Luna llena

La menstruación le debe su nombre a la Luna. Imagen: Thinkstock.

“Por encima del cerco
crecen fresas
por encima del cerco
podría saltar
-si probara, lo sé-
¡las fresas son ricas!
Pero- si mancho mi delantal-
¡Dios seguramente me reprenderá¡

(Emily Dickinson)

Con fecha 22 de Mayo del 2007, la Food and Drug Administration (FDA), una agencia federal de los Estados Unidos para el control de alimentos y fármacos, ha aprobado la comercialización del anticonceptivo Lybrel®, cuyo objetivo es la supresión de la menstruación mediante su administración durante los 365 días del año.

Con esta autorización la cultura de la modificación del cuerpo (Pera, C. Pensar desde el cuerpoEnsayo sobre la corporeidad humana, Ed. Triacastela, 2006) puede dar un paso más, extendiéndose desde la geografía corporal (sobre la que está desarrollando sus esforzados proyectos de “mejoramiento del cuerpo” con la cirugía cosmética) a los dominios de la complejísima fisiología corporal, en este caso de la fisiología sexual femenina implicada en lareproducción, haciendo posible la supresión de lamenstruación, esa sanguinolenta manifestación externa que señala que un adolescente cuerpo femenino ha maduradohasta hacer posible en su seno la concepcióngestación de un nuevo ser humano.

Esa sangre que fluye un día inopinadamente, desde las entrañas del cuerpo, a través de la vagina, es el menstruo, “procedente de la matriz, que todos los meses evacuan naturalmente las mujeres y las hembras de ciertos animales, por lo que menstruar es evacuar el menstruo” tal como lo define el Diccionario de Lengua Española de la RAE, mientras que el Oxford Concise Medical Dictionary define a lamenstruación como “la descarga por la vagina de sangre y fragmentos de endometrio (la membrana mucosa que recubre interiormente el útero o matriz en la que se implanta el óvulo fertilizado, una vez que ha sido convenientemente acondicionada) a intervalos aproximados de un mes en mujeres en edad fértil.

A la Luna le debe la menstruación su nombre (de mén, mes y méne, luna, en griego, que pasa al latín como mensis, mes, ya que es un mes lunar) el tiempo que tarda este satélite en girar alrededor de la Tierra, o sea 29 días y medio (el mismo espacio temporal que separa la presentación periódica -elperiodo- de la hemorragia vaginal, cuyo origen está en elendometrio). Sin embargo, aunque el ciclo menstrual de la mujer coincide aproximadamente con el periodo lunar de traslación alrededor de la Tierra y con sus fases, cuya duración es de 29,5 días, no hay pruebas científicas de que la Luna regule su ciclo sexual o menstrual.

San Isidoro de Sevilla, en sus Etimologías (Libro XI, capítulo XII, 140-141) llama menstruo a “la sangre superflua o inútil de la mujer” y asegura que “recibe este nombre de los movimientos de la luna, en cuyo tiempo suele presentarse este fenómeno, pues la luna en griego se llama méne“. El presunto carácter contaminante de la sangre menstrual de la mujer estaba ya presente en el Antiguo Testamento ya que en el Levítico se dice que “la mujer que tiene flujo de sangre en su cuerpo permanecerá en impureza por espacio de siete días y quien la tocare será impuro hasta la tarde”. El santo y erudito hispalense explicó prolijamente este carácter contaminador de la mujer que está menstruando asegurando que “los frutos tocados con esta sangre no germinan, el mosto se agria, muere la hierba, los árboles pierden su fruto, el hierro se cubre de moho y rabian los perros que coman algo tocado con esto; y el mismo asfalto, que no se disuelve ni con agua ni con hierro, se desmorona al contacto con esta sangre”.

Para el propio cuerpo femenino la menstruación es un estado incómodo, en el que se mezclan el dolor, la sangre y las muchas inconveniencias que surgen para sus relaciones con los otros cuerpos. El enigmático poema de Emily Dickinson que inicia este ensayo (Over the fence: “Por encima del cerco”), quien, al parecer, sufría intensas crisis dolorosas pre-menstruales, ha sido interpretado como una alusión poética a la desazón que le producía la hemorragia menstrual y una conciencia de culpabilidad -”pero si mancho mi delantal Dios seguramente me reprenderá”- (Emily Dickinson,Poemas, Selección y traducción de Silvina Ocampo, Prólogo de Jorge-Luis Borges, Tusquets, 1988).

Para los cuerpos cercanos a la mujer que menstruaen las dos grandes religiones monoteístas, y en otras muchas culturas, la menstruación vino a constituirse en un tabúpoderoso y peligroso, en un estado impuro, sucio y contaminante del cuerpo de la mujer, por lo que ésta debía ser aislada y excluida temporalmente de la comunidad, para evitar que entrase en contacto con otros cuerpos y, también, con sus alimentos (Douglas, Mary, Purity and Danger, Routledge Books, Londres, 2002); un estado transitorio de exclusión en el que la mujer se sentía rehusada, no utilizable, con una mezcla de sentimientos de culpabilidad y vergüenza.

Si aceptamos el análisis que del cuerpo grotesco hizo el semiólogo ruso Mikhail Bakhtin, en su clásica obra Rabelais y su mundo, el cuerpo que menstrúa, incumple periódicamente las condiciones del “cuerpo canónico” (entre ellas el “cierre de todos su orificios”, la “ocultación de todos los signos de vida intracorporal y de sus funciones”, y la “ignorancia de toda relación con la fecundación, la gestación y el alumbramiento”) por lo que, podríamos decir que se convierte transitoriamente en un “cuerpo grotesco” (Pera, C. Pensar desde el cuerpoEnsayo sobre la corporeidad humana, Ed. Triacastela, 2006, pag. 37).

La hegemónica cultura de la modificación del cuerpo tiene en sus manos la posibilidad de seguir imponiéndose a otras milenarias construcciones culturales edificadas alrededor delhecho biológico de la menstruación femenina, a las que se ha englobado como cultura de la menstruación, en las que el cuerpo de la mujer, durante este periodo natural de su fisiología, había sido considerado como cuerpo menospreciado por impuro, contaminado, cuerpo excluido de todo contacto con los otros cuerpos y, en su caso, con su Dios.

Desde la perspectiva de la cultura feminista ( Iris Marion Young, On female body experiences, Oxford University Press, 2005) radicalmente diferente, la posibilidad biotecnológica de suprimir la menstruación liberaría a la mujer de todos los aspectos indeseables, e incluso odiosos, de esa hemorragia periódica, de esos días en los que su espacio corporal parece un “cuerpo con goteras” (“leaky body”).

La autorización en los Estados Unidos de un producto farmacéutico para suprimir la menstruación (a pesar de que no pueda evitarse “manchar” con sangre ocasionalmente) mediante la manipulación hormonal en mujeres sanas (al menos con los mismos efectos adversos ya conocidos de laanticonceptivos convencionales) será considerada por unas mujeres como un hito en su proceso de liberación personal y social, mientras que otras seguirán interpretando su “periodo” o “regla” mensual como el símbolo fundamental de su fertilidad y de su estado saludable, en lo que concierne a la actividad hormonal relacionada con su vida reproductiva.

En todo caso, la supresión de la menstruación entra de lleno en el campo de esas biotecnologías del mejoramiento humano que han sido definidas como “los procesos y productos que ofrecen las posibilidades de alterar y, hasta un cierto grado, de controlar los fenómenos de la vida, en plantas, animales no humanos y seres humanos”, unas biotecnologías cuya aplicación desborda, en muchos casos, los límites de la medicina curativa, paliativa y… compasiva (Blog. Del bienestar al “estar mejor que bien“).