La Tierra

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“Mehr licht”
“¡Más luz!”
(Goethe,
22 Marzo de 1863)

En un artículo publicado en el Journal of American Medical Association, un grupo de investigadores del Netherlands Institute for Neuroscience, en Amsterdam, llegan a la conclusión de que una iluminación artificial brillante, cenital e indirecta, mantenida durante el día, de 9 de la mañana a 6 de la tarde, en residencias de ancianos con demencia (el 63% de los cuales padecían la enfermedad de Alzheimer) mejora, a largo plazo, aunque sea modestamente, los síntomas cognitivos (memoria, razonamiento) y los no cognitivos (estado de ánimo, depresión, limitación de la capacidad funcional) de los dementes.

Los que los investigadores holandeses mantienen durante el día, en el ambiente en el que viven colectivamente pacientes con demencia, es una luz brillante, o sea, el mayor sincronizador del reloj interno que marca el ritmo vigilia/sueño, una secuencia biológica conocida como ritmo circadiano (de circa dies) ya que dura aproximadamente las 24 horas del ciclo astronómico día/noche.

Aunque en los últimos años han sido publicados un número apreciable de resultados de investigaciones que demostraban, a corto plazo, que un ambiente iluminado artificialmente con luz brillante conseguía, en pacientes con demencia, efectos beneficiosos sobre sus trastornos del sueño y su mermada capacidad funcional, éste es el primer estudio realizado con metodología científica exigente y a más largo plazo, con una duración media de 15 meses.

El fundamento biológico de la relación entre luz y demencia estriba en las interacciones entre la luz, sea natural o artificial, y el ritmo circadiano marcado por el reloj biológico que asienta en el ser humano, un acumulo de unas 10.000 neuronas especializadas que constituyen el núcleo supraquiasmático, así llamado por estar situado en el hipotálamo por encima del quiasma óptico, a unos 3 centímetros por detrás de los globos oculares.

El reloj biológico que marca el ciclo vigilia/sueño, está normalmente sincronizado con el ciclo luz/oscuridad que es consecuencia de la rotación de la Tierra alrededor del Sol. Pero el biológico ritmo circadiano no es una simple respuesta al ciclo luz/oscuridad o ciclo día/noche astronómico, sino que es un ritmo establecido previamente en el cuerpo humano.

Los que caracteriza a los trastornos del ciclo circadiano es la pérdida de su sincronización con el ciclo día/noche o luz/oscuridad ambiental con la consiguiente ruptura, ocasional (jet lag) o continua, del patrón del sueño. Como resultado de ésta desincronización, las personas afectadas se quejan de insomnio y de dormitar excesivamente a lo largo del día.

Las últimas palabras de Goethe, antes de sumirse en la oscuridad de la muerte (Mehr Licht!, ¡Más luz!) en la mañana del 22 de Marzo del 1863, en su casa de Weimar, convertidas, de tan reiteradas, en una simbólica evocación de la luz en el momento en que la vida está a punto de extinguirse, fueron dichas tras haber ordenado, unas horas antes, que le abriesen las contraventanas de su habitación, cuando la oscuridad de su final le envolvía, antes de expirar al mediodía (Marie-Anne Lescouret, Goethe, Flammarion, 1998).

Para Goethe la luz, como pretendió demostrar sin éxito en su fracasada Teoría de los Colores, un intento baldío de refutar la Óptica de Newton, era un asunto de fe y de convicción científica, un fenómeno primitivo, una unidad casi sagrada, frente a la “herejía de Newton”. Muy cercano a la opinión de Aristóteles, Goethe sostenía que los colores de la luz procedían de los objetos, como resultado de una combinación de luz y oscuridad.

La pretensión de los investigadores holandeses ha sido volver a sincronizar el deteriorado reloj biológico con la brillante luz ambiental diurna, trasunto de la luz solar, para mitigar, en lo posible, los progresivos desarreglos de la razón y de la conducta que ocurren en la demencia, condicionados por los “pensamientos de un cerebro seco en una estación seca” (TS. Eliot , Gerontion . Trad. JM Valverde).

La luz, como fuente de vida, y la oscuridad, como falta de luz para percibir las cosas, forman parte de la existencia diaria en el planeta Tierra, mientras éste siga girando alrededor de un vivificador Sol cargado de energía. Ambas son, además, palabras que evocan la aurora, con el estallido de la luz del amanecer de un nuevo día, y a la noche, como símbolo del ocaso y de la muerte. No obstante, como nos recuerda el mismo T.S. Eliot en su poema Coros de la Roca, “el ritmo de nuestra vida en la tierra nos cansa de la luz, por lo que nos alegramos cuando el día termina.”