Blog de Cristóbal Pera

Artículos publicados en octubre 2008

Guepardo cazando

Comer demasiado rápido o hasta hartarse puede conducir a la obesidad. Imagen: Thinkstock

Vorax, acis:
El que nunca se harta”
(Cicerón)

“Devorar:
Tragar con ansia
y apresuradamente

(Diccionario de la RAE)

El guepardo que logra alcanzar al antílope en velocísima persecución, y matarlo en breves segundos por asfixia, lo desgarra de inmediato a dentelladas y lo engulle hasta hartarse con rapidez, es decir, con voracidad, antes de que acudan otros predadores más poderosos que le arrebaten la pieza tan trabajosamente cazada, porque en ello le va la comida y la vida.

En un artículo publicado en la revista British Medical Journal por investigadores japoneses de las universidades de Osaka y Tokio, se llega a la conclusión de que en las mujeres y los hombres japoneses que acostumbran a comer muy rápidamente, así como en los que lo comen hasta hartarse, el riesgo de desarrollar sobrepeso y obesidad se eleva de manera significativa, después de haber eliminado estadísticamente la implicación de otros factores de riesgo para la obesidad, entre ellos el aporte total de energía ingerida.

magdalenas

Proust hizo una evocación de la magdalena. Imagen: Thinkstock

“En cuanto reconocí el sabor
del pedazo de magdalena
mojado de tila
que mi tía me daba
(aunque todavía no había descubierto
y tardaría mucho en averiguar
el porqué ese recuerdo
me daba tanto placer
)…”
(Marcel Proust,
Por el camino de Swann, En busca del tiempo perdido,
Plaza y Janés, 1964)

La ingestión de alimentos se asocia
con la liberación de dopamina
en el núcleo estriado dorsal,
y el grado de placer
que produce la comida
se correlaciona con la cantidad
de dopamina liberada”
(E. Stice y colaboradores, 2008)

La sensación de placer provocada por la ingestión de determinados alimentos (que puede llegar a ser tan potente y persistente como en la muy famosa evocación de la magdalena, de Marcel Proust), está asociada a la liberación de dopamina en el cerebro, un neurotransmisor que activa a la parte posterior o dorsal del núcleo estriado.

Deportista

El calificativo de 'física' se aplica a toda actividad del cuerpo, considerado como materia. Imagen: Thinkstock.

“La actividad física regular
puede producir, a largo plazo,
beneficios para la salud”

“La mejor actividad física
es la suficientemente atractiva
como para hacerla
de manera regular”

(2008 Physical Activity Guidelines
for Americans
)

Que la actividad física del cuerpo humano es beneficiosa para su salud y que, en consecuencia, conviene mantener al cuerpo físicamente activo, con exigencia y continuidad, es un mensaje hoy dominante en el espacio mediático global, tanto impreso como digital, expresado repetitivamente con palabras e imágenes.

Sin embargo, a la vista de los resultados conseguidos en la salud, tanto individual como pública (epidemia de sobrepeso y obesidad, con la consiguiente aceleración del deterioro biológico y el incremento de enfermedades crónicas como el cáncer y la diabetes), es cuando menos dudoso que las recomendaciones incluidas en ese repetido mensaje hayan sido suficientemente valoradas por sus pretendidos receptores, en lo que tienen de importancia para la salud del cuerpo, y hayan sido ampliamente cumplidas.

Sesión de fotos

Existe una sexualización mediática del cuerpo femenino. Imagen: Thinkstock.

“Sometidas a la presión mediática
de cuerpos femeninos icónicos,
muchas adolescentes
se sienten insatisfechas
con su imagen desnuda
ante el espejo”
(
Bloglandia, blog de salud,
25 Febrero de 2007)

En estos tiempos en los que domina la cultura de la modificación del cuerpo y la sexualización mediática del cuerpo femenino, no es de extrañar que la presión intervencionista de la cirugía cosmética se haya extendido hasta la edad crítica de la adolescencia, esa fase de la vida definida como “la que sigue a la infancia y que se extiende desde los primeros signos de la pubertad hasta que el individuo haya adquirido toda su madurez psicofísica” (Valdés, M. Diccionario de Psiquiatría, Masson, 1996). No olvidemos que su etimología nos conduce al verbo latino adolesco, adolescere, con el significado de crecer.

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