Corazón

La aparición y desarrollo de estas enfermedades sólo puede retrasarse mediante estilos de vida saludables. Imagen: Thinkstock.

“La enfermedad es el lado nocturno
de la vida”
(Susan Sontag)

El diario The New York Times ha iniciado una serie de artículos, bajo el título conjunto de Six Killers (Seis asesinos/as), en la que el objetivo es revisar el estado actual de las enfermedades que ocupan hoy los seis primeros puestos como causas de muerte en los Estados Unidos:enfermedad cardiovascularcáncerictusenfermedad pulmonar obstructiva crónicadiabetes y enfermedad de Alzheimer, por este orden.

La traducción literal de la metáfora utilizada en el título de esta serie (Six Killers) sería seis asesinos/asseis enfermedades asesinas. A pesar de las plausibles intenciones de Susan Sontag, demostrar que “la enfermedad no es una metáfora” (Susan Sontag, La enfermedad y sus metáforas, Muchnik Editores, Barcelona, 1980) en la Medicina persiste el lenguaje metafórico porque, al fin y al cabo, como ella misma escribió, “no es posible pensar sin metáforas… todo pensamiento es interpretación”.

Al hablar metafóricamente de la enfermedad, de modo muy especial cuando se trata del cáncer, son las metáforas bélicaslas que intentan concebirla como una “invasión despiadada y secreta” (Susan Sontag), como una agresión contra el orden del cuerpo que proviene de su entorno, o, incluso, del propio cuerpo.

En otra variante del lenguaje médico que juega con la idea de la enfermedad como agresión/invasión del cuerpo, laenfermedad se criminaliza y se imagina como un agenteasesino (“killer”) que puede actuar, a veces, con nocturnidad y alevosía: son éstas las enfermedades asesinas silenciosas(“silent killers diseases”), las que durante las etapas iniciales de su evolución no provocan síntomas ni signos que permitan detectarlas (hipertensión arterial, colesterol elevado, cardiopatía isquémica, diabetes, cánceres de pulmón y de mama, y otras).

Incluso cuando se habla de las acciones defensivas del organismo, el lenguaje médico califica a un tipo muy específico de linfocito, integrante del sistema responsable de la inmunidad, como célula natural asesina (“natural killer cell”), debido a que, de manera directa y sin demasiados preparativos, destruye, mediante los productos químicos tóxicos contenidos en sus gránulos, a las células que previamente ha detectado como “extrañas”.

omo se subraya en la breve introducción a la serie Six Killersdel New York Times, estas seis enfermedades asesinas o, si se prefiere, estas “seis enfermedades preparadas para matar”, tienen bastantes cosas en común:

En primer lugar, ocasionan elevados gastos sanitarios, hasta el punto de que se ha valorado que la asistencia médica de las seis enfermedades asesinas representa el 25% de lo que los Estados Unidos gastan en sanidad.

En segundo lugar, se han demostrado la existencia de importantes interacciones entre las seis enfermedades asesinas, como si (prosiguiendo con la metáfora criminal) actuaran conjuntamente, tal como lo haría un “sindicato del crimen”. En este sentido, la acumulación de placas de ateroma en las arterias (ateroesclerosis) a las que obstruyen, condiciona las crisis de isquemia cardiaca (angina de pechoe infarto de miocardio), mientras que los fragmentos desprendidos de dichas placas provocan accidentes vasculares cerebrales (ictus) que facilitan el desarrollo de la enfermedad de Alzheimer. Cerrando el círculo, la diabetes eleva el riesgo de padecer una cardiopatía por isquemia, unictus e incluso un cáncer. Por último, el hábito de fumar puede conducir, a la larga, a una enfermedad pulmonar obstructiva crónica, a un cáncer de pulmón y a unaateroesclerosis, la cual, a su vez, es un factor de riesgo para el desarrollo de la enfermedad de Alzheimer .

Comparten también las seis enfermedades calificadas comoasesinas el hecho de que las perspectivas de las seis están mejorando en los países desarrollados, debido a que su presentación clínica es más tardía y su mortalidad desciende. Todo ello a pesar de que, en muchos casos, el tratamiento es insuficiente o inapropiado, o no se dispone aún de remedios eficaces.

Dos mensajes pueden derivarse de la serie del New York Times sobre las seis enfermedades asesinas predominantes en el llamado mundo occidental:

El primero es que frente a las seis enfermedades asesinas,como causas predominantes de mortalidad en los países desarrollados, no se puede olvidar que existe una terrible lista de enfermedades asesinas del mundo en vías de desarrollo, por este orden, según las cifras de muertes por año:
Infecciones pulmonares (4 millones);
SIDA (más de 3 millones);
Malaria (entre 1 y 5 millones);
Diarreas (algo más de 2,2 millones);
Tuberculosis (2 millones);
Sarampión (más de 530.000);
Tos ferina (de 200.000 a 300.000 muertes);
Tétanos (214.000 muertes);
Meningitis (174.000) y
Sífilis (157.000).

El segundo mensaje es que con la metáfora que criminaliza a la enfermedad (y la convierte, cuando son elevadas las probabilidades de que cause la muerte, en una enfermedadasesina que, comportándose como tal, mataría “con premeditación y alevosía” (Diccionario de la RAE), cosa que parece bastante improbable) se transfiere la responsabilidad de su desarrollo en el cuerpo humano a un hipotético agente exterior y, lo que es más grave por inoperante, elude la propia.

Lo cierto es que las enfermedades calificadas como “asesinas” en la serie del New York Times, y que ocupan los seis primeros lugares en un ranking de enfermedades causantes de mortalidad en los Estados Unidos, encarnadas en el espacio biológico corporal de cada individuo, están fundamentalmente relacionadas con la vulnerabilidad, el deterioro biológico y la caducidad del cuerpo humano, por lo que su aparición y su desarrollo solo pueden ser aminorados y retrasados mediante estilos de vida saludables.

Fuente: The New York Times