Concepción

Cuanto más rica en calorías es la dieta de la madre, más probabilidad hay de concebir un feto del sexo masculino, según el estudio. Imagen: Thinkstock.

“Todo lo que existe en el Universo
es el fruto del azar y la necesidad
(Jacques Monod, 1970,
citando a Demócrito)

“La Sociobiología examina
la base biológica
del comportamiento social
en todo tipo
de organismos”
(Edward .O. Wilson)

Un artículo publicado en el número de Abril de este año en una prestigiosa revista científica, los Proceedings of the Royal Society of Biological Sciences, ha tenido una repercusión en los titulares de la prensa diaria que podría calificarse de global. La conclusión de un exigente estudio epidemiológico, realizado en una población de madres británicas en las universidades de Exeter y Oxford, es que el sexo fetal se asocia con las características de la dieta consumida por la madre inmediatamente antes y después del momento en el que ocurre la concepción, cuando un espermatozoide fertiliza el óvulo: mientras más rica en calorías es la dieta (y de modo especial cuando consume cereales en el desayuno) mayor es la probabilidad de que conciba un feto del sexo masculino. Como consecuencia de este hallazgo, los autores opinan que serían las dietas bajas en calorías, predominantes hoy en las mujeres jóvenes de los países industrializados, las que explicarían el lento declive del número de nacimientos de hijos varones.

Este hallazgo puede leerse, sin duda, como un argumento a favor de la influencia de los fundamentos biológicos en los comportamientos humanos, en el contexto de la biología evolutiva, enraizada en la evolución darwiniana y, también, de la controvertida sociobiología, tal como la definiera, en 1975, el zoólogo y entomólogo norteamericano Edward O. Wilson; una disciplina, a caballo entre la antropología, las ciencias de la vida y la sociología, que estudia la interacción entre los sistemas biológicos y la evolución de los comportamientos sociales, así cómo y hasta qué punto, estas conductas sociales están inscritas en los genes, incluso en la especie humana (Wilson, E.O. Sociobiology: The New Synthesis, 25 Anniversary Edition, Harvard University Press, 2000).

Una de las áreas más activas de la sociobiología es la que estudia en los mamíferos no humanos las bases biológicas de la proporción entre machos y hembras en las crías, entendidas como el “conjunto de hijos que tienen de un parto los animales”. De las hipótesis que han tratado de dar respuesta a esta pregunta, la más conocida y controvertida es la propuesta publicada en la revista Science, en el año 1973, por dos científicos de Harvard, el sociobiólogo Robert. L. Trivers y el matemático Dan Willard.

La hipótesis Trivers-Willard sugiere que la condición fisiológica de la madre influye en el sexo de sus crías: las madres cuya condición fisiológica es buena, porque viven en territorios con amplios recursos alimentarios, gestarían más crías machos, mientras que las madres cuya condición fisiológica es deficiente, porque viven en territorios escasos de alimentos, tendrían más crías hembras.

Esta teoría, desde la perspectiva de la biología evolutiva, predice que las madres con diferentes condiciones fisiológicas ajustan biológicamente en sus gestaciones la proporción de crías macho/hembra (“sex ratio” o cociente entre ambos sexos en la descendencia) en relación con los futuros beneficios reproductivos de la manada en el entorno en que vive: si el entorno es favorable, con alimentos abundantes, que permiten a las madres mantener una buena condición fisiológica, predominarán los machos en las crías, ya que éstos pueden reproducirse más (al inseminar más hembras y tener más descendencia), pero si el entorno es pobre en recursos, y la condición fisiológica de la madre es deficiente, las crías serán hembras, en su mayoría.

La aplicación de la hipótesis Trivers-Willard a los seres humanos ha sido y es controvertida, por razones teóricas, empíricas e incluso ideológicas. La neozelandesa Elissa Cameron, una bióloga evolutiva, que ha trabajado en Australia y África del Sur, actualmente en la Universidad de Nevada, en Reno, ha contribuido recientemente al análisis de la hipótesis Trivers-Willard mediante el análisis de unos 1.000 estudios que la habían sometido a comprobación experimental. En su revisión (Proceedings of the Royal Society of London, 2004) encontró que en el 34% de los estudios publicados había datos que favorecían la hipótesis de Trivers-Willard, en el 8,5% los datos no la favorecen, mientras que en el resto no encuentra pruebas ni a favor ni en contra.

En un estudio previo a esta revisión, realizado por la propia Elissa Cameron en Australia con caballos salvajes, llegó a la conclusión de que la condición física de la madre cuando se produce la concepción se asocia, de manera significativa, con el nacimiento de un macho o de una hembra. En su opinión, la grasa corporal y la dieta podrían afectar a los niveles de glucosa circulante en la madre, por lo que sugirió que estos niveles de glucosa, en el momento de la concepción, podrían influir en el sexo del animal concebido, de modo que un exceso de glucosa favorecería el sexo masculino.

Trabajando en la Universidad de Pretoria, en Africa del Sur, Cameron se propuso probar mediante experiencias en el ratón, la teoría de la influencia de la dieta materna en el sexo de las crías. El método experimental utilizado fue añadir dexametasona, que disminuye los niveles de glucosa en la sangre, al agua que debían beber 20 ratones hembras, utilizando otras tantas hembras que no beberían esta agua como controles. Durante tres días introdujeron en las jaulas ratones machos para que copularan con las hembras con el siguiente resultado: las hembras con niveles bajos de glucosa en sangre, porque habían bebido agua con dexametasona, dieron a luz camadas con un 42% de machos, en comparación con las hembras que no la habían bebido, con niveles elevados de glucosa en sangre, con un 52% de machos en sus camadas.

Es decir que, bajo ciertas condiciones, la selección natural darwiniana favorecería desviaciones, en uno y otro sentido, de la que se considera como típica división del sexo de las crías, mitad hembras, mitad machos, al favorecer el sexo que mejor se reproduce en pobres condiciones físicas, que es el femenino, ya que las madres aún en débil condición fisiológica pueden encontrar algún macho que las insemine, mientras que a los machos debilitados les resulta más difícil encontrar una hembra con la que aparearse.

“¿Deseas un niño? Toma cereales en el desayuno” es el título de un comentario de la revista ScienceNOW Daily News del 23 de Abril del 2008, donde se analizan los hallazgos de los investigadores de Exeter y Oxford y sus relaciones con la hipótesis sociobiológica de Trivers y Willard, en el que, aún aceptando que estos resultados son los primeros que aparecen como convincentes a favor de dicha hipótesis, sin embargo no parece claro que la nutrición de la madre sea la causa más determinante del progresivo declive en el número de niños en los países desarrollados, ya que es probable que coexista con otros factores que también han sido implicados, como la contaminación ambiental.

Sea como sea, lo que no puede olvidarse es la insondable complejidad del indudable trasfondo biológico de los comportamientos humanos, por lo que, ante hallazgos parciales, aunque relevantes desde el punto de vista de la sociobiología, debe evitarse caer en toda tentación excesivamente reduccionista, entendida aquí como una simplificación excesiva de lo que, de suyo, es muy complicado.