Carlos V

La gota de Carlos V incluso le impedía escribir de su propia mano. Imagen: Thinkstock.

“La gota le maltrata y corre a menudo por todos
miembros y junturas …de su cuerpo”
(“Memorial de Francisco Duarte, 1553,
en Henry Kamen, Felipe de España,
Ed. Siglo XXI, 1997)

La gota es una enfermedad sistémica, cuyo trasfondo es una alteración en el metabolismo del ácido úrico, que es un producto final, desechable, del metabolismo de las purinas, listo para ser eliminado por la orina. El exceso de ácido úrico acumulado en la sangre (hiperuricemia) termina depositándose en los tejidos orgánicos en forma de microcristales, con preferencia en las articulaciones y bajo la piel, donde forma tumoraciones denominadas tofos. Los depósitos de cristales de ácido úrico en los tejidos (concretamemente urato monosódico) inducen inflamación en las articulaciones (artritis gotosa), erosionan los huesos a nivel de la juntura articular, y provocan intenso dolor durante las crisis agudas de la enfermedad.

En la Europa en la que vivió e imperó Carlos V de Alemania y I de España (1516-1556), una Europa que transitaba tumultuosamente de la Edad Media a la Edad Moderna, entre alianzas inestables, continuas guerras, y la miseria de la mayoría de sus habitantes, la gota era una enfermedad que aquejaba a muchos personajes relevantes de la época (Erasmo de Rotterdam -1446-1536-, el gran humanista, padeció la enfermedad, y, un siglo más tarde, Thomas Sydenham -1624-1689-, el gran médico inglés, autor de un clásico Tratado sobre la Gota), por lo general, consumidores compulsivos de carnes rojas y bebidas alcohólicas, y de vida sedentaria.

Carlos V, que ejerció un gran poder en su tiempo, como Emperador del Sacro Romano Imperio, padecía una gota invalidante, según el diagnóstico clínico de la época, que “devastaba su organismo”; incluso cuando, después de haber abdicado, vivía retirado en el monasterio de Yuste, “comía con insaciable apetito” (Henry Kamen, Felipe de España, Siglo veintiuno editores, 3ª edición, 1997).

Ahora, al cabo de 448 años de su muerte, acaecida en 1558, en el monasterio de Yuste, un grupo multidisciplinario de investigadores del Instituto de Investigaciones Biomédicas August Pi i Sunyer de la Universidad de Barcelona y del Hospital Clinic, dirigido por Pedro L. Fernández, un reputado científico, experto en patología molecular, personalmente interesado en desvelar la patología que, en su día, padecieron célebres personajes históricos (la llamada paleopatología), gracias a la oportunidad de disponer, para su examen, de la falange distal de un dedo meñique desprendido del cuerpo momificado del emperador, ha “cerrado” su historia clínica al lograr la confirmación histológica y bioquímica del diagnóstico históricamente sospechado mediante la tecnología del siglo XXI: Carlos V de Alemania y I de España, padecía una gota grave y muy incapacitante que incluso no le permitía escribir de propia mano.

El proceso que ha conducido a este diagnóstico definitivo ha sido publicado en la muy prestigiosa revista The New England Journal of Medicine (NEJM 355:5, August 3, 2006, pag 516-520), con gran repercusión mediática. Las secuencias son éstas: En el curso del traslado del cuerpo momificado del emperador, desde Yuste donde falleció en 1558, al Escorial en 1574, una parte de un dedo meñique se desprendió, y fue guardada en la sacristía del Real Monasterio, en estuche de terciopelo, bajo la custodia del Patrimonio Nacional. La propuesta, presentada a dicha institución por uno de los autores del trabajo, de estudiar el momificado dedo meñique del emperador, con el objetivo de confirmar, con los métodos actuales, el diagnóstico de gota, fue aceptada. El plan de investigación diseñado ha incluido estudios radiográficos previos, rehidratación de la pieza, inclusión en parafina, cortes seriados, reacciones específicas para identificar la presencia de las sales de ácido úrico cristalizadas, y examen con microscopio electrónico.

Los estudios radiográficos demostraron extensas erosiones en la epífisis ósea de la falange terminal, signos indirectos de gota. En el área ósea erosionada se demostraron microcristales correspondientes a los depósitos de sales de ácido úrico, signos directos de una enfermedad gotosa.

Los autores aventuran que fue la extraordinaria extensión y gravedad de su gota, con la creciente incapacidad física (además de los graves problemas políticos originados por su doble sucesión como emperador del Sacro imperio romano, y como rey de España) un factor muy importante en su decisión de abdicar.

El hecho de que este trabajo haya sido publicado en una revista con tan exigentes criterios científicos como The New England Journal of Medicine, pone de manifiesto que frente al radical cientifismo de los conversos a una Biomedicina totalmente ajena a la Cultura como aventura personal, el trabajo de Pedro L. Fernández y colaboradores es una muestra de los brillantes resultados que pueden obtenerse cuando se combina el dominio de una exigente metodología científica con la curiosidad intelectual y la pretensión humanística.