Padre y bebé

Hablamos de paternidad en su sentido más amplio, no sólo como biológica (el padre como progenitor), también como no biológica (el padre como tutor). Imagen: Thinkstock.

¿Cómo afectan las diferentes formas de
paternidad a la salud de los hombres?

¿Qué influencias, tanto positivas como negativas, pueden derivarse del hecho de ser o hacer de padre (en cualquiera de los variados contextos familiares de la sociedad de nuestro tiempo) sobre el estado de salud de quienes representan socialmente dicho rol?

Un artículo publicado en la sección de “Comentarios” del Journal of American Medical Association trata de encontrar respuestas para dicha pregunta.

La paternidad (fatherhood) es entendida en este artículo, en su sentido más amplio, no sólo como la paternidad biológica (el padre como progenitor), sino la paternidad no biológica (el padre como tutor) de muy diversa naturaleza contractual, en la que se incluyen todas las relaciones paterno-filiales existentes hoy en la sociedad occidental, basadas en el modelo del padre adoptivo: solteros, casados, viudos, divorciados y parejas de hecho, tanto heterosexuales como homosexuales.

Desde la concepción biopsicosocial de la enfermedad, y del estado de salud como la dinámica y equilibrada conjunción de un triple bienestar (físico, mental y social), parece evidente que se ha prestado escasa atención, tanto en el contexto médico como en el social, a los efectos físicos y mentales, tanto positivos como negativos, que las siempre complejas relaciones paterno-filiales pueden provocar en la salud de quienes ejercen la paternidad, con sus nuevos roles dentro de los llamativos cambios socioculturales, algunos muy alejados de la imagen estereotipada de la familia tradicional.

La relación padre/hijo es asimétrica, muy dinámica y de doble dirección, ya que no sólo la conducta del padre puede afectar a la salud del hijo, sino también la del hijo a la salud del padre, sobre todo cuando, a lo largo de los años, el continuo intercambio, emocional/racional, adquiere carácter de confrontación.

Tres son las vías por las que pueden transcurrir los efectos, positivos o negativos, sobre el estado de salud de quienes son o hacen de padres:

1- En primer lugar, y dentro de los efectos positivos, es evidente que la mera irrupción de un hijo en la vida de un hombre que asume la paternidad puede ser (además de nuevos motivos para su actividad física, exigida por los cuidados que necesita) fuente de un estado de bienestar y de felicidad. Pero también la presencia de hijos puede generar efectos negativos en la salud del que asume el papel de padre, si le genera graves dificultades para conseguir los adicionales recursos económicos necesarios para sus cuidados, si tiene dificultades en armonizar su trabajo con las exigencias de la vida familiar con hijos, o si le crea un sentimiento de culpa cuando, por lo motivos que sean, ha de vivir alejado de sus hijos.

2- En segundo lugar, las exigencias económicas y emocionales derivadas de la paternidad pueden afectar a las relaciones entre el padre y su pareja, lo que puede inducir indirectamente efectos negativos sobre su estado de salud.

3- En tercer lugar, los problemas de salud que aquejan a los hijos suelen tener efectos negativos sobre el estado de salud del padre. Las familias con hijos que sufren una enfermedad crónica suelen tener índices más elevados de desempleo, de desavenencias matrimoniales y de divorcios.

El mensaje práctico que emerge de estas reflexiones es bastante claro: cuando se trata de evaluar la salud de un hombre, desde la perspectiva del modelo interactivo biopsicosocial, el médico debe considerar siempre a la paternidad (tanto biológica como no biológica) como un componente importante, con influencias positivas y/o negativas, sobre el estado de salud.

Ser padre o hacer de padre cambia la vida de un hombre, e incluso es posible que condicione cambios a nivel cerebral. En una investigación realizada en la Universidad de Princeton, Yevgenia Kozorovitskiy y colaboradores, trabajando en el laboratorio con el Tití, un pequeño primate de 20 cm de longitud (género Callithrix) cuyos machos, como los padres humanos, ayudan muy activamente a cuidar a sus crías, han demostrado, por primera vez, que en aquellos monos que son padres aumenta la densidad de las espinas en las dendritas (prolongaciones arborizadas del protoplasma de una célula nerviosa) en las neuronas piramidales de la corteza prefrontal, cuando se comparan las imágenes con las de los monos que no son padres. Curiosamente, es la misma área cerebral que se activa en los padres humanos cuando se les muestran imágenes de sus hijos.