Escuela y pupitres

El pupitre se diseñó a finales del siglo XIX. Imagen: Thinkstock.

Para aprender,
¿es realmente necesario
sentar en pupitres a los niños?
(James Levine, Mayo Clinic)

La promoción de la actividad física es clave en la prevención del sobrepeso y de la obesidad infantiles y, de modo llamativo, en los Estados Unidos, donde el exceso de peso está alcanzando niveles de epidemia. Un paso más en esta promoción ha sido dado con la radical propuesta de un modelo de aulas sin pupitres en las que los alumnos no se sientan, sino que permanecen en pie ante podios sobre los que colocan sus ordenadores portátiles y pasean mientras manejan sus iPods de los que descargan abundante información audiovisual, especialmente preparada para su aprendizaje. Este nuevo concepto de aula propugna que el alumno se mueva libremente, mientras aprende en un espacio digital.

El pupitre (vocablo procedente del francés pupitre, a su vez derivado de latín púlpito, con el significado de tarima, tribuna o cátedra) es un artefacto escolar diseñado a finales del siglo XIX como un mueble híbrido que incorpora una mesa, de tapa inclinada, con un asiento, y ha sido, en la concepción tradicional del aprendizaje en la escuela, un instrumento disciplinario. El pupitre escolar reparte a los alumnos en el espacio cerrado del aula (“a cada individuo su lugar y a cada lugar un individuo”), los inmoviliza sentados y controla sus actividades físicas (se requería permiso para aliviar las necesidades), los empareja de la manera más conveniente para el mantenimiento de la disciplina, evita la formación de grupos espontáneos, controla estrictamente el empleo del tiempo a golpe de campana, y les hace mirar al frente, en una sola dirección, hacia la tarima donde está situado el profesor y la pizarra (Foucault, M. Surveiller et punir. Naissance de la prison, NRF Ed. Gallimard, 1975)

Algunas normas elaboradas por conocidos pedagogos de finales del siglo XIX, como Pedro García de Alcántara (1842-1906), en las que se pormenoriza cómo debe ser construido este pupitre tradicional son una clara muestra de la definición de la disciplina como “la anatomía política del detalle” (M.Foucault): “por motivos de limpieza y de disciplina, las mesas pupitres no deben tener cajón alguno, y en su lugar, a una cierta distancia, una tabla al descubierto para colocar los libros, cuadernos, etc., de modo que permita la constante inspección del maestro” (García, Pedro de Alcántara, Compendio de pedagogía teórico-práctica, en Biblioteca virtual Cervantes, www.cervantesvirtual.com).

Y es que en el modelo tradicional de educación, el profesor, sobre una tarima al frente del aula parcelada en pupitres inamovibles en los que están sentados los alumnos, era el único emisor de la información, por lo demás bastante ajeno a lo que ocurría en el complejo proceso del aprendizaje de cada alumno, considerado como un simple receptor (Pera,C. Cultura y educación, JANO, Mayo 2006, nº 1.607)

Aunque el tradicional pupitre escolar ha ido evolucionando durante el siglo XX, al introducir en su diseño conceptos ergonómicos y nuevas tecnologías de la construcción, del mismo modo que el modelo tradicional de educación ha evolucionado hacia un nuevo modelo en el que el proceso del aprendizaje tiene, o debe tener, más peso que la enseñanza, su uso como artefacto pedagógico implica la posición sedente del alumno y el bloqueo de su actividad física en el espacio cerrado del aula, durante el tiempo que duran las clases.

Porque no hay que olvidar que junto al gasto de energía provocado por la actividad física con ejercicios programados específicamente, debe tenerse en cuenta, para mantener el equilibrio entre aporte y gasto energético, a esa otra actividad física no relacionada con el ejercicio programado y sí con las actividades físicas necesarias para el vivir de cada día.

Estas actividades distintas del ejercicio físico con propósito, designadas por las siglas NEAT (por Non-Exercise Activity Thermogenesis), vienen siendo motivo de investigación por un equipo de endocrinólogos y nutricionistas de la Clínica Mayo, dirigidos por el Dr. James Levine, en colaboración con las Escuelas públicas de Rochester, Minnesota. El argumento de Levine es que las NEAT pueden jugar un papel importante en el gasto total de energía si se prodigan conscientemente, en lugar de optar por el sedentarismo a ultranza: el gasto energético por la actividad física no relacionada con el ejercicio programado (NEAT) supone tan solo un 15% del gasto energético total en los individuos sedentarios, mientras que en las personas muy activas sobrepasa el 50%.

Sobre la premisa de la importancia de la actividad física ocupacional no programada específicamente (NEAT) en la prevención del sobrepeso en los niños, James Levine y sus colaboradores, en colaboración con Apple Computers, han iniciado un programa que conduzca al diseño de un nuevo modelo de aula, desprovista de los clásicos pupitres con asiento incorporado o libre, en el que, por el contrario, los niños permanecen de pie junto a simples pupitres asentados en columnas o podios movilizables, y caminan de un lado para otro, en una actitud dinámica y saludable, en medio de una tecnología digital e inalámbrica, a través de la cual han de buscar la información, cuya lectura crítica debe ser estimulada y coordinada por el profesor.

El difícil reto sigue siendo sustituir el tradicional espacio disciplinario de las aulas, físicamente cerrado y coercitivo, pero en los últimos tiempos básicamente inoperante, por una autodisciplina asumida por los alumnos en un espacio abierto, basada en el aprendizaje, en la familia y en la escuela, de los valores indispensables para la convivencia.