Consulta ginecológica

La intimidad del cuerpo presupone una previa ocultación de su superficie. Imagen: Thinkstock.

“Cuerpo, lo oculto,
el encubierto, fondo
de la germinación…”

(José Ángel Valente,
El fulgor, XV,
Círculo de Lectores,1998)

La exploración ginecológica habitual a través de un instrumento denominado espéculo introducido en la vagina, implica habitualmente una postura en la que se mantiene la separación de las extremidades inferiores mediante la colocación de ambas, a nivel de las corvas, en dos dispositivos conocidos como perneras. Sin duda, esta postura, aparte de su incomodidad física, derivada de la forzada inmovilización, suscita en la mujer una sensación de vulnerabilidad y de pérdida de su control corporal ante la mirada médica.

Investigadores del Departamento de Medicina Familiar y Comunitaria del Eisenhower Army Medical Center, en Fort Gordon, Georgia, EEUU han tratado de averiguar si una postura alternativa para la exploración ginecológica, en la que la mujer mantiene separadas voluntariamente las extremidades inferiores, sin estar constreñidas en sus movimientos por el uso de perneras, reduciría no solo la incomodidad física de la paciente sino el sentimiento de vulnerabilidad, e incrementaría la sensación de autocontrol corporal ante la mirada médica. La conclusión de los autores ha sido que con esta postura alternativa se reduce significativamente el sentimiento de vulnerabilidad y, en conjunto, el estrés asociado a la introducción del espéculo en las mujeres que han de ser sometidas a una exploración ginecológica, por lo que recomiendan que se les ofrezca la oportunidad de ser exploradas en una mesa ginecológica sin perneras.

¿Qué diferencias existen entre la exploración ginecológica con la separación forzada de las extremidades inferiores mediante medios de contención mecánicos y la separación voluntaria? En el primer escenario del encuentro paciente/médico, la mujer se siente vulnerable porque se encuentra físicamente constreñida, mientras que en el segundo, mantiene voluntariamente su postura ante la mirada médica y tiene la sensación de que dispone de su control corporal.

Durante siglos (dependiendo del contexto cultural del tiempo y del lugar) la geografía corporal ha estado en gran parte “oculta” a la mirada médica. Dos han sido, en la historia de la Medicina, las causas de esta persistente “ocultación” del cuerpo ante la mirada médica: por una parte, el discurso teórico dominante que minimizaba la importancia de su exploración y, por otra, el sentimiento de pudor o vergüenza ante el propio cuerpo desnudo, como resultado de un largo proceso de construcción social y cultural (Pera,C. Pensar desde el cuerpo. Ensayo sobre la corporeidad humana, Ed. Triacastela, 2006).

La intimidad del cuerpo presupone una previa ocultación de su superficie; la proporción entre lo “ocultado” y lo “desvelado”, así como la superficie de la propia intimidad accesible a otros cuerpos, es una construcción social, cultural y, en último término, personal. La necesidad de exhibir ante otro cuerpo lo que se inscribe culturalmente en el territorio de lo que “debe ser ocultado”, provoca el sentimiento de pudor.

Lo que se ha considerado culturalmente como “lo íntimo” de un cuerpo ante la mirada médica, las áreas cuya exposición ha tratado de ser evitada por vergüenza o pudor, corresponden paradójicamente a lo más “externo”, a la geografía de la corporeidad, y no a sus entrañas; es ésta superficie corporal, con sus entrantes y salientes (y con los orificios que conducen a sus profundidades) aquella superficie que se oculta a los otros cuerpos, la que debe ser expuestas, en determinadas circunstancias, a la mirada médica.

Un curioso acomodo entre la necesidad de la exploración corporal de uno de sus orificios “ocultos” y un intenso sentimiento de pudor se representa en una de las láminas de un libro sobre partos publicado en 1840 (Maygrier J.P. Nouvelles demostrations d´acouchements -”Nuevas demostraciones de partos”- Béchet et Labé, Paris) en la que el médico, con levita, rodilla en tierra, introduce sus manos bajo la larga falda para explorar a la mujer, en posición de pie, con su mirada desviada del médico y sus brazos cruzados en una recatada actitud (Pera,C. Pensar desde el cuerpo. Ensayo sobre la corporeidad humana, Ed. Triacastela, 2006).