ADN humano

La huella última de la identidad de los humanos se encuentra en su ADN. Imagen: Thinkstock.

“Cada cuerpo humano posee,
además de la huella dactilar,
una huella genética,
la misma para cada célula,
tejido, órgano y organismo.”

(Pera, Cristóbal.
Pensar desde el cuerpo,
Ed. Triacastela, 2006)

Híbridos, quimeras y clones son tres palabras algo inquietantes, porque al escucharlas o leerlas, no sólo se remueven las aguas calmas de lo que se entiende como “normal” en la reproducción de los seres vivos (sobre todo cuando se trata de los seres humanos) hasta evocar el oscuro territorio donde se dice que habita lo monstruoso, sino que esta inquietud se extiende nada menos que al terreno de la identidad de la persona humana, cuyo huella última se encuentra en su marca genética, en su ADN, y, por consiguiente, alcanza el ámbito de su preciada dignidad como especie.

Tres palabras que, en la pasada semana, han ocupado titulares en la prensa diaria no especializada, que se hacía eco de dos llamativas noticias científicas y sobre cuyos significados el Diccionario de la Real Academia Española no nos saca de muchas dudas, desde el punto de vista biológico: Lo híbrido se define como “lo procreado por dos individuos de distinta especie”, la quimera como “animal fabuloso o monstruo imaginario que, según la fábula, vomitaba llamas y tenía cabeza de león, vientre de cabra y cola de dragón” o como “aquello que se propone a la imaginación como verdadero no siéndolo”, y el clon como un “conjunto de células u organismos genéticamente idénticos, originado por reproducción asexual a partir de una única célula u organismo o por división artificial de estados embrionarios iniciales” Vayamos por las dos noticias científicas:

La primera noticia, procedente del Reino Unido, informaba que la autoridad responsable de la regulación de los temas concernientes a la fertilización y al manejo de embriones humanos, conocida por la siglas HFEA (“Human Fertilisation and Embryology Authority”) había dado luz verde a dos proyectos de investigación que intentaban buscar nuevas fuentes, más productivas, de células madres embrionarias.

El primer proyecto, presentado por el Centro para la biología de las células madres y la genética del desarrollo, dependiente de la Universidad de Newcastle Upon Tyne, declara el siguiente objetivo: Derivar líneas de células madres embrionarias a partir de embriones híbridos producidos mediante la técnica conocida como “transferencia nuclear “(implantación del núcleo de una célula somática humana en un óvulo procedente de un animal, al que se le ha extraído su propio núcleo, en el que habita su información genética). En el título en inglés del proyecto no se utiliza la expresión “hybrid embryos” (embriones híbridos), sino el eufemismo “interspecies embryos” (algo así como embriones “a caballo” entre dos especies diferentes), en este caso la humana y la animal, lo que viene a ser lo mismo.

El segundo proyecto aprobado por la HFEA había sido presentado por el King’s College de Londres, en nombre de su Laboratorio de biología de las células madres y del Wolfson Centre para las enfermedades relacionadas con la edad, con el siguiente objetivo: Generar líneas de células madres humanas embrionarias específicas para determinadas enfermedades, mediante transferencia a óvulos de animales de núcleos de células somáticas que contengan el ADN de individuos con enfermedades degenerativas del sistema nervioso con fuerte carga genética, como las de Alzheimer y de Parkinson, entre otras. El equipo investigador se propone utilizar los abundantes óvulos extraídos de especies domésticas (vacas, conejos, ovejas y cabras) en lugar de los escasos óvulos humanos. En definitiva, este proyecto pretende también crear embriones híbridos entre la especie humana y la animal.

¿De qué tipo de embriones híbridos entre lo humano y lo animal se trata en ambos proyectos?

La “Human Fertilisation and Embryology Authority” (HFEA) aclara oportunamente que en los dos proyectos el embrión híbrido humano/animal que se pretende crear mediante la transferencia nuclear no sería un embrión híbrido humano/animal “verdadero”, sino un embrión híbrido citoplasmático, ya que si bien el 99% de la información genética (ADN) de este embrión híbrido procedería del núcleo humano transferido, quedaría en él un mínimo remanente de información genética incluida en el óvulo procedente del animal que está localizada en el ADN de las mitocondrias (0,1%). Un “verdadero” híbrido humano/animal sería el creado mediante la fusión de esperma y óvulos, una conjunción que, como recuerda la HFEA, es ilegal.

Y es también en este Informe de la HFEA, cuando despliega sus argumentos a favor de la luz verde concedida para el uso experimental de embriones híbridos como fuente de células madres, donde aparece la segunda palabra inquietante, la quimera, en esta caso humana, definida como “embrión humano que contiene células animales que le han sido añadidas durante la fase inicial de su desarrollo”. Una quimera es, desde el punto de vista biológico, eludiendo su evocación mítica, en el territorio de lo monstruoso, un organismo en el que conviven algunas células que contienen información genética diferente de la que posee la mayoría; en este sentido, un individuo que ha recibido un trasplante hepático sería, en sentido biológico estricto, una quimera.

Según la regulación aprobada por la HFEA, un embrión híbrido citoplasmático humano/animal no deberá crecer más de 14 días, una vez alcanzada la fase de blastocito, la que permite extraer las células madres embrionarias necesarias para la investigación propuesta.

Una vez encendida la luz verde que permite entrar en la inquietante vía que abre la posibilidad de proseguir hasta el territorio de lo monstruoso, la HFEA recuerda taxativamente que “es ilegal implantar un embrión híbrido humano/animal en el útero de una mujer, o permitir que éste llegue a término”. El profesor Chris Shaw, del Kings College de Londres, ha declarado a este respecto: “Comprendemos la preocupación pero creemos que está motivada por la falta de información. La gente piensa que vamos generar un ser híbrido humano/animal. Sólo se trata de células para estudios científicos. No va a ser creado ningún animal híbrido”.

La HFEA presenta un sumario de los argumentos a favor y en contra de esta autorización. Los argumentos a favor insisten en que el uso de óvulos humanos, tan escasos, es ineficiente para un programa de investigación, sostiene que no hay diferencia moral entre el uso de embriones híbridos citoplasmáticos y embriones derivados de óvulos humanos, que la creación de estos híbridos es aceptable en tanto en cuanto no se implanten en un útero de una mujer y, por ultimo, en que los beneficios sobrepasan los problemas éticos. Los argumentos en contra subrayan la repugnancia de esta unión híbrida, contraria a la dignidad humana, que abre la puerta a la utilización de híbridos humano/animal verdaderos, así como a la transferencia de estos híbridos a úteros humanos.

La segunda noticia en la que aparece la palabra clon como la tercera palabra inquietante, procede de los Estados Unidos y ha sido publicada en una revista muy especializada, el Stem Cells Journal, bajo el título “Desarrollo de blastocitos humanos clonados mediante transferencia del núcleo de una célula somática procedente de fibroblastos adultos”. En ella se anunciaba que científicos de Stemagen Corporation en La Jolla, California, habían logrado producir cinco embriones hasta la fase de blastocitos. Para conseguirlo habían extirpado el núcleo (ADN) de óvulos humanos donados y lo habían sustituido por núcleos extraídos de células de la piel de dos voluntarios. El examen del ADN, la huella genética, demostró que al menos uno de los embriones era un clon del voluntario donante. Como quiera que la comprobación de su carácter clónico obligó a la destrucción del embrión, no se llegaron a extraer células madres embrionarias.

En el pasado mes de noviembre de 2007 finalizaba mi intervención en un simposio sobre “Los monstruos” celebrado en la Facultad de Medicina de la Universidad de Santiago de Compostela con las siguientes palabras: “Vivimos en tiempos en los que el problema de la monstruosidad corporal se está desplazando hacia el terreno de la monstruosidad genética, riesgo posible en el ámbito de las prácticas biotecnológicas entre las que se incluyen la clonación humana, la ingeniería genética y otras formas de reproducción artificial, las que han planteado la alarmante posibilidad de que se generen híbridos animal/humano. Porque la monstruosidad se fundamenta originariamente en la conformación corporal y, en este sentido, un monstruo es un ser vivo (o un ser imaginado por el ser humano vivo) cuya conformación, contraria a la naturaleza, difiere de manera extremada de la que corresponde a su especie o que, incluso, combina “imposibles” conformaciones híbridas de dos especies.”

Esta “imposibilidad” es hoy más bioética que biológica, por lo que es precisamente la progresiva constatación de este desplazamiento de las posibilidades de las “conformaciones híbridas” desde la biotecnología hacia las reglas del comportamiento humano el que crea la inquietud de muchos, como se demuestra cuando la HFEA, al otorgar la autorización, exige un ejercicio de contención ética (no pasar de los 14 días y no implantar el embrión híbrido en un útero humano) para el que, a la postre, termina recordando la ley vigente.

Lo propio del monstruo es la sorpresa que produce la inesperada presencia de su radical desmesura ante los que se consideran dentro de los cánones de la normalidad de su especie, y, sobre todo, la dificultad de contestar a la pregunta que encierra la esencia de su problema: Y ahora que está aquí ¿Qué hacemos con el monstruo? Esta sorpresa es la que debe razonablemente ser evitada.