Discusión matrimonial

Mantenerse siempre tranquila y callada durante las discusiones es una actitud peligrosa a la larga para el bienestar físico, mental y social de la mujer. Imagen: Thinkstock.

“Es justo que se precien de callar todas…
porque en todas es,
no sólo condición agradable,
sino virtud debida
el silencio y el hablar poco.”

(Fray Luis de León,
La perfecta casada)

En un artículo del New York Times del 2 de octubre, y bajo el título “Marital Spats, Taken to Heart” (Las discusiones conyugales afectan al corazón), tras asumir que éstas forman parte inevitable de la vida conyugal, se discuten los hallazgos de varios trabajos de investigación biomédica en los que el objetivo ha sido analizar el probable impacto negativo del estrés derivado de una relación interpersonal conflictiva sobre la salud de la pareja y, en especial, de la mujer.

El trabajo de investigación sobre el que se fundamenta el artículo del NYTimes, fue publicado en la revistaPsychosomatic Medicine de Julio/Agosto de este año y ha sido realizado sobre una población compuesta, partir del año 1971, por los hijos, y sus esposas (el Framingham Offspring Cohort) de aquellos que participaron, desde 1948, en el clásico Framingham Study (5.209 hombres y mujeres, entre 30 y 62 años, de la ciudad de Framingham, en Massachussets, EEUU), un estudio epidemiológico que fue diseñado para analizar las relaciones entre el estado físicoestilo de vida con el desarrollo de la enfermedad coronaria.

Dos son las conclusiones más llamativas del trabajo publicado en Psychosomatic Medicine: la primera, confirmar que el estrés generado por repetidos conflictos en la relación marital (desavenencias respecto a economía familiar, educación de los hijos, tareas del hogar, empleo del tiempo de ocio, religión, relaciones sexuales, alcohol, juegos de azar, etc.) se asocian con resultados adversos para la salud (el colon irritable, por ejemplo) y la segunda, demostrar, por vez primera, que en las mujeres que se imponen a sí mismas callar en las discusiones con su marido, lo que conlleva el progresivo silencio de su identidad personal (“self-silenced”), con la pretensión de que “las cosas no pasen a mayores”, elriesgo de morir, a lo largo de un seguimiento de 10 años, es 4 veces superior al de las mujeres que no se callan, y se atreven a expresar sus pensamientos y sus sentimientos.

La teoría de la identidad silenciada (D.C. Jack, Silencing the Self, Harvard University Press, 1991) aplicada en la investigación que comentamos (mediante escala desarrolla por Dana Crowley Jack, una profesora de estudios interdisciplinarios de la Western Washington University, en Bellingham) sostiene que cuando la mujer calla, por propia voluntad, sus pensamientos y sentimientos en el curso de una discusión con su pareja, lo que hace es silenciarprogresivamente su propia identidad, minimizarla, lo que desestabiliza, a largo plazo, su equilibrio psicobiológico y abre el camino a una serie de impactos negativos sobre su salud (baja autoestima, depresión, trastornos alimentarios y enfermedad coronaria).

Porque, en realidad, es la identidad personal la que despliega ante los demás la idea de quién somos, y sirve también de fundamento a las interrelaciones con los otros cuerpos que se mueven alrededor de nuestro espacio vital. Una identidad personal que pretende expresar hasta qué punto somos diferentes de los otros, capaces de mantener nuestro intransferible “yo” a lo largo de los años de nuestra biografía (Pera, C. Pensar desde el cuerpo. Ensayo sobre la corporeidad humana.Ed. Triacastela, 2006).

Por el contrario, llama la atención que en los hombres casados, que son más propicios a callar durante los conflictos, no se demuestra, en esta investigación, efecto significativo sobre el riesgo de morir, ni sobre el desarrollo de la enfermedad coronaria.

En consecuencia, aunque para las mujeres casadas podría ser una buena opción, en ocasiones, mantenerse tranquila y callada durante la discusión de la desavenencia, hacerlo siempre, y de forma extremada (practicando una estricta censura sobre sus propios pensamientos y sentimientos) se demuestra como una actitud peligrosa a la larga para su bienestar, físico, mental y social.