Cerebro

El sarcasmo es una "forma especial de ironía, sangrienta, mordaz y cruel". Imagen: Thinkstock.

“L´ironie pourrait s´appeler,
au sens prope du mot,
una allégorie,
car elle pense une chose et,
a sa manière,
en dit autre”
(V. Jankelevitch,
L´ironie,
Flammarion, Paris, 1964)

“Vivir es interpretar”
“El lenguaje, como logos,
es voz con sentido”
(E.Lledó,
Imágenes y palabras,
Taurus, 1998)

El pasado mes de Abril, Katherine P. Rankin, profesora de Neuropsicología de la Universidad de California, San Francisco, y neuropsicóloga clínica en el Centro para la Memoria y el Envejecimiento adscrito a dicha universidad, presentaba en la Reunión Anual de la American Academy of Neurology celebrada en Chicago, una comunicación con el hermético titulo Detección del sarcasmo a través de sus claves para-lingüisticas: correlaciones anatómicas y cognitivas en las enfermedades neurodegenerativas (“Detecting Sarcasm from Paralinguistic Clues: Anatomic and Cognitive Correlates in Neurodegenerative Disease”), en el que destaca la palabra sarcasmo.

Esta comunicación probablemente hubiera pasado desapercibida para el público no científico, si no fuera porque The New York Times, en su número del 3 de Junio, la comentara, en un artículo titulado La Ciencia del sarcasmo: nada de que preocuparse: (“The Science of Sarcasm: Not that you care”),firmado por Dan Hurley, escrito con estilo irónico y casi sarcástico, en el que distorsiona alguna de las conclusiones científicas de Katherine Rankin y su equipo, lo que ha propiciado una amplia difusión en la prensa diaria y numerosos comentarios y apostillas en la blogosfera.

El objetivo de la investigación emprendida por Katherine Rankin, dentro de su principal línea de interés, dirigida al estudio de la atrofia cerebral asociada con los cambios de personalidad y de conducta en los individuos con demencia, ha sido buscar alteraciones cerebrales que pudieran explicar la incapacidad de algunos pacientes para interpretar, a partir de claves vocales y faciales, la aparición del sarcasmo en una conversación.

Ante todo, ¿qué se entiende por sarcasmo? Si la ironía suele definirse como “una figura retórica que consiste en dar a entender lo contrario de lo que se dice” o bien “decir una cosa para significar otra”, el sarcasmo es “una forma especial de ironía, sangrienta, mordaz y cruel, con la que se ridiculiza, ofende o maltrata a alguien o algo” ya que va dirigida, por lo general, a una víctima concreta.

Tanto en la ironía, como en su forma más cáustica, el sarcasmo, existe una discordancia entre el lenguaje literal y el lenguaje figurativo (lo que “figura” que se quiere decir), la cual se detecta por la entonación con la que se dice, la expresión de la cara, el lenguaje corporal y el contexto en el que se dice.

El estudio de K. Rankin, realizado sobre 73 pacientes con diversas formas de demencia y 13 ancianos sanos ha tenido dos fases:

En la primera, los participantes observaban unas breves escenas filmadas en video por una pareja de actores profesionales, que repiten idéntica conversación, unas veces con un lenguaje que pretendía ser sincero y, otras, sarcástico. Inmediatamente después de la sesión de videos los participantes realizaban un test específico, el TASIT ( siglas de “The Awareness of Social Inference Test” o Test de la conciencia de la inferencia social), en el que tenían que contestar, afirmativa y negativamente, a preguntas acerca del significado del lenguaje, sincero o sarcástico según sus interpretaciones, que habían contemplado y escuchado.

El caso es que tan sólo se demostró incapacidad para detectar sarcasmos, mediante las claves asociadas al lenguaje literal, en 11 pacientes con demencia semántica, una forma de demencia fronto-temporal caracterizada por una pérdida progresiva del lenguaje que afecta la capacidad de nombrar los objetos, de comprender las palabras oídas y de reconocer los objetos.

En la segunda fase, tras examinar, mediante resonancia nuclear magnética, los cerebros de los participantes, con el objetivo de localizar probables áreas de atrofia cerebral, pudieron comprobar que la pérdida de la capacidad para interpretar el lenguaje sarcástico hallada en los pacientes con demencia semántica se correspondía con lesiones neurodegenerativas (atrofia) esparcidas por diversas áreas del hemisferio derecho (lóbulo temporal y lóbulo frontal) y en estructuras estriadas de la base (lóbulo caudado derecho y globus pallidus izquierdo). Se trata, pues, de lesiones neurodegenerativas ampliamente distribuidas en el hemisferio derecho, que no permiten deducir, como el comentarista de The New York Times parece insinuar en irónico texto, que Katherine Rankin y sus colaboradores, con sus hallazgos, hubiesen optado por la obsoleta visión, estrictamente focal (algo así como un centro para la interpretación del lenguaje sarcástico) de las dispersas espacialmente pero muy integradas funciones cerebrales implicadas en la interpretación del lenguaje dentro de su contexto.

Ante el inusual intento de aproximación científica al sarcasmo llevado a cabo por Katherine Rankin, algunos comentaristas no han podido o querido resistirse a la tentación de utilizar el lenguaje irónico e incluso sarcástico, con títulos tales como “Anatomía del sarcasmo”, “Dónde reside el sarcasmo” o “La Ciencia del sarcasmo”, aunque fuera a costa de distorsionar los resultados de la investigación.