje taurino la cintura de un torero se hace patente cuando, suficientemente estrecha su circunferencia, torsiona estéticamente el torso sobre las caderas y, con la muleta (sobre todo en su mano izquierda) esquiva, domina, templa y vacía la embestida del toro, en el lenguaje social y político la recomendación de tener cintura tiene poco que ver (aunque no deje ser recomendable) con la real circunferencia corporal medida a nivel de la cintura del individuo del que se habla (poca o mucha circunferencia), sino con su capacidad para sortear impávido el riesgo mientras pisa terrenos muy peligrosos, confiando en su presunta habilidad para (si hacemos uso del lenguaje taurino) “cambiar la muleta de mano en el último momento y evitar el embroque y la cogida”.