Vasija

La combinación de actividad física y dieta mediterránea es una opción saludable. Imagen: Thinkstock.

Ciertos animales son sedentarios.
Otros se desplazan.
Los animales sedentarios
se encuentran en el agua,
pero ningún animal de tierra
es sedentario

(Aristóteles.
Investigación sobre los animales)

La inactividad física
es un importante factor de riesgo
para el desarrollo de
la enfermedad coronaria”
.
(American Heart Association)

Semana a semana, este espacio virtual (bloglandia.com/salud) acoge una reflexión, a modo de ensayo mínimo, acerca de la salud y el bienestar del cuerpo, motivado por una noticia fiable y relevante, analizada previamente en las páginas de Saludlandia.com.

La reflexión de esta semana no se construye sobre una noticia singular, sino sobre la comprobación de que la mayoría de los breves textos sobre la salud y el bienestar del cuerpo, desplegados en las páginas virtuales de Saludandia.com, cuya prioridad es todo aquello que importa a la prevención de la enfermedad y a la conservación del estado de salud, gira alrededor de las que son dos exigencias básicas para alcanzar dicho objetivo: la actividad física y la nutrición más apropiadas.

En primer lugar, el presupuesto fundamental es la concepción de la salud, tal como fue definida por la OMS, como “un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no simplemente la ausencia de enfermedad”.

En segundo lugar, la actividad física del cuerpo humano (el cuerpo humano activo) considerado como una fábrica, en tanto que construcción arquitectónica de naturaleza biológica, que actúa y se pone en movimiento, de modo voluntario y disciplinado (no ya como reacción a una acción exterior) mediante acciones coordinadas de su aparato locomotor, un sistema funcional constituido por huesos, articulaciones y músculos, controlado por el sistema nervioso.

Cuando se habla, sin más, de actividad física del cuerpo humano se hace referencia a toda la energía que éste consume al moverse en el espacio en el que habita y en los espacios en los que desenvuelve su diario vivir: cuidar el propio cuerpo, hacer las tareas del hogar, caminar, subir escaleras, ir y volver del lugar de trabajo y trabajar. El cuerpo humano que puede realizar esta actividad física sin ayudas se considera un cuerpo capaz, mientras que el no puede realizarlas, en mayor o menor grado, se define como un cuerpo incapacitado.

En una progresión de la actividad física se suele denominar ejercicio físico al conjunto de movimientos corporales que se realizan de manera regular y disciplinada para mantener o mejorar la forma física, una situación corporal dinámica, básica para alcanzar el triple bienestar, físico, mental y social, como, por ejemplo: caminar diariamente, a paso vivo, durante 30 minutos, al menos 5 días a la semana o correr un mínimo de 20 minutos 3 veces a la semana, o realizar sesiones de gimnasia contra resistencia, apropiadas para la edad biológica, 2 días a la semana (recomendaciones del Centro de Control y Prevención de Enfermedades de los EEUU –CDC-).

El siguiente paso en la movilización del cuerpo es el deporte, entendido como la “actividad física ejercida como juego o competición, cuya práctica supone entrenamiento y sujeción a normas” (Diccionario de la RAE), aunque también, en una segunda acepción, este diccionario, lo define como “recreación, pasatiempo, placer, diversión o ejercicio físico, por lo común al aire libre”.

El resultado obtenido según el nivel de actividad física aplicado (en el que se combinan la frecuencia, la intensidad y el tiempo) es la forma física, en la cual intervienen, sobre todo en el deporte de competición, factores genéticos.

Es indudable que la atención prestada al mantenimiento de una actividad física regular tiene influencias beneficiosas sobre el estado de salud a través de la prevención de enfermedades crónicas que acentúan el deterioro ineludible del cuerpo humano y acortan su longevidad (hipertensión arterial, enfermedad coronaria, ictus, obesidad, diabetes, cáncer) al tiempo que fortalece al sistema locomotor (huesos, músculos y articulaciones), sostiene y mejora el estado de ánimo e incluso retrasa el deterioro de la capacidad cognitiva en la vejez.

En tercer lugar, la nutrición (palabra derivada del verbo latino nutrio, nutrire, con los significados de “criar o alimentar, hacer crecer, conservar y sostener”), que se define como una muy compleja función cuyo propósito es captar, primero, y asimilar, después, mediante las necesarias transformaciones químicas de los productos captados (transformaciones que se incluyen en el complejo proceso del metabolismo orgánico) los materiales necesarios para la construcción, el mantenimiento y la reconstrucción de los tejidos, denominados nutrientes, actividades que conllevan un gasto de energía, utilizada por las células para sus actividades electroquímicas, mecánicas y de síntesis. Las etapas básicas y sucesivas de la nutrición se denominan digestión, absorción, asimilación y excreción.

Mantener con autodisciplina la apropiada actividad física del cuerpo, huyendo de la vida sedentaria, combinada con una dieta que haga posible la nutrición equilibrada, como la dieta mediterránea, es una decisión muy saludable en todas las edades de la vida y, sobre todo, a partir de los 50 años, cuando, con mayor o menor intensidad según cada historia personal, se acelera el proceso natural del deterioro del cuerpo, por el uso, e incluso el abuso, de su fábrica biológica. Los resultados de recientes investigaciones epidemiológicas realizadas en los Estados Unidos han proporcionado más argumentos a favor de la dieta mediterránea, al comprobarse sus beneficiosos efectos sobre la mortalidad debida a las enfermedades cardiovasculares, al cáncer, y a todas las causas.

Lo que distingue a la cultura de la salud es su preocupación por aquellos problemas que afectan negativamente al triple bienestar, el físico, el mental y el social, a la buena salud, y que no son la enfermedad, pero que pueden condicionarla: entre ellos destacan el grado de actividad física y la calidad de la nutrición.

Salud, actividad física y nutrición, tres palabras claves que encierran, a su vez, tres conceptos también claves dentro de cualquier apuesta por la cultura de la salud, tres palabras engarzadas en un triángulo esencial, como representación simbólica de las complejas y beneficiosas interacciones entre sus tres vértices, ya que, al fin y al cabo, como dejó escrito el médico francés F.X. Bichat (1771-1802), “es la actividad coordinada de todas las funciones del cuerpo la que resiste a la muerte“.