Vacas

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Infectar.
(Del lat. infectāre):
“Dicho de algunos
microorganismos
patógenos,
como los virus
o las bacterias:
Invadir un ser vivo
y multiplicarse en él.”

Cómplice.
(Del lat. complex, -ĭcis):
“Persona que, sin ser autora
de un delito o una falta,
coopera a su ejecución
con actos anteriores o simultáneos”

(Diccionario de la RAE)

El pasado 7 de Abril el Ministerio de Sanidad y Consumo confirmó el fallecimiento de dos pacientes afectos de la variante de la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob ocurridos en Castilla y León. Según la nota del Ministerio, las fechas de los fallecimientos, en diciembre de 2007 y febrero de 2008, indican que el contagio se produjo por ingesta de tejidos contaminados antes de que el Gobierno español y las autoridades europeas tomaran las medidas oportunas para evitar el llamado “mal de las vacas locas”.

Existen cuatro tipos de enfermedad de Creutzfeldt-Jakob (CJD): la esporádica, la familiar, la yatrogénica y la variante. El cuarto tipo (variante) fue definido en 1996 a raíz de la epidemia producida en el Reino Unido y se atribuye al contagio a través del consumo de productos alimentarios procedentes de animales, con abundante tejido nervioso, los cuales, a su vez, habían consumido pienso de origen animal contagiado con priones y padecían la encefalopatía espongiforme bovina (BSE), reconocida como tal en el año 1987. Desde entonces más de 150 personas han fallecido en el Reino Unido de la variante de la CJD que habían consumido carne de ganado vacuno que contenía priones.

Fué en el año 1982, cuando Stanley Prusiner enunció el concepto de prion (abreviatura de PRoteinaceous INfectious agent), una idea transgresora del paradigma científico dominante, ya que defendía la tesis de la existencia de un agente infeccioso transmisible, compuesto tan solo de una proteína anormal, sin la presencia de ácidos nucleicos (es decir, sin un genoma), como sería necesario si el agente fuera un virus. Esta proteína anormal sería la única responsable de una serie de raras enfermedades neurodegenerativas transmisibles que, a largo plazo, transforman al cerebro en una “esponja” llena de microcavidades (encefalopatías espongiformes transmisibles), de curso evolutivo fatal, que traspasan las barreras de especies animales, desde la scrapie o ” tembladera” de las ovejas (descrita en el siglo XVIII) hasta la variante humana de la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob (vCJD) provocada por la transmisión de la encefalopatía espongiforme bovina (BSE) al consumir la carne de los animales afectados, una enfermedad conocida vulgarmente como “mal de las vacas locas”. A Stanley B. Prusiner le fue concedido el Premio Nobel de Fisiología o Medicina del año 1997 por su “descubrimiento de los priones, un nuevo principio biológico de infección”.

La proteína anormal (la PrPsc) es el agresivo agente infeccioso denominado prión, resistente a las proteasas (cuya función es eliminar dentro de las células a las proteínas malformadas o aberrantes) que sería el resultado de una anómala conformación tri-dimensional de una proteína normal, constituida por 209 aminoácidos en el ser humano (conocida con las siglas PrPc), ligada a la membrana celular y sensible a las proteasas, ubicua en las células de los organismos vivos, especialmente en neuronas y linfocitos, y cuya función es aún desconocida. En el año 1985 fue clonado el gen que expresa tanto a la proteína normal como a la anormal y que es citado con las siglas Prnp .

La formación de la proteína anormal (prión) a partir del forzado cambio inducido en la conformación espacial de la proteína normal (PrPc) fue demostrada precisamente en un experimento diseñado para rechazar la hipótesis de Prusiner que responsabiliza a la proteína anormal (prión) de la transmisión de estas enfermedades neurodegenerativas, al comprobarse cómo en los ratones en los que se les ha eliminado el gen Prnp (ratones Prnpo/o), que es el que codifica la proteína normal, cuando se les inocula con homogenizados del cerebro de ratones fallecidos de la enfermedad neurodegenerativa de las ovejas conocida como scrapie, no se desarrolla la enfermedad. No obstante, algunos escépticos con la hipótesis de Prusiner, han insinuado que la proteína normal podría ser el receptor de un virus aún no identificado.

Si bien la acumulación en el cerebro de la proteína anormal (la PrPsc) o prión, con su conformación infecciosa, replicada a partir de la proteína normal (PrPc), es lo que caracteriza a las enfermedades priónicas, no existen pruebas de que dicha acumulación sea directamente responsable de los devastadores efectos provocados sobre el tejido cerebral, con formación de microcavidades o microvacuolas, lesiones englobadas genéricamente bajo el término de espongiosis.

Por otra parte, se ha demostrado que la deposición crónica de la proteína anormal en los ratones desprovistos del gen Prnp (ratones Prnpo/o), por lo que no expresan la proteína normal (PrPc), no ocasiona lesiones en sus cerebros, hallazgo que es corroborado por el hecho de que la depleción de la proteína normal de las neuronas de los ratones infectados con la enfermedad ovina scrapie previene el desarrollo de esta enfermedad. En consecuencia, la acumulación de la proteína anormal no es suficiente, por sí sola, para el desarrollo de las lesiones neurológicas, sino que es necesaria una interacción, de mecanismo desconocido, con la proteína normal.

El origen del prión (la PrPsc) a partir de una modificación en la conformación espacial de la proteína normal (PrPc) se ha demostrado al conseguirse la reproducción del proceso de modificación en un ambiente sintético, es decir in vitro, libre de células y de ácidos nucleicos, compuesto exclusivamente por la proteína normal, lo que hace muy improbable que la replicación de la proteína anormal a partir de la normal dependa de la presencia de un virus o de un ácido nucleico.

Si la hipótesis de Prusiner, que defiende que la infección depende tan sólo de la proteína anormal o prión, es la correcta, se podría argüir que el problema reside en la estructura molecular de dicha proteína anormal, que hasta ahora no es conocida con precisión, debido a dificultades que presenta la purificación del agente infeccioso en el material obtenido de los animales enfermos.

A pesar de los significativos avances ocurridos en los últimos años, que hacen que la hipótesis de Prusiner que considera que los priones son los únicos responsables, sea la explicación dominante, persisten algunas incertidumbres sin respuesta convincente: ¿Cuál es la función fisiológica de la proteína normal? ¿Cuáles son los mecanismos moleculares que conducen a la replicación de los priones? ¿Cómo consigue replicarse el prión, forzando a la proteína normal a transformarse a su imagen y semejanza? ¿Es necesaria la presencia de otras proteínas en el proceso de conversión? ¿Cuáles son las secuencias patogénicas moleculares que concurren en la producción de las lesiones neurodegenerativas?

Desde que Prusiner formulara en el año 1982 la herética hipótesis de que era una proteína anormalmente conformada, un prion, generada a partir de una proteína normal, sin mensaje genético alguno, el único agente infeccioso causante de las encefalopatías espongiformes transmisibles, rompiendo así, de manera escandalosa, un paradigma científico, las sucesivas investigaciones no han podido demostrar de manera concluyente, la existencia o no de cómplices del insólito prión, aunque el mayor peso de la evidencia está a favor de su solitaria responsabilidad.

En todo caso, los hallazgos hasta ahora realizados están permitiendo conocer una nueva biología de las proteínas, en las que deben incluirse los priones como conformaciones anormales de proteínas normales, dotados de capacidad para replicarse y perpetuarse a sí mismos sin poseer mensaje genético, con acciones que pueden ser beneficiosas, tal como sucede en los recientemente descritos priones de las levaduras (como el sup35), o fatalmente dañinas, como ocurre en las enfermedades neurodegenerativas.

Porque como escribiera Thomas S.Kuhn en su clásico libro La Estructura de las Revoluciones Científicas (1962) “La Historia sugiere que el camino que conduce a un consenso firme en la investigación es extraordinariamente arduo”.