“Los monstruos son cosas que aparecen
fuera del curso de la Naturaleza
(con mucha frecuencia son signos
que amenazan desgracias)
como un niño que nace
con un solo brazo,
otro con dos cabezas
y miembros de más”
(Ambroise Paré, Des Monstres et Prodigues)

Regina y Renata pertenecen a un tipo de gemelas siamesas conocido como “Ischiopagus Tetrapus” (del griego “ischio” por “cadera” y “pagus” con el significado de estar “unido” o “fijado”, y “tetrapus” con el significado de “feto con cuatro pies”). Dentro de la rareza general de los gemelos cuyos cuerpos nacen acoplados, éste tipo es uno de los más raros y complejos, ya que la separación quirúrgica implica a muchos órganos compartidos: hígado, intestino, sistema urinario, sistema reproductor, sistema vascular y sistema musculoesquelético.

El gran cirujano francés Ambroise Paré (1510-1590), cuya aportación empírica al tratamiento de las heridas ha sido fundamental en la historia de la Cirugía, (Pera, C. El cuerpo herido. Un diccionario filosófico de la Cirugía. Ed. Acantilado, Barcelona, 2003) incluyó a los gemelos acoplados entre los monstruos y los prodigios en su famoso libro titulado Des Monstres, Des Prodiges, Des Voyages (Au Livre Club du Libraire, Paris, 1964), libro en el que, junto con ingenuos pero demostrativos dibujos de algunas variantes de gemelos acoplados, enumeraba trece causas de estas monstruosidades: la primera y la segunda eran la gloria y la ira de Dios, la tercera la excesiva cantidad de semen, la séptima la forma indecente de sentarse de la madre con las piernas cruzadas, estado embarazada, la novena las enfermedades hereditarias o accidentales, y la última, los demonios y los diablos.

Durante el siglo XIX los gemelos acoplados fueron usados y abusados como objetos para el espectáculo circense, acentuando hiperbólicamente su carácter anómalo y monstruoso, como transgresión de la naturaleza, mientras que, ya en pleno siglo XXI, la complicada, precisa y exitosa separación corporal llevada a cabo el pasado día 14 de Junio, en un hospital infantil de Los Angeles, Estados Unidos, se convierte en un espectáculo mediático en el que se ponen de manifiesto los avances de las técnicas quirúrgicas, de la anestesiología y de los cuidados intensivos postoperatorios.

Pero, por encima de hechos tan impactantes e inmediatos, hay algo más profundo que les atañe a las personas incorporadas en estos cuerpos gemelos acoplados físicamente. Conocidos como gemelos siameses, a partir de la famosa historia de los hermanos Eng y Chang Bunker, nacidos en el antiguo Siam, ambos espacios corporales, originados a partir de un único óvulo, no han logrado alcanzar, durante su desarrollo intrauterino, la completa individualidad de sus geografías corporales, por lo que, al no llegar a buen puerto la separación total entre ambas mitades del óvulo, persisten conexiones, más o menos extensas y profundas, entre ambos cuerpos gemelares, bajo las cuales comparten (en mayor o menor grado) determinados territorios orgánicos. En los gemelos siameses lo que se pierde es la individualidad de cada espacio corporal, tanto en el terreno de lo íntimo como el terreno de lo social (Pera.C. Pensar desde el cuerpo. Ensayo sobre la corporeidad humana, Cap. 2. La intimidad del cuerpo, Ed. Triacastela, 2006).

En pleno siglo XXI, dadas las grandes posibilidades de la reconstrucción quirúrgica, la discusión sobre si los gemelos siameses son anomalía o monstruosidad es mucho menos relevante . ¿Son equivalentes ambos términos? Anomalía (del griego an- omalos) sería lo irregular, lo insólito, lo desacostumbrado. Para I. Geoffroy Saint.Hilaire, la monstruosidad sería una especie del género anomalía. En este sentido, las monstruosidades (“cosas extraordinarias, fuera del orden regular”) serían anomalías muy complejas, muy graves, que hacen imposible o muy difícil cumplir una o varias funciones, o que producen en los individuos afectos una conformación viciosa muy diferente de la que presenta habitualmente la especie. (George Canguilhem, Le normal et le pathologique, Quadrige, PUF, 1999).

Los gemelos siameses son, a primera vista, cuerpos grotescos que expresan una semiología ambivalente, al mismo tiempo risible y horrorosa, cómica y monstruosa. En el siglo XIX los cuerpos grotescos, cuerpos distorsionados y desfigurados que estaban fuera de la norma (gigantes, enanos, casi esqueletos vivos y obesos monstruosos) eran exhibidos, convertidos en mercancías, en museos itinerantes y en circos. Para muchos de los espectadores de estos deprimentes exhibiciones, la autoestima perdida, si alguna vez la tuvieron, se recuperaba o se aliviaba contemplando la desdicha de aquellos “cuerpos grotescos” (C. Pera. Pensar desde el cuerpo. Ensayo sobre la corporeidad del cuerpo humano. Cap. 4. Cuerpos distorsionados y desfigurados: lo grotesco y lo “freak” en la cultura actual. Ed. Triacastela,2006).

En los gemelos acoplados (como paradigma la dramática historia de los gemelos siameses Chang y Eng Bunker, que los calificaron para siempre) la anexión a la geografía del “otro” condiciona la imposición de una vida íntima compartida hasta el extremo, así como el despliegue, en el espacio público, de las vidas ridículas de dos espacios personales físicamente inseparables, sometidos forzadamente a los movimientos del espacio del “otro” ; una vida en la que el territorio de la privacidad corporal es necesariamente compartido por ambos cuerpos gemelares, y también por los cuerpos que se asocien íntimamente a uno de ellos. Lo íntimo califica a los actos que se relacionan inmediatamente con la velada superficie del cuerpo, así como con los espacios privados en los que se procura la ocultación de todo aquello que se considera perteneciente a la intimidad [partes, prendas, relaciones íntimas].Una vida compartida por gemelos siameses (como fue la vida de Chang y Eng Bunker) es una vida sin intimidad.