Primer plano de una pistola

Frente a la generosidad extrema del amor, el resentimiento es un sentimiento de ira contenida, de indignación soterrada. Imagen: Thinkstock.

“El fuego de resentimiento
recorre nuestro mundo”

(Hannah Arendt)

Esta semana el texto que me incita a la reflexión sobre la salud y bienestar del cuerpo (desde la triple e integrada perspectiva física, mental y social) no procede de la literatura médica y/o científica, sino del ámbito mediático global: el surcoreano Cho-Seung-Hui y su masivo asesinato de 32 personas, con armas de fuego, ocurrido el 16 de Abril en el escenario de la Universidad de Virginia, en los Estados Unidos, conocida como la Virgina Tech: una vez más se hace evidente que, por desgracia, la cultura no inmuniza contra la barbarie, en este mundo invadido por la crecientepatología de la violencia.

La sinopsis de la tragedia, fríamente diseñada y realizada, se basa en un modelo ya memético: un ser humano poseído por la pasión del resentimiento, se lanza contra el mundo que le rodea y que, aparentemente, le rechaza. La moderna tecnología de los artefactos para matar, y su fácil disponibilidad en los Estados Unidos, hace posible que multiplique en pocos minutos su venganza, y la convierta en masiva, en un “baño de sangre”, antes de terminar con su vida, a la que intenta dar sentido con una representación final destinada al mundo mediático, elaborada previamente con minuciosidad, atroz en su contenido e impostada en su expresión.

Ante esta violencia, ante esta desmesura del comportamiento humano, ante tamaño abuso de la propia fuerza, con ensañamiento con las víctimas, he releído lo que ya tenía reflexionado y escrito sobre la capacidad destructiva de lapasión del resentimiento, para tejer el mínimo ensayo de todas las semanas (Pera.C. Pensar desde el cuerpo. Ensayo sobre la corporeidad humana, Ed. Triacastela, 2006): Los dos grandes polos del deseo humano son el amor y elresentimiento. Frente a la generosidad extrema del amor, elresentimiento es un sentimiento de ira contenida, de indignación soterrada, una y otra vez evocado, que acaba siendo una pasión incubada y clavada en el alma de aquel que lo padece, quien se considera víctima de un acontecimiento que percibe como injusto, por lo que se siente herido, humillado y ofendido por otro o por otros y, al mismo tiempo, impotente para descargar, por el momento, su frustración y su latente hostilidad, contra el presunto ofensor.

Con el paso del tiempo, el resentimiento, revivido repetidamente, en lugar de atenuarse se incrementa. Cuando el resentimiento no es controlado a tiempo, el resentido,espoleado por esa pasión, si encuentra por fin, tras repetidos aplazamientos, la ocasión propicia para actuar, lo hace mediante una reacción violenta.

El resentimiento puede considerarse metafóricamente como un “combustible” de elevada fuerza explosiva, que consigue una potencia inesperada para las capacidades intelectuales (por lo general mediocres) de aquellos que lo utilizan, aunque termina siendo destructivo para quienes lo utilizan como motivación vital y, desde luego, para las personas elegidas de manera aleatoria, para el cumplimiento de su venganza.

El individuo poseído por la destructiva pasión del resentimiento ha sido, en este horrible suceso, el hijo de un tintorero surcoreano, emigrante en los Estados Unidos, uncuerpo extraño en esta sociedad que, además, se ha sentido personalmente demasiado extraño. Al cuerpo extraño, sobre todo si desde el poder definidor de su “extranjería” se le detecta un elevado poder antigénico, se le destruye si es posible, y si no se transige con su asimilación mediante un calculado proceso que supone a la larga una ingestión caníbal, o se le enclaustra recubierto de una intangible cápsula que procura limitar objetivamente sus movimientos, o, como última opción, se le minimiza ignorándolo como si fuera irrelevante. Ante esta situación personal de presuntomenosprecio, Cho-Seung-Hui acusa a la sociedad que, en su opinión, lo rechaza, con una retórica fatal: “Habéis destrozado mi corazón, violado mi alma y quemado mi conciencia. Gracias a vosotros moriré como Jesucristo, como inspiración de las generaciones de los débiles e indefensos”.

En sus comportamientos, los cuerpos animales se limitan a cumplir las exigencias de su código biológico y luchan, instintiva y encarnizadamente, por el alimento necesario para sobrevivir y por la renovación de la especie con una renovada carga genética.

Por el contrario, los cuerpos humanos apalean y/o matan a otros cuerpos humanos por razones sorprendentemente distintas: por simple desprecio al extraño que penetra en su espacio vital, por entender que ha transgredido un código formal estricto, por haber violado la ley, por “pensar” de otra manera, o por resentimiento.