Médico y paciente

La mirada médica sobre el cuerpo enfermo debe ser justa y compasiva. Imagen: Thinkstock.

Muchas son las intencionalidades
de la mirada del cuerpo,
como sujeto
, a las que puede ser
sometido otro cuerpo, como objeto:
la mirada masculina,
la mirada femenina,
la mirada política,
la mirada artística,
la mirada filosófica,
la mirada arquitectónica,
la mirada religiosa
y….la mirada médica.

Para la mirada médica, el cuerpo humano sigue siendo elterritorio personal de la enfermedad. Los cuerpos humanos, por el hecho de ser intrínsecamente vulnerables ydeteriorables (lo son incluso durante la organización de su genoma) soportan malformaciones, padecen enfermedades, son heridos, aquejan dolores inexplicables para la mirada médica y… sufren como personas. Por todo ello, los cuerpos humanos, más tarde o más temprano, se convierten en objetos de la mirada diagnóstica y de la pretensión terapéutica del médico, o de la penetración invasora del cirujano en su territorio corporal, convirtiéndolo en cuerpo herido, con propósito de curación o alivio.

La mirada médica debe ser un mirar el cuerpo sin prisas, con fijeza, así como un esfuerzo de entendimiento crítico de lo que sucede en la geografía de su superficie, en su interioridad anatómica y, desde luego, en su comportamiento personal. La mirada médica se contrapone al simple ver el cuerpo del paciente, como si fuera una breve ojeada confirmativa de lo que se dice en los textos.

La mirada médica observa el cuerpo que solicita su ayuda (un espécimen biológico con una historia personal allí “encarnada”) con un mirar que, siempre que sea posible, debe estar orientado, en su despliegue minucioso por la geografía corporal y por sus profundidades, por los datos revelados en la narración del paciente en su inicial petición de ayuda.

¿Qué “mira” o debe mirar la mirada médica, con su estructura plurisensorial, a la altura del siglo XXI? En primer lugar, debe mirar la mirada del propio paciente y, en segundo lugar, su espontánea expresión corporal, su comportamiento inicial. Tras el primer encuentro, en el que las miradas de ambos (paciente/médico) son protagonistas, encuentro que debe fundamentarse en una estructura narrativa configurada en ambas direcciones (la “narración” que hace el paciente de su malestar y la “historia” que escribe el médico a partir de dicha narración) la mirada médica se despliega por la geografía del cuerpo presuntamente enfermo para seleccionar después aquellos territorios de la interioridad del espacio corporal a los que, mediante la moderna potenciación tecnológica, puede convertir en “casi transparentes”.

De esta forma, el cuerpo del paciente se comporta ante lamirada médica como objeto semiótico, como un “texto” escrito con diversos lenguajes que se complementan, si son bien conjugados: sus gestos, sus palabras, su modo de moverse; en suma, la mirada médica se fija en el cuerpo del presunto enfermo como si fuera el espectador crítico de unarepresentación personal.

La mirada médica aplicada sobre el cuerpo del paciente pretende ser unamirada normalizadora: compara las características del cuerpo que mira con unos cánones denormalidad, lo pesa, lo mide, lo analiza fragmentariamente, interpreta sus hallazgos como normalesanormales, tanto en sus estructuras como en sus funciones, así como en su comportamiento personal. La mirada médica en el siglo XXIes una mirada tecnocientífica que fragmenta el cuerpo, lo desmenuza, lo despieza, lo secciona digitalmente en rodajas, hasta convertirlo en un puzzle que aprende a reconstruir.

Cuando la mirada médica normalizadora detecta que eldeterioro biológico y/o patológico de una parte u órgano del espacio corporal, compromete gravemente su estructura y su función desde el punto de vista global, hasta llegar a convertirse en un riesgo para su vida, puede eliminar quirúrgicamente a dicha parte u órgano, si es, hasta cierto punto prescindible, o sustituirla por un artefacto (unaprótesis) o incluso por el trasplante de un fragmento o de un órgano extraído de otro cuerpo. En el sentido de que el cuerpo receptor de un trasplante “consume” y se “apropia” (aunque con las dificultades que le opone su propia respuesta inmunitaria al “cuerpo extraño”) de una parte de otro cuerpo (el donante) para seguir viviendo como persona, cabe aceptar la metáfora del nuevo “orden caníbal” impuesto en la Medicina moderna, lanzada hace años por Jacques Attali.

Por otra parte, la mirada quirúrgica es una mirada médicaque en lugar de concluir su indagación con la prescripción del fármaco, en su sentido más amplio, se transforma, enmanos del cirujano, en una mirada penetrante y cruentadentro del cuerpo del paciente, en una mirada agresiva con finalidad curativa o paliativa, mediante acciones combinadas de destrucciónreconstrucción realizadas dentro delcuerpo herido.

La mirada quirúrgica también promueve (y en nuestro tiempo acepta, a veces sin la suficiente crítica, e incluso estimula en exceso) los rediseños y las repetidas restauraciones de los deterioros biológicos de la geografía corporal, que se incluyen en la omnipresente cultura de la modificación del cuerpo.

La mirada médica en el siglo XXI es hoy, también, unamirada institucional y poderosa: una mirada médica corporativa (corporaciones médicas, proveedores de asistencia sanitaria) nacionalizada (Servicios nacionales de salud) y globalizada (Organización Mundial de la Salud).

Pero, por encima de todo, la mirada médica sobre el cuerpo enfermo debe ser una mirada justa y compasiva, cuyas múltiples acciones se fundamenten, antes de proceder a suprolongación tecnológica sobre el espacio corporal, en una primordial relación narrativa entre el paciente, con su historia personal, y el médico, con su “lectura” de dicha historia.

La mirada médica, en suma, es, o debe ser, una compleja mirada que procura la salud del cuerpo (esa “salud que semanifiesta -como escribió Hans-George Gadamer- cuando escapa a nuestra atención“), una salud entendida como “un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no simplemente como la ausencia de enfermedad”.

Una mirada que debe ejercerse sobre el cuerpo del paciente desde el respeto a los cuatro principios básicos de la Bioética: Hacer el bien, no hacer el mal, procurar ser justos y respetar la autonomía del paciente.

Una mirada que debe estar fundamentada en un pacto de confianza mutua y en el respeto a la dignidad del cuerpo humano, como sujeto y objeto vulnerable, deteriorable y caducable.

(Fragmento final de la conferencia pronunciada el 27 de Marzo por el Profesor Cristóbal Pera en el I Congreso Internacional Los textos del Cuerpo, celebrado en la Universitat Autónoma de Barcelona).