Venus, de Tiziano

"Vénus et le joueur de luth", obra de Tiziano. Imagen: Thinkstock.

“Cada imagen del cuerpo humano
es evaluada integradamente en relación
a unos presuntos modelos “canónicos”
que se presentan como
paradigmas de “lo normal”…
(Pera, C. Pensar desde el cuerpo, 2006)

La obesidad, entendida como “cualidad de obeso” o “dicho de una persona excesivamente gorda” o de “abundantes carnes” (Diccionario de la Lengua Española de la RAE) es hoy, sin duda, y bajo la mirada médica, un problema para la salud que desborda los límites individuales y se ha convertido en un problema social. Desde esta perspectiva, como problema médico, la obesidad, es analizada esta semana, en su serie monográfica, en Saludlandia.com.

Pero también la obesidad, entendida primariamente como expansión y redundancia excesiva del espacio que ocupa un cuerpo humano (su espacio corporal) en el seno del espacio del mundo en el que convive con los otros cuerpos, ha sido históricamente, y sigue siendo, objeto de la mirada social y cultural.

Antes de proseguir conviene llamar la atención sobre la insuficiencia de las definiciones de obesidad y de obeso que nos ofrece el diccionario de la RAE, en las que no se hace referencia alguna al papel central que cumple el acúmulo de grasa, de modo especial en el tejido subcutáneo y entre las vísceras abdominales, mientras que se incluye la expresión equívoca “persona de abultadas carnes”, ya que la obesidadno está ligada al aumento de la masa muscular (“las carnes”) sino de la masa adiposagrasa y de las células que la constituyen, los adipocitos.

En realidad, la palabra obeso (del latín obesus, “el que ha comido mucho” del verbo ob edere, comer) no hace referencia al exceso o redundancia del espacio corporal, sino a un aumento excesivo del aporte alimentario, mientras que la palabra gordo/a , también incluida en la definición de la RAE (del latín de origen hispánico gordus, al principio con el significado de necio o simple) pasó a significar “persona que tiene muchas carnes o de abundantes carnes”. Es decir, el papel esencial que en la obesidad tiene el acumulo de grasa en el espacio corporal no aparece originariamente por ninguna parte. Sin embargo en el idioma inglés se dispone, a partir de “fat”, grasa, del sustantivo “fatness” para la obesidady del adjetivo “fatty” para calificar al individuo obeso.

La mirada médica que define de modo estadístico y normativo el sobrepeso y la obesidad, definiciones concretadas numéricamente en el aumento del índice de la masa corporal (IMC superior a 30), que tampoco tiene en cuenta, en sentido estricto, el papel central del acumulo de grasa, y su proporción en relación con los tejidos no grasos, con sus complejas consecuencias metabólicas y patológicas (aumento de la resistencia a la insulina debida a la grasa visceral, diabetes tipo 2, ateroesclerosis, enfermedad coronaria, etc.), no puede olvidarse de la mirada socioculturalaplicada en diferentes contextos históricos y con variados discursos (unos afirmativos y otros negativos) acerca de laspersonas calificadas de obesas.

Desde la perspectiva de la mirada sociocultural, no cabe duda que la obesidad es una construcción que se genera en el ámbito de una sociedad y cultura concreta, cambiante, por ejemplo, a lo largo de la historia de la cultura occidental, sin ir más lejos desde las robustas y hermosas mujeres que pintara Rubens, con sobrepesoobesas, contempladas con la mirada sociocultural de nuestro tiempo, a las mujeres con el cuerpo alto y delgado, sin redundancia alguna, como modelo icónico predominante (con excepciones culturales, sin duda) en este mundo globalizado.

Los cuerpos obesos son aquellos en los que, desde un punto de vista cultural y con arreglo a una específica normativa, la acumulación de grasa en el tejido subcutáneo, y alrededor de las vísceras abdominales, y a nivel de la circunferencia de la cintura, desbordan los límites considerados como “normales” entre su espacio corporal y el espacio vacío del mundo en el que conviven con los otros cuerpos: son considerados, en definitiva, como “cuerpos excesivos”.

Son cuerpos con una geografía corporal llena de redundancias desplazables, conformadas por el exceso de grasa, cuerpos que adquieren formas distintas (de “manzana”, de “pera”) según la localización de dichos excesos, hasta que, a veces, “el acentuado relieve de sus montañas y abismos” los convierte en cuerpos grotescos (C. Pera, Pensar desde el cuerpo. Ensayo sobre la corporeidad humana, Triacastela, Madrid, 2006).

El cuerpo obeso, al proyectar su grasa redundante en el espacio vacío que le rodea, más allá de los límites corporales normativos o hegemónicos (Jean Baudrillard, Las estrategias fatales. El obeso, Anagrama, Barcelona, 1994) se convertiría en un cuerpo abyecto (Julia Kristeva, Powers of Horror: An Essay on Abjection, New York, Columbia University Press, 1982), calificativo utilizado por la pensadora feminista para la opresión y la discriminación, un cuerpo despreciable por su fracaso en el control de la extensión de su espacio corporal, y también un cuerpo obsceno (fuera de la “escena” de la normalidad) que ha perdido el sentido del orden y de la medida.

El último paso en la larga y cambiante elaboración sociocultural de la imagen del cuerpo obeso ha sido elmenosprecio cultural y su consideración como cuerpo perezoso, pasivo, apático, indiferente, incapaz de autocontrol, sedentario, feo y nada saludable, lo que conduce a la discriminación social de las personas obesas e incluso a aquellas con sólo un sobrepeso.

Si bien la mirada médica sobre los cuerpos obesos ha puesto de manifiesto los riesgos para la salud y el bienestar del cuerpo, y para la esperanza de una vida saludable, lamedicalización excesiva de la obesidad, hasta convertirla en un mito contemporáneo (Campos, P. The Obesity Myth, Gotham Books, New York, 2004), extendido, incluso con la misma radicalidad, hasta el sobrepeso, puede provocar efectos obsesivos y nocivos para el bienestar biopsicosocialdel individuo y de la sociedad. Lo importante es que cada individuo sea educado socialmente, dentro de una cultura de la salud, para mantener de manera consciente, el equilibrio entre la actividad física y la apropiación de alimentos, dentro de su personal espacio corporal.