Pareja en una sauna

Imagen: Thinkstock.

“Hay razones para preguntarse
si la vida sería realmente mejor
si recurriéramos a la
Biotecnología
para alcanzar nuestros más
profundos deseos humanos”

(Leon R. Kass)

En un artículo publicado en The New England Journal of Medicine del 17 de Mayo, Carl Elliott, profesor del Centro de Bioética de la Universidad de Minnesota, con motivo de una reflexión sobre las confusas promesas de la Medicinagenética (“The Mixed Promise of Genetic Medicine”) vuelve a poner sobre la mesa el convertido uso de las modernasbiotecnologías del mejoramiento humano (“enhancement technologies”).

Unas biotecnologías del mejoramiento humano (entre las que incluye la cirugía cosmética, la psiconeurofarmacología y la medicina genética) utilizadas, más allá de las consabidasindicaciones terapéuticas (“beyond therapy”), con la pretensión de conseguir, desde un estado de bienestar,encontrarse mejor que bien (“better than well”): lograr una apariencia más joven a pesar del ineludible envejecimiento biológico, comportarse con mayor eficiencia en la realización de su trabajo, regular mejor sus emociones, sentirse, en suma, más feliz, más “perfecto”, logros a los que cabe añadir hoy la posibilidad de conseguir “hijos mejores” mediante la manipulación de su constitución genética.

Las biotecnologías del mejoramiento humano han sido definidas como “los procesos y productos que ofrecen las posibilidades de alterar y, hasta un cierto grado, de controlar los fenómenos de la vida, en plantas, animales no humanos y seres humanos” (Informe del Consejo de Bioética del Presidente de los Estados Unidos, presidido por L.R. Kass, bajo el expresivo título Más allá de la terapéutica. Biotecnología y la Búsqueda de la Felicidad – “Beyond Therapy. Biotechnology and the Pursuit of Happiness”, 2003).

Fue precisamente Elliott el que utilizó la expresión mejor que bien (“better than well”) en su libro “Better than well: American Medicine meets the American dream”, New York, Norton & Co., 2003 (Mejor que bien: la medicina americana satisface al sueño americano), un análisis, lúcido e irónico, del expansivo incremento de uso de las biotecnologías del mejoramiento del bienestar físico, mental y social que define, de manera algo utópica, a la salud , según la OMS.

Además de difíciles problemas bioéticos (que se hacen explícitos en la pregunta ¿es ético utilizar las tecnologías de mejoramiento para hacer que lleguemos a estar mejor que bien?) la creciente demanda y aplicación en la sociedad actual de dichas biotecnologías plantea otra importante cuestión: ¿Cuáles deben ser los límites de la Medicina en el siglo XXI? ¿Sólo curaraliviar la enfermedad? o también ¿Mejorar incesantemente (en busca de una utópica “perfección” en una sociedad muy competitiva) la aparienciadel cuerpo humano y su bienestar biopsicosocial?

La distinción entre tratamiento (“therapy”) y mejoramiento(“enhancement”), propuesta por algunos para definir los límites bioéticos, es muy confusa y poco operativa en la práctica, ya que existen amplios solapamientos entre ambos tipos de acciones, cuando son aplicadas sobre el cuerpo humano. En realidad, la conversión de un acción cuyo objetivo es el mejoramiento, a partir de un estado de bienestar (aplicación de Botox en el envejecimiento facial, por ejemplo) en algo parecido a un tratamiento, es frecuente en la práctica médica actual, una conversión acelerada por la expansión de la medicina de consumo. Los fármacos para mejorar la atención de los niños o para fortalecer la erección en los adultos, son indicaciones en las que el médico que las aplica puede albergar dudas acerca de si se trata de una verdadera y necesaria indicación médica o bien satisfacer los deseos de un consumidor.

En este sentido, no cabe duda que los problemas asociados con las biotecnologías que procuran el mejoramiento humanoestán muy relacionados con la sociedad afluente, consumista y extremadamente competitiva. Para Elliott, la preocupación por el uso indiscriminado de las modernas biotecnologías del mejoramiento no tiene su origen en las fundamentos biológicos y en los riesgos de dichas tecnologías, sino en los efectos de una aplicación indiscriminada, frívola, y demasiado entusiasta.

A fin de cuentas, la solución a todas estas dudas e incertidumbres debe basarse en la previa contestación a una pregunta simple, pero de muy difícil respuesta: ¿Quépersona queremos ser? ¿Una persona esencialmenteepigónica (C.Pera, Pensar desde el cuerpo. Ensayo sobre la corporeidad humana, Ed. Triacastela, 2006), dócil esclava de los modelos icónicos que impone mediáticamente la sociedad en la que vive, o una persona que procura labrarse a sí misma mediante la continua reflexión crítica sobre lacondición humana (vulnerabledeteriorablecaducable) y sus limitaciones?

Como ya dejamos escrito en este blog, es muy posible que laverdadera felicidad, síntesis positiva de los estados de saludbienestar que un cuerpo humano (consciente de su progresivo deterioro biológico y de su caducidad) ha vivido o está viviendo, sólo pueda ser el resultado de un lúcido equilibrio entre la realidad y el deseo, fruto de un proyecto vital en el que se busque la correspondencia entre la armonía del cuerpo y el espacio histórico concreto donde éste se desarrolla y alienta.