Mujer obesidad

Conviene recordar que toda operación quirúrgica es esencialmente un acto agresivo para el paciente. Imagen: Thinkstock.

La epidemia de la obesidad
en los EE.UU. ha propiciado
una segunda epidemia:
la cirugía bariátrica.

Robert Steinbrook
NEJM, Marzo 2004

Dos noticias leídas la pasada semana en la prensa diaria y un editorial de la muy prestigiosa revista Gastroenterology traen a colación los riesgos de la cirugía dirigida a la reducción de la obesidad, conocida como cirugía bariátrica, en creciente expansión. En el texto recién publicado en Gastroenterology, se recomienda extremar la prudencia a la hora de establecer la indicación quirúrgica, a veces aconsejada de modo impersonal, sin tener en cuenta riesgos y beneficios para la salud del paciente, y costes económicos.

Las diversas opciones técnicas de la cirugía bariátrica tienen como objetivo reducir el aporte de calorías al organismo modificando la anatomía del tubo digestivo. Estas técnicas se clasifican como restrictivas y malabsortivas: los procedimientos restrictivos limitan el aporte de alimentos restringiendo la capacidad del reservorio gástrico y reduciendo el orificio de salida para retrasar su vaciamiento, con lo que se adelanta la sensación de saciedad, mientras que los procedimientos malabsortivos construyen derivaciones (by-pass) que eluden el paso de los alimentos por las áreas de la mucosa intestinal donde tiene lugar la absorción de sus elementos nutrientes.

Si bien es muy cierto que los diversos procedimientos técnicos de la cirugía bariátrica son más efectivos que el tratamiento médico para reducir el peso corporal, existen muchas cuestiones aún no resueltas (nuestros conocimientos sobre la obesidad son aún rudimentarios, aunque se han hecho progresos en la última década), las cuales justifican esta llamada de atención sobre la excesiva relajación que se viene produciendo a la hora de establecer la indicación quirúrgica en los pacientes obesos.

Ante esta situación conviene recordar que toda operación quirúrgica es esencialmente un acto agresivo para el paciente, aunque el objetivo final pretenda ser de utilidad terapéutica, sea curativa o paliativa. Un acto agresivo en el que un cierto grado de destrucción, en mayor o menor medida, precede a la construcción y, en consecuencia, en el que deben valorarse beneficios y riesgos (Pera, C. El cuerpo herido. Un diccionario filosófico de la cirugía. Acantilado, 2003).

Porque, como subraya el editorial de Gastroenterology, aunque la mortalidad asociada la intervención quirúrgica se estima entre 0,1%-2%, “las complicaciones post-operatorias de la cirugía de la obesidad son frecuentes”.

La cirugía bariátrica es, en opinión del editorialista de Gastroenterology, una opción viable para algunos pacientes obesos, pero no puede ser el tratamiento primario para la gran mayoría de estos pacientes. Como tal opción, la cirugía bariátrica provoca una pérdida de peso a largo plazo, mejora el estilo de vida y, excepto en lo que se refiere a la hipercolesterolemia, también mejora los factores de riesgos elevados antes de la intervención.

Ya en el año 2003, Robert Steinbrook, profesor de Medicina comunitaria en la Darmouth Medical School, había recordado, también en The New England Journal of Medicine, que “la cirugía bariátrica no es cirugía cosmética, sino que se trata de cirugía gastrointestinal mayor, realizada en pacientes extremadamente voluminosos, cuya obesidad implica riesgo de complicaciones y de muerte tras la intervención quirúrgica, derivados tanto de los problemas asociados con dicha obesidad como de la propia agresión quirúrgica”.

Para que la paulatina destrucción quirúrgica del espacio corporal en desmesura, que es lo que se pretende con unas técnicas que alteran la anatomía y la fisiología digestiva, sea benéfica para el paciente obeso, tanto de modo inmediato como a largo plazo, es muy necesario que la indicación quirúrgica se establezca y se realice con prudencia y con sosiego.