Rosa

La mínima herida que se hizo Rilke al clavarse la espina de una rosa fue la puerta de entrada de una infección que, en pocos días, provocó su muerte. Imagen: Thinkstock.

“Rosa, oh pura contradicción,
la alegría de ser sueño de nadie
bajo tantos párpados”

(R.M. Rilke)

Fue, según parece, en el mes de octubre de 1926 cuando ocurrió el ya mítico episodio de la rosa en la vida de Rainer María Rilke: el fatigado poeta salió al jardín de la solitaria y precaria Torre del castillo de Muzot, cerca de Sierre, en el suizo cantón de Valais, con la intención de cortar algunas rosas con las que obsequiar a la egipcia Nimet Elui, en su esperada visita, y al hacerlo se pinchó en la mano izquierda con una espina. La mínima herida fue la puerta de entrada de una infección invasora que puso dramática y tardíamente de manifiesto (“Ahora sí que empieza todo”) que el deplorable estado de salud que venía arrastrando Rilke en los últimos años era debido a una leucemia que, en pocos días, provocó su muerte el día 29 de diciembre del mismo año.

Con la palabra leucemia, se define a un grupo de enfermedades malignas en las que la médula ósea, y otros órganos que contribuyen a la formación de la sangre, como el hígado y el bazo, producen un número excesivo de células sanguíneas de la serie blanca (leucocitos), con la particularidad de que las células producidas son inmaduras y anormales, y su anómala presencia suprime la producción de las células normales. Esta supresión condiciona graves trastornos: La neutropenia, es decir el déficit de losneutrófilos, que son los leucocitos con capacidad defensiva, es el responsable de una gran susceptibilidad frente a las infecciones; la anemia ocasionada por la disminución de losglóbulos rojos; la trombocitopenia (descenso en el número de plaquetas o trombocitos) provoca hemorragias.

Una espléndida biografía del gran poeta, firmada por Antonio Pau, Premio de Ensayo y Humanidades Ortega y Gasset en el año 1998 (Vida de Rainer María RilkeLa belleza y el espanto, Editorial Trotta, 2007) ha atraído, entre otros libros, mi mayor interés durante el corto, aunque relajante y saludable ocio, “curioso de lecturas”, a la vera del mismo mar de los últimos veranos.

Pero mucho más allá de lo anecdótico (como su autor nos adelanta en una nota preliminar) el objetivo de Antonio Pau ha sido entender su obra mediante el rastreo, con pasión y elocuencia, de su vida en la palabra escrita: versos, prosa y más de siete mil cartas, además de las escritas por las mujeres que le amaron . No cabe duda que “Rilke vivió para su obra”, ya que “fueron pocos los pasos que dio que no se encaminaran al cumplimiento de lo que él sintió como una ineludible vocación y un inaplazable deber”. En este sentido, Antonio Pau ha alcanzado plenamente su objetivo.

Desde la perspectiva de la definición de la salud como la conjunción de un triple bienestar (físico, psíquico y social)es evidente que la errante vida de Rilke, casi siempre en condiciones muy precarias (“arrastrando una fatiga que sobrepasa mis fuerzas”) es la de un cuerpo muy débil, con escasa firmeza física (“Mi vida se ha vuelto extrañamente pesada. La fuerza de la gravedad parece que está creando una nueva relación entre la vida y yo”), un cuerpo enfermo y dolorido, aunque dotado de una gran fuerza interior, capaz de sobreponerse a sus frecuentes crisis de debilidad y tristeza (“el alma se rinde… nada le es grato, llena de indolencia”) decidida a cumplir su mesiánica misión poética ( “He dejado París hace unos días, cansadopadeciendomucho, para dirigirme a una gran llanura del norte, cuya amplitud, calma y cielo han de devolverme la salud“).

Y sin embargo, de ese cuerpo débil en lo físico y psicológica y socialmente inestable, propicio al sufrimiento interior, a la angustia, a la melancolía, a la depresión, y a las crisis existenciales acompasadas con dolorosas pausas creativas, surgió, desde la dura pero fértil soledad (una búsqueda constante en su vida) la insólita voz poética con la que logra consumar la alquimia de transformar lo externo, lo visible, en el mundo de lo invisible. (“Por eso, querido señor, ame susoledad y soporte el dolor que causa”, escribe en las “Cartas a un joven poeta”).

“La soledad es como la lluvia
sube del mar y avanza hacia la noche.
Desde llanuras lejanas y perdidas
sube hasta el cielo que siempre la recoge
y solo desde el cielo cae en la ciudad.”
(Del Libro de las Imágenes, traducción de A.Pau)

En pleno siglo XXI, es un ejercicio radicalmente intempestivo imaginarse a la delgada y decaída, aunque siempre atildada, figura del poeta, paseando a la orilla del mar, en la larga playa, a pleno sol, con su voz elegíaca, entre la presencia bulliciosa y hedonista de desnudos y firmes cuerpos. Lo intempestivo de esta imagen desaparece si al atardecer, con el sol a punto de ocultarse sobre la playa desierta, se experimenta gozo y dolor intelectual con la lectura de supalabra poética.

Valga esta meditación sobre el poeta herido por una rosacomo un breve interludio de ocio veraniego en este blog que trata, semana a semana, de la salud y el bienestar del cuerpo.