Ojo lágrima

Un síndrome debe ser entendido como la combinación de aquellos signos y síntomas que se hacen aparentes al inicio y en la evolución de una o de varias enfermedades. Imagen: Thinkstock.

“La tarea del médico consiste en dilucidar
y comprender la historia contada por el paciente
para que la historia clínica sea un conjunto
que integre los dos puntos de vista,
el del paciente y el del médico,
una historia biopsicosocial en la que
se incluyen los componentes
biológico, psicológico y social de su vida”.
(Cristóbal Pera)

La búsqueda y el mantenimiento del triple bienestar (tanto físico como mental y social), una conjunción por la que se aboga en el modelo biopsicosocial de la práctica médica, es un concepto estrechamente relacionado con la moderna visión, ampliada e integrada, de la salud. Desde esta perspectiva, la pérdida del estado de salud conduce a lo que podemos denominar, en primera instancia, estado de malestar, en el que participan y se integran sus tres componentes (físico, mental y social) con mayor o menor predominancia de uno de ellos.

En este contexto, un síndrome debe ser entendido como la combinación de aquellos signos y síntomas que se hacen aparentes al inicio y en la evolución de una o de varias enfermedades cuya causas (etiologías) son ya conocidas (y que permiten iniciar el camino que conduzca a su diagnóstico y tratamiento) o bien como toda aquella peculiar combinación sintomática (síndrome a secas), cuya causa es desconocida. El síndrome, sin más, sería una enfermedad cuya causa específica es desconocida, hasta el momento.

El síndrome del intestino irritable es un ejemplo, muy frecuente hoy, de esta distinción terminológica y conceptual entre enfermedad y síndrome. De un síndrome caracterizado por dolor abdominal cólico, ruidos intestinales, flatulencia, distensión abdominal, diarrea y/o estreñimiento, como expresión de trastornos en la sensibilidad y en la motilidad del intestino (de modo especial en el intestino grueso, de donde proviene la denominación alternativa de colon irritable) se han ido desgajando históricamente enfermedades como la colitis ulcerosa y la enfermedad de Crohn (incluidas hoy en las llamadas enfermedades inflamatorias intestinales).

Hubo un tiempo, sin embargo, a principios del siglo XX, en el que el síndrome descrito fue calificado sin más como “colitis”, un simple diagnóstico clínico, ante el cual el médico combinaba los síntomas intestinales con una presunta sintomatología histérica. Un diagnóstico puesto de moda, en París primero y en Roma después, por el médico, psiquiatra y escritor sueco Axel Munthe, autor de un libro de gran éxito en su tiempo, La historia de San Michel (1929), una obra autobiográfica de estilo muy personal, en la que, en otras disgresiones históricas, ecológicas y místicas, se incluyen abundantes datos acerca de su exitosa práctica médica privada con una clientela acaudalada, snob y preferentemente femenina. Varios capítulos de estas memorias están dedicados al famoso Jean Martin Charcot, a cuyas famosas sesiones de sugestión histérica en el hospital La Pitié- Salpêtriére, en Paris, asistió durante algún tiempo el propio Munthe (Munthe, Axel, The Story of San Michele, Carrol,Graft Publisher, 2002). Más tarde, gracias, según se dice, a su rentable práctica privada, en gran parte fundamentada en su famosa “colitis”, Axel Munthe hizo construir en la isla de Capri, sobre los restos de una villa del emperador Tiberio, su residencia de San Michele, hoy una institución cultural del Gobierno sueco, en la que vivió retirado, durante más de cincuenta años, antes de regresar definitivamente a Suecia.

Es muy probable que el sustrato del síndrome del intestino irritable se encuentre en alteraciones del eje neuroendocrino entre el cerebro y el intestino, cuya función es modular tanto la sensibilidad visceral como la intensidad de las contracciones de la musculatura lisa intestinal, un eje especialmente sensible a determinados alimentos y a los estados de estrés.

En este sentido, el síndrome del intestino irritable sería un ejemplo más de uno de esos estados de malestar, de límites imprecisos y de origen biopsicosocial, como la fibromialgia (un 50% de pacientes con fibromialgia tienen un s índrome de intestino irritable ), el síndrome de la fatiga crónica, (con migraña e insomnio), la ansiedad y la depresión, estados que, en este mundo en el que se imponen los estilos de vida excesivamente competitivos, apresurados y estresantes, en el que se ha perdido el verdadero significado del ocio, como espacio temporal realmente libre dedicado al enriquecimiento personal, pueden conjugarse para degradar el deseado bienestar físico, mental y social en la vida atribulada de un estado de fatiga prolongada, cuando supera a los seis meses de duración, caracterizado por una fatiga irreductible con el descanso, los dolores erráticos sobre el espacio corporal, la falta de concentración mental y la irritabilidad para con los otros.