Adversidad

Las circunstancias ambientales adversas son causa de enfermedad. Imagen: Thinkstock.

“Yo soy yo y mi circunstancia,
y si no la salvo a ella
no me salvo yo”
(Ortega y Gasset J.
Meditaciones del Quijote, 1914)

Un Informe titulado “Ambientes Saludables y Prevención de las Enfermedades“, dado a conocer el pasado 16 de Junio por la Organización Mundial de la Salud, considera que el 24% de la carga de enfermedades que soporta la humanidad puede ser atribuida a circunstancias ambientales adversas que podrían ser corregidas, con las apropiadas medidas de prevención. En esta carga de morbilidad mundial figuran las enfermedades diarreicas, las infecciones respiratorias, el paludismo y algunos traumatismos accidentales.

Son los países clasificados eufemísticamente en vías de desarrollo los que soportan una carga desproporcionadamente elevada de enfermedades asociadas a factores ambientales adversos . De las enfermedades transmisibles y de los traumatismos accidentales, relacionados ambos con factores ambientales adversos, modificables por una apropiada política sanitaria, el número total de años de vida sana perdidos por habitante en los países en vías de desarrollo es 15 veces superior al de los países desarrollados: concretamente, el porcentaje de enfermedades diarreicas y de infecciones respiratorias relacionadas con un medio ambiente adverso es entre 120 y 150 veces superior.

Por el contrario, en los países desarrollados las cifras de años de vida sana perdidos por habitante a causa de enfermedades cardiovasculares es 7 veces mayor que en los países en vías de desarrollo, y la tasa de cáncer 4 veces mayor (dietas no saludables e inactividad física como principales factores implicados). Estos son algunos de los hechos fundamentales dados a conocer por la Organización Mundial de la Salud en su Informe.

Una interpretación de la “circunstancia” del yo (incluida por Ortega en su memética frase) como “entorno ecológico y social del ser humano”, fue traída a colación hace un año (02/05/05) en un excelente blog “estratégico”.

Sin entrar, porque no es ni el lugar ni el momento, en el análisis de todo lo que Ortega entendía como “circunstancia” (“vida individual, lo inmediato, la circunstancia, son diversos nombres para una misma cosa; aquellas porciones de la vida de las que no se ha extraído todo el espíritu que encierran, el logos”) no debe olvidarse que en el párrafo que precede a la citada frase, escribía: “La ciencia biológica más reciente estudia el organismo vivo como una unidad compuesta de cuerpo y su medio particular, de modo que el proceso vital no consiste sólo en una adaptación del cuerpo al medio, sino también en la adaptación del medio con el cuerpo“.

El “medio interno” del espacio corporal humano se encuentra inmerso en el “medio ambiente” que le rodea, al que necesita para vivir y convivir. Los cuerpos humanos, como espacios biológicos con historia e identidad personal, más o menos vulnerables a las agresiones que proceden de su medio ambiente, deteriorables por el uso y el abuso y, desde luego, caducables, tienen, de acuerdo con la eficiencia con la que conviven con su circunstancia ambiental, una esperanza de vida, media o estadística. (Pera.C. Pensar desde el cuerpo. Ensayo sobre la corporeidad humana. Ed. Triacastela, 2006).

Cuando las diferentes circunstancias del entorno que le rodean, en el transcurso de sus trabajos y sus días, son claramente adversas (sobre todo cuando coinciden la fragilidad del “medio interno”, emaciado por la pobreza y el hambre, con la agresividad de un “medio ambiente”, esquilmado por la codicia], la suma de las agresiones dirigidas contra la integridad psicobiológica del cuerpo humano, y su acelerado deterioro, condicionan la “pérdida de años de potencial vida sana” y/o la “muerte prematura“.

Si los seres humanos no sólo no son capaces de “salvar sus circunstancias ambientales” porque no son ayudados, si no que se estimula la destrucción de dichas circunstancias, su vulnerabilidad y su deterioro se acentuarán y se acelerarán, por lo que, a la larga, la aniquilación de la biosfera, tanto global, como comunitaria e individual, es el inicio del camino de la perdición. Porque la naturaleza que le rodea es la gran “casa del hombre y de la mujer” (ecología es “el estudio de la casa” –oikos-), un espacio vital que forma parte de las circunstancias con las que necesita ineludiblemente convivir.

La conclusión del Informe de la OMS es tajante: Las estrategias de salud pública y preventiva que estudian la posibilidad de llevar a cabo intervenciones sanitarias que modifiquen el deteriorado medio ambiente son muy importantes: son eficientes (en cuanto a la relación coste/beneficio) y contribuyen al bienestar general de las comunidades humanas.