Violencia juvenil

La autolesión y la acción de autolesionarse se definirían mejor si se complementaran con la introducción de la palabra autoagresión. Imagen: Thinkstock.

La violencia es una desmesura
del comportamiento humano,
un abuso de la propia fuerza,
que alcanza sus mayores cotas
en el ensañamiento con
el cuerpo
de la víctima”
(Cristóbal Pera,
Pensar desde el cuerpo.
Ensayo sobre la
corporeidad humana,
Triacastela, 2006)

“Sólo hay un antídoto
para el sufrimiento mental
y éste es el dolor físico.”

(Karl Marx,
citado en Elaine Scarry,
The Body in Pain,
Oxford University Press, 1985)

En un artículo publicado en la revista Archives of Pediatrics and Adolescent Medicine se da a conocer el resultado de una encuesta sobre autolesiones en adolescentes realizada en 121 escuelas germanas: el 11% se había infligido en su propio cuerpo algún tipo de autolesión ocasional, en tanto que en el 4% la autolesión fue repetitiva.

Cinco años antes (2002), en una encuesta similar realizada en 41 escuelas de Inglaterra, y publicada en el British Medical Journal, el porcentaje de adolescentes autolesionados era del 7%, de los que el 12% necesitó asistencia hospitalaria, con predominio del sexo femenino sobre el masculino (11,2% frente al 3,2%).

El Diccionario de la Lengua Española de la RAE, como avancede su vigésima tercera edición, ha colocado online, como artículo nuevo, la palabra autolesión, con dos acepciones:
1. La acción de autolesionarse;
2. El daño físico que alguien se causa voluntariamente a sí mismo”.
También conjuga online el nuevo verbo autolesionarsedefinido como Dicho de una persona: Causarse voluntariamente un daño físico”.

La autolesión y la acción de autolesionarse se definirían mejor si se complementaran con la introducción de la palabraautoagresión, aún no considerada en el Diccionario de la RAE y, a nuestro entender, necesaria también para expresar genéricamente los importantes fenómenos biológicos que subyacen en relevantes enfermedades humanas, como las denominadas autoinmunitarias, en las que el organismo no reconoce sus propios tejidos y los ataca, los agrede, como si se tratara de cuerpos extraños. Esto es así porque la recién incorporada palabra autolesión pone sólo el acento en lalesión, es decir “el daño o detrimento corporal causado por una herida, un golpe o una enfermedad” (RAE), pero no en laacción violenta que la provoca, la agresiónes laautoagresión la que provoca la autolesión.

Si bien el colmo de una acción agresiva contra el propio cuerpo es quitarse voluntariamente la vida, o sea, el suicidio, se dan con frecuencia otras acciones autoagresivas menores, mediante las cuales el propio cuerpo se provoca lesiones en su personal espacio corporal, es decir, se autolesiona. En estas circunstancias puede decirse, con entera propiedad, queel agresor y la víctima son o comparten un solo cuerpo.

La autolesión, desde el punto de vista de sus ambiguos y oscuros propósitos, se ha definido como un acto autoagresivo mediante el cual se busca cambiar o salir de unestado de ánimo, por lo general negativo y depresivo, mediante la provocación de lesiones traumáticas, sangrantes o no, en el propio espacio corporal, sin ánimo de suicidio.

Las autolesiones más frecuentes se producen como pequeñas heridas incisasquemaduras lesiones por contusión, lanzando el propio cuerpo, o parte de él como la cabeza como ariete, contra una resistencia. No se consideranautolesiones las provocadas con el propósito primario de conseguir una gratificación sexual, la modificación o la ornamentación del propio cuerpo, así como la participación en un cruento ritual religioso.

En la autolesión, el cuerpo agresor (el que ha generado la energía cinética que ha provocado la lesión) y el cuerpo agredido, sobre cuya geografía corporal se despliegan lasautolesiones, transformado inmediatamente en víctimason el mismo cuerpo.

En un breve Diccionario de Psiquiatría editado por Masson en 1996, se introduce el término de autolesionismo, definido como “La autoprovocación voluntaria de una lesión, ya sea por suicidio frustrado, para eximirse de un deber, para imputar el daño a una causa o mecanismo falsos, sintomática de una enfermedad mental, etc.”.

Lo cierto es que la creciente frecuencia de autolesiones en laadolescencia se ha convertido, en las últimas décadas, en una de las muchas preocupaciones que atañen a esa problemática fase de la vida. Una tendencia a la autoagresiónque, sobre todo cuando la autolesión es repetitiva (y la superficie corporal se va cubriendo de extraños grafitosdibujados a base de cicatrices) suele asociarse con problemas familiaresescolaressociales que arruinan el bienestar biopsicosocial del adolescente, propiciando conductas en las que predomina la ansiedad, la depresión y la escasa autoestima, con un preocupante menosprecio del propio cuerpo, hasta asociarse, incluso, con ideas de suicidio, o bien con una conducta agresiva que puede abocar a ladelincuencia.

No hay que olvidar que, como escribió Elaine Scarry en su lúcido análisis de la tortura (The Body in Pain, Oxford University Press, 1985) el “dolor físico es capaz de bloquear el dolor psicológico, debido a que anula todo contenido psicológico, doloroso, placentero o neutral”.

En esta línea de pensamiento, los autores del artículo cuyo comentario ha servido para tejer el blog de esta semana, llaman la atención sobre la conveniencia de investigar los posibles trastornos neurobiológicos que puedan condicionar la extraña conducta de los adolescentes que se autolesionan.