Violencia en espacios públicos.

Mientras más violencia menos actividad física. Imagen: Thinkstock.

“..mis à la porte, hors de l´ être de la
maison, circonstance où s´accumulent
l´hostilité des hommes et l´hostilité de l´univers.”
(Gastón Bachelard)

Pensar el cuerpo humano desde su espacialidad conduce a la reflexión sobre las consecuencias de su presencia en los espacios vacíos del mundo en los que el espacio corporal habita (o podría habitar si no le fuera impedido por los otros cuerpos); unos espacios muy variados en su extensión y en sus condiciones de habitabilidad, aunque su disponibilidad sea muy escasa.

Por una parte, la casa, como espacio privado e íntimo, el espacio habitado, “nuestro rincón en el mundo” y “el no-yo que protege al yo”, tan magistralmente analizado en sus aspectos psicológicos por Gastón Bachelard en su libro “La poétique de l´espace” (“La poétique de l´éspace, Quadrige PUF, 2001), del que existe un versión en castellano (“La poética del espacio“, traducción de la poetisa española Ernestina de Champourcin, Fondo de Cultura Económica, México, 1975) y por otra, los espacios que circundan a la casa, aptos, por su mayor extensión, para el movimiento cotidiano del vivir comunitario, y para la aglomeración circunstancial de numerosos cuerpos.

Son éstos los espacios del escenario urbano (calles y plazas, espacios verdes) espacios para actividad económica (tiendas, mercados, grandes superficies), espacios institucionales (asiento, representación y dominios del poder), los espacios religiosos, y los espacios festivos y deportivos; la suma de todos estos espacios sería el espacio social.

Pero a pesar de la abundancia de espacios presuntamente vacíos en el mundo, los espacios sociales son, en la práctica, extraordinariamente escasos para la mayoría de los cuerpos ya que, bajo la doble presión del poder político y del poder económico, han sido convertidos en mercancía costosa y socialmente discriminante (Pera, C. Pensar desde el cuerpo. Ensayo sobre la corporeidad humana. Editorial Triacastela, 2006).

Dos artículos publicados en el Journal of Epidemiology and Community Health del mes de Julio se ocupan precisamente de los espacios que rodean al espacio íntimo, del espacio exterior frente al espacio interior, de “la dialéctica entre lo de fuera –espacio verde urbano, naturaleza, paisaje– y lo de dentro -la casa como refugio, protección y defensa-”, si utilizamos la expresiva fórmula de Gaston Bachelard; ambos artículos con especial referencia a la influencia de las condiciones del espacio exterior (saludable, seguro y atractivo) sobre el bienestar físico, mental y social de los habitantes del espacio interior.

En el primer artículo se analiza la fuerza de la relación entre la cantidad de espacio verde de una comunidad residencial, urbana o rural, y el estado de salud (bienestar físico, mental y social) percibido por sus residentes. El estudio, realizado en Holanda, sobre una población de 250.000 personas, demuestra que el porcentaje de espacio verde disponible para una comunidad de residentes (espacio verde urbano, espacio agrícola y espacio verde natural) muestra una relación significativa con el estado de salud percibido por los residentes. Esta relación es aún más fuerte en jóvenes y ancianos. La conclusión de los autores es que el espacio verde es mucho más que un lujo y que, en consecuencia, el diseño de un espacio verde debe ser prioritario en la planificación de toda nueva comunidad de residentes.

En el segundo artículo, se investiga en Noruega la relación entre el nivel de violencia detectado en los espacios públicos que rodean a una vecindad e incluso el simple miedo a la violencia en estos espacios y la actividad física de las personas ancianas que allí habitan. Hasta ahora dicha actividad física había sido considerada como una función del estado de salud.

El estudio, en el que han participado 3.499 residentes en Oslo con edades de 75/76 años, ha demostrado que la salud corporal estaba claramente asociada con la actividad física y que en los hombres dicha actividad física se asocia con el nivel de violencia detectado en los espacios públicos de la vecindad: mientras más violencia menos actividad física. En las mujeres, bastaba el miedo a la violencia en el espacio exterior para reducir su actividad física.

Tanto en unos como en otros, la casa (como muy limitado espacio interior) era el refugio frente a la hostilidad del espacio exterior que constreñía a sus residentes y limitaba su actividad física.

Las implicaciones políticas de estos resultados son evidentes para sus autores: los esfuerzos para reducir el nivel de violencia en los espacios públicos que rodean a comunidades residenciales conducirán probablemente a un incremento de la actividad física en los ancianos.