Adolescente bebiendo

Lo deseable es conseguir un equilibrio entre una preocupación exagerada y sin fundamento por los riesgos para el estado de salud, y una peligrosa despreocupación. Imagen: Thinkstock.

“La preocupación por la propia salud
es una manifestación original de la
existencia humana”
(H-G. Gadamer, The enigma of the health
Stanford University Press, 1996)

Según un artículo publicado en la revista Journal of Adolescent Health, por miembros del Departamento de Psicología de la Universidad de Texas en Austin, Texas, en los adolescentes a punto de graduarse en las escuelas secundarias (high school”) que practican atletismo competitivo (10 o más horas a la semana) es un sentimiento de invulnerabilidad personal (“sentirse invencibles”) el que reduce su percepción de los factores de riesgo para la salud, por lo que adoptan conductas nocivas – como el consumo esporádicamente excesivo de alcohol (“binge drink”) y la práctica promiscua e insegura del sexo – con mayor frecuencia que los estudiantes que no practican atletismo de competición.

La preocupación personal por el mantenimiento de la salud -entendida como el triple y conjugado bienestar físico, mental y social debe basarse ineludiblemente en la asunción de las tres características fundamentales del cuerpo humano vivo a lo largo de sus edades, con “sus trabajos y sus días”:vulnerable, deteriorable y con caducidad.

Una vulnerabilidad que se pone de manifiesto ante agentes agresores externos (biológicos, físicos y químicos), que se acentúa en determinadas condiciones internas (mutaciones genéticas, cáncer, desnutrición, estilos de vida inapropiados) y que, en último término, condiciona la no muy precisa transición del estado de salud al estado de enfermedad.

Al final de la adolescencia, en el umbral de la vida adulta, cuando la caducidad se supone lejana y el deterioro biológicopor el uso aún no se ha iniciado, un cuerpo con una forma física más que excelente, con una imagen corporal paradigma de la salud, construida día a día en un programado atletismo competitivo con otros jóvenes cuerpos, y con una cenestesia - entendida como la percepción interna del propio cuerpo- placentera y reconfortante (Jean Starobinski, Razones del cuerpo, Cuatro ediciones, 1999) puede fácilmente generar un sentimiento de invulnerabilidad personal o de invencibilidad (“personal invincibility” es la expresión utilizada en el estudio que sirve de pretexto al blog de esta semana) que conduce al menosprecio de comprobados factores riesgo para la salud.

Un factor de riesgo se define como “un aspecto de la conducta personal o del estilo de vida, una exposición al medio ambiente o una característica de nacimiento o genética, que estudios epidemiológicos han demostrado que se asocian con trastornos de la salud que es importante prevenir.” ( J.M. Last, A Dictionary of Epidemiology, IEA, Oxford University Press, 1988).

Lo preocupante es, tal como se demuestra en el estudio de la Universidad de Texas, en Austin , que cuando un sentimiento narcisista de invulnerabilidad o invencibilidad personal supera los límites de su habitual aunque transitoria presencia durante el desarrollo psicológico de la adolescencia, puede llegar a distorsionar la razonable percepción de los factores de riesgo para la salud relacionados con determinados estilos de vida hasta el punto de no tenerlos en cuenta, con los consiguientes excesos y sus efectos negativos para el estado de salud, a pesar de que esta situación ocurra en cuerpos competitivos, con una forma física atlética.

Lo deseable es conseguir un equilibrio, siempre inestable, entre una preocupación exagerada y sin fundamento, casi hipocondríaca, por los riesgos para el estado de salud, y una peligrosa despreocupación frente a factores de riesgo para la salud, científicamente confirmados, provocada por un narcisista sentimiento de invulnerabilidad.