Retrete

Imagen: Thinkstock.

“La esperanza de vida se ha incrementado
de manera llamativa en aquella parte
de la humanidad que vive hoy
en los países ricos.
Una de las fuerzas más poderosas
de este cambio ha sido
la separación del agua
de los excrementos humanos”.
Naciones Unidas

Según afirma el Human Development Report 2006 recién publicado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (UNDP) bajo el título Más allá de la pobreza : Poder, pobreza y la crisis global del agua(“Beyond Poverty: Power, Poverty and the Global Water Crisis“) más de 2.500 millones de personas no disponen de un lugar apropiado y decente para hacer sus deposiciones, en tanto que más de 1.000 millones beben o cocinan con agua contaminada por heces humanas o animales. Cada año, casi 1.8 millones de niños mueren a causa de diarreas (4.900 cada día) y de otras enfermedades relacionadas por el agua contaminada por el desastroso tratamiento de los excrementos humanos.

En las áreas rurales de Asia y de África, la gente “hace sus necesidades” en los patios traseros de sus casas, en pleno campo o junto a los arroyos. En Kibera, un barrio marginal de Nairobi, Kenia, sus habitantes defecan en bolsas de plástico que después arrojan en las calles, una costumbre conocida como “the flying toilet” (“el retrete volante”). En Dharavi, un gran barrio marginal de Mumbai, India, se dispone de un retrete o letrina para 1.440 personas.

Lo llamativo es, como subraya Kevin Watkins, director y autor principal del Informe, que el grave problema sanitario que implica el tratamiento apropiado y seguro de los contaminantes excrementos humanos, no figure de manera explícita, y en el lugar prominente que le es debido por su importancia, para el bienestar humano, en la mayoría de los programas de los partidos políticos que se presentan a elecciones, ni en las agendas de los gobiernos. La razón es (afirma Watkins) que todos los aspectos que se refieren a los excrementos humanos y a su adecuado tratamiento, afectados por un viejo tabú, son recibidos por los políticos como si fuesen “invitados indeseables a su mesa”.

Toda una larga serie de eufemismos y de circunloquios ha proliferado alrededor del ineludible hecho fisiológico de la defecación cotidiana, y sus consecuencias ambientales, todas ellas para eludir pronunciar su nombre. En el Tesoro de la Lengua castellana o española, de Sebastián de Covarrubias, editado por Martín de Riquer, Barcelona, 1943, se dice:
Cagar es una de las palabras que se han de excusar, aunque sea por la decencia. De ahí se dijo cagatorio y por nombre más honesto latrina”.

En este sentido, el término administrativo y técnico saneamiento (sanitation en inglés) es el genérico eufemismo en el que se incluyen actualmente, entre otras muchas, las medidas sociales y sanitarias destinadas a proporcionar a la población espacios íntimos dotados de artefactos apropiados en los que llevar a cabo sus “necesidades” (otro tradicional eufemismo) y eliminarlas de inmediato con procedimientos higiénicos que eviten la contaminación del agua, que después han de beber.

A los artefactos diseñados específicamente para funcionar como receptáculos de las deposiciones humanas (modificados progresivamente, a lo largo de los años, hasta cumplir también con la función de su eliminación casi simultánea) se les nombra con frecuencia, de modo indirecto, por el lugar, íntimo y retirado, dentro del espacio de la casa (retrete, cuarto de baño o baño, aseo) en el que se esconden quienes los utilizan (de donde excusado, derivado de “escuso” ,escondido). Hacerlo a escondidas forma parte de los comportamientos humanos, mientras que lo propio del arte que juega con la provocación (Luis Buñuel en “El discreto encanto de la burguesía“, y Calixto Bieito en su versión del Baile de Máscaras de Verdi) es exhibir públicamente a los personajes obscenamente “sentados” como si tal cosa, sobre los dichosos artefactos, en situaciones habituales en su vida cotidiana (alrededor de una mesa de comedor o en la peluquería).

Cuando “el lugar donde expurgamos el vientre” está situado fuera de la casa suele ser llamado letrina (derivado del latín lavatrina, el baño privado de los romanos), construido a modo de un pozo al aire libre “donde se echan las inmundicias” ( Tesoro de la Lengua castellana o española ).

También se nombra a estos artefactos (genéricamente llamados “sanitarios“, otro muy forzado eufemismo) por lo más característico de aquel diseño que supuso un avance fundamental en la eliminación higiénica de excrementos humanos (el “water–closet”), como water a secas, o con las siglas WC, o incluso como inodoro, en referencia a una de las ventajas del diseño de su desagüe como un sifón, lo que permite mantener una barrera de agua contra el ascenso de los malos olores.

En la India, una ONG privada, la Sulahh International Social Service Organization , fundada por el Dr. Bindeshwar Pathak, dedicada a promover el saneamiento, ha construido miles de retretes públicos y más de un millón de letrinas privadas, a un coste de 10 dólares cada una, en más de 1.000 ciudades. Las autoridades locales pagan el coste de la construcción de los retretes públicos, mientras que el precio pagado por los usuarios es de unos 2 centavos, aunque el acceso es gratuito para los niños, los discapacitados y los pobres de solemnidad. Paralelamente bajo los auspicios del Dr. Pathak, se ha construido y organizado cerca de Nueva Dehli, un museo dedicado a la historia del retrete.

La crisis global del agua y su polución humana, estrechamente relacionada con la ausencia de un mínimo sistema de saneamiento en enormes espacios del globo donde malviven, inmersos en la más absoluta pobreza, innumerables seres humanos, en especial mujeres y niños, no encuentra hueco en los titulares mediáticos; se afirma con contundencia en el Informe de las Naciones Unidas: es una crisis silenciosa que sufren los más pobres de la Tierra, y que es tolerada por aquellos que disponen de recursos, de tecnología y del poder político para solucionarla.