Pareja mayor

El cuerpo innatural estaría modifocado tecnológicamente por la cultura. Imagen: Thinkstock.

“La naturalidad de la vejez del cuerpo
la distingue de sus enfermedades,
aunque el proceso del envejecimiento
las propicia, en cierto modo,
ya que incrementa su vulnerabilidad”.

(Pera. C. Pensar desde el cuerpo.
Ensayo sobre la corporeidad humana
.
Ed. Triacastela, 2006)

¿Cómo percibe la mujer madura, cuando en su cuerpo comienzan a aparecer huellas del deterioro biológico causado por los años vividos, y en este tiempo nuestro en que domina la cultura de la modificación del cuerpo, las diferencias entre el envejecimiento natural y el innatural?

¿Es posible una distinción tajante, como algunos pretenden, entre un envejecimiento natural, en el que se deja a la “naturaleza” seguir su camino hacia la irreversible degradación (“J´ai pris a nouveau conscience de l´irreversible degradation de la vieillesse”, escribió Simone de Beauvoir en su libro sobre la vejez de J.P Sartre, titulado La cérémonie des adieux, Gallimard, Paris, 1981) y un envejecimiento innatural, en el que el cuerpo es el objeto de toda clase de acciones, de origen cultural, más o menos agresivas, cuyo objetivo es ocultar o frenar el deterioro biológico? ¿Cuáles son las actitudes de la mujer madura ante toda clase deacciones cosméticas, sean quirúrgicas o no- quirúrgicas?

A estas interrogantes han tratado de responder Laura H Clarke y Meredith Griffin, de la British Columbia University, en Vancouver, Canadá, en un trabajo publicado en el Journal of Aging Studies. El estudio ha sido realizado mediante una encuesta entre 44 mujeres, con edades comprendidas entre 50 y 60 años.

La mayoría de las mujeres encuestadas define al cuerpo que envejece de modo natural (“natural body”) como un cuerpo intocado por la cultura de la modificación del cuerpo, un cuerpo “puro, auténtico y laudable”, al contrario de lo que ocurre en el cuerpo que envejece de modo innatural(“unnatural body”). No obstante, a la hora de la verdad, la mayoría de las mujeres participantes en el estudio no sigue en su vida real este planteamiento, sino que utilizan un amplio arsenal cosmético como contribución “natural” al mantenimiento de su atractivo físico y de su feminidad. Y es que para la mayoría de estas mujeres el límite entre elenvejecimiento natural y el innatural se encontraría en la frontera que separa a las acciones cosméticas no-quirúrgicasde las quirúrgicas (cirugía cosmética).

Esta forzada distinción entre lo natural y lo innaturalpresupone admitir la existencia de un cuerpo radicalmentenatural, prístino producto de la Naturaleza con mayúsculas, lo que es mucho admitir, y un cuerpo innatural, modificado tecnológicamente por la Cultura, ubicado en la postmoderna senda de los cyborgs, cuerpos híbridos entre lo natural y loorgánico.

Esta interesada definición, mediática y publicitaria, del cuerpo natural y de su envejecimiento se ha extendido como unmeme muy agresivo por el espacio digital donde se ofrecen masivamente las bondades de un envejecimiento natural(“natural aging”) con “estilo y gracia”, mediante un extensísimo “armamentarium” de procedimientos cosméticos no quirúrgicos o de mínima agresividad, en contraposición a un envejecimiento innatural, al que se le adscribe toda la parafernalia de la cirugía cosmética.

Es evidente que, en pleno siglo XXI, las tecnologías cosméticas , de todo tipo y condición, se han idealizado y normalizado en una sociedad que, mientras pretende vivir sin tener en cuenta el ineludible deterioro biológico y lacaducidad del cuerpo, desacredita e incluso denigra a loscuerpos que envejecen.

Pero así como es utópico postular un envejecimiento naturalpuro, no puede negarse que lo que se propone hoy, con insistencia, como envejecimiento natural (“natural aging”) comporta numerosas acciones cosméticas sobre el cuerpo nada “naturales”, ni tampoco olvidar que su alternativa en el floreciente mercado de la estética corporal, el envejecimiento innatural quirúrgico, es una respuesta a la búsqueda compulsiva de una juventud aparencial, de “cuerpos sin edad”, cuyos resultados se inscriben desafortunadamente, en demasiadas ocasiones, en el ámbito de lo grotesco.

Entre estas posturas radicales (una débil y utópica apuesta por el envejecer natural a ultranza, el muy publicitadoenvejecimiento natural basado en un amplio repertorio deprocedimientos cosméticos no quirúrgicos contra elenvejecimiento -”anti-aging”-), y la dominante apuesta por un envejecer innatural, en el que la amplitud, agresividad y contumacia de las acciones quirúrgicas (que, aunque tratan de mantener la apariencia de una “juventud eterna”, no dejan de hacer patente, en el mejor de los casos, una discordancia, a veces patética, con la realidad biológica) cabe apostar por otra opción más razonable: envejecer con naturalidad, como la cosa más natural del mundo, asumiendo la corporal decadencia con serenidad y sencillez; eso sí, con el estilo de vida más apropiado para hacer más lento el ineludibledeterioro biológico , y con el mínimo artificio sobre laapariencia.

En suma, apostar, cuando aún no ha llegado el tiempo delenvejecimiento, por construir las condiciones y las circunstancias personales que permitan vivir la vejez de un modo consciente, con curiosidad y dignidad, y de la manera más saludable posible. (Pera, C. Bienvivir o malvivir la vejez: ésta es la cuestión, Barcelona Metrópolis, núm. 70, Otoño 2007).