Hombre echando la siesta

La RAE define la siesta como “sueño que se toma después de comer” o “echarse a dormir después de comer”. Imagen: Thinkstock.

“Sestear: Reposar a la sombra
a la hora de sexta
que es el mediodía”

(Sebastián de Covarrubias,
Tesoro de la Lengua castellana o española,
Barcelona, 1943)

“Siesta-Time is in the Genes”
(Justin Blau,
Laboratory of Genetics
Rockefeller University
Nueva York)

En un estudio realizado conjuntamente en las universidades de Atenas y Harvard se llega a la conclusión de que, en hombres aparentemente sanos, una interrupción del trabajo con una breve siesta reduce, a largo plazo, el riesgo de muerte por enfermedad coronaria.

La siesta se define en el Diccionario de la Lengua Españolade la RAE (edición 22ª, año 2001) como “sueño que se toma después de comer” o “echarse a dormir después de comer”. Bastantes años antes, el Diccionario General etimológico de la Lengua española de Roque Barcia (Seix editor. Barcelona, 1880) había definido a la siesta como “el tiempo después de mediodía en que aprieta más el calor” y “el sueño que se toma después de comer”. Pero siesta es palabra universal, introducida en muchos idiomas (el Diccionario de Oxford la define como “reposo al mediodía habitual en los países calurosos”) ahora incluso en el lenguaje científico. La siesta, además, es palabra que se encuentra incrustada con frecuencia en los poemas que evocan el luminoso y caluroso sur:

“No es la luz quebrada en oros
por el encaje de ramas
sobre la siesta profunda
del arrayán y la malva…”

(Joaquin Romero Murube. Jardin, en Canción del amante andaluz, Ed. Miracle, Barcelona)

Las palabras claves en estas definiciones de la siesta sonmediodía (la hora sexta romana), calorcomer y, como corolario, dormir; combinándolas se pueden reconstruir fácilmente, dentro de la cultura y el estilo de vida de los pueblos de la ribera mediterránea y, de modo especial en el sur de España, la costumbre de la siesta, tal como ha prevalecido durante siglos hasta nuestros días, aunque el predominio del apresurado estilo de vida occidental, incluida la organización de la jornada laboral, haya reducido muy ampliamente su uso entre la población, limitado a niños muy pequeños y ancianos, salvo la distendida siesta del verano, en vacaciones.

La valoración social de la costumbre de la siesta española, sobre todo en las versiones costumbristas que de ella ofrecieron en sus relatos los visitantes extranjeros, ha sido casi siempre bastante negativa, asociada a las ideas e imágenes de una predominante tendencia popular a la pereza y a la holgazanería.

Pero es lo cierto que en las dos o tres últimas décadas lasiesta (un hecho cultural hasta ahora globalmente menospreciado) está siendo objeto de creciente atención no solo desde la investigación científica de sus bases biológicas, sino también de la evaluación de sus beneficios para la salud.

En los animales, la necesidad de comer, dormir y de emigrar estacionalmente, así como la división (mitosis) y proliferación de las células que los constituyen, están bajo el control de numerosos relojes biológicos, cuyas oscilaciones moleculares marcan, integrada e interactivamente, el ritmo de sus trabajos y sus días (ritmo circadiano). El ciclo sueño/vigilia, un proceso circadiano que se desarrolla a lo largo de las 24 horas del día, y que organiza el sueño y lavigilia en relación con la noche y el día, con la oscuridad y la luz, se encuentra bajo el control de un reloj situado en elhipotálamo (un grupo de núcleos neuronales situados en la base del cerebro, en relación con el suelo y las paredes del tercer ventrículo, que ejerce el control de las actividades viscerales, del equilibrio hídrico, de la temperatura corporal, entre otras funciones).

Los fundamentos biológicos que explican la relación entre una comida copiosa y la tendencia al sueño (uno de los hechos determinantes de la necesidad de la clásica siesta) se van haciendo, poco a poco, evidentes: Una mínima proteína que transmite mensajes entre las neuronas (es decir unneurotransmisor) conocida como orexina (en griego, “orexis” significa “apetito”) es expresada por unas neuronas situadas en el hipotálamo (neuronas de la orexina), las cuales, no sólo son vitales para el control del estado de conciencia, dentro del ciclo sueño/vigilia, sino también del apetito (de acuerdo con los niveles de energía disponible por el organismo) así como de los circuitos cerebrales que promueven lasrecompensas, implicados éstos en los mecanismos de adicción a las drogas.

Pues bien, investigadores de las universidades de Manchester, Oxford, Liverpool y la danesa Aarhus, han podido demostrar recientemente (Junio 2006) el mecanismo mediante el cual es inhibida la actividad eléctrica de las neuronas de la orexina , responsables de promover y mantener el estado de vigilia (la pérdida de estas neuronas provoca un estado de sueño continuo o narcolepsia), cuando, entre las comidas, se elevan en la sangre los niveles de glucosa, con lo que disminuye elestado de vigilia y aumenta la tendencia al sueño. Comentando estos hallazgos en el Medical News Today, Aeron Haworth, de la Universidad de Manchester, escribe textualmente: “Esta investigación quizá pueda aclarar por qué nuestros amigos europeos son tan partidarios de la siesta”.

Una relación entre temperatura ambientalactividad ha sido demostrada también en el reloj biológico que tiene a su cargo el ritmo circadiano de la mosca Drosophila: las oscilaciones de las moléculas que lo constituyen, y de losgenes que las expresan, inducidas por los cambios en latemperatura, se expresan como modificaciones del ciclo vigilia/sueño, con tendencia al sueño. En este sentido cabe interpretar el comentario de Justin Blau cuando escribe que “el hallazgo de que la temperatura ambiental regula a los genes (que expresan las moléculas del reloj biológico) significa que, al menos para la Drosophila, la decisión “to take a siesta” (sic) está realmente impresa en sus genes”.

Los beneficios para la salud derivados de una breve interrupción del estado de vigilia, y su sustitución por un corto periodo de reposo y sueño (que en eso consiste lasiesta) se ponen de manifiesto no sólo en la reducción delestrés de la jornada laboral y, en consecuencia, del riesgo de padecer una enfermedad coronaria, sino también en lostrastornos del sueño que abocan a la somnolencia diurnadurante el trabajo. En este sentido, en el voluminoso Informe sobre el Sueño (“Rapport sur le theme du sommeil”)encargado por el Ministère de la Santé et des Solidarités de Francia, y dado a conocer en Diciembre del 2006, se subraya que son cada día más numerosos los datos científicos disponibles que favorecen la práctica de la siesta. En dicho informe, el profesor P. Lévy escribe: “La siesta (“sieste”), además de una práctica cultural puede ser una contramedida de gran valor para la prevención de los riesgos de la somnolencia diurna”. En consecuencia, en el citado Informeaconseja al Ministro de Salud francés crear un grupo de trabajo para experimentar acerca de la conveniencia de implantar en las empresas un tipo de siesta corta, de menos de 20 minutos de duración, en la que el individuo reposa sin alcanzar el sueño profundo.

La siesta reivindicada no es el modelo arcaico y costumbrista que, según parece, prefería Camilo J. Cela, más propicio a la prolongación de la modorra postprandial, y cuya descripción, con tres gruesas y provocadoras pinceladas, se convirtió en un exitoso meme, sino la siesta como instrumento, bien asentado en bases biológicas, y apropiado para ser introducido en un estilo de vida saludable, con el objetivo de reajustar el ciclo vigilia/sueño durante la jornada laboral.