Sesión de fotos

Existe una sexualización mediática del cuerpo femenino. Imagen: Thinkstock.

“Sometidas a la presión mediática
de cuerpos femeninos icónicos,
muchas adolescentes
se sienten insatisfechas
con su imagen desnuda
ante el espejo”
(
Bloglandia, blog de salud,
25 Febrero de 2007)

En estos tiempos en los que domina la cultura de la modificación del cuerpo y la sexualización mediática del cuerpo femenino, no es de extrañar que la presión intervencionista de la cirugía cosmética se haya extendido hasta la edad crítica de la adolescencia, esa fase de la vida definida como “la que sigue a la infancia y que se extiende desde los primeros signos de la pubertad hasta que el individuo haya adquirido toda su madurez psicofísica” (Valdés, M. Diccionario de Psiquiatría, Masson, 1996). No olvidemos que su etimología nos conduce al verbo latino adolesco, adolescere, con el significado de crecer.

En la última década, se ha incrementado llamativamente el número de adolescentes que se lanzan a la aventura de una modificación de su cuerpo aún en construcción, y a las que se les practican intervenciones de cirugía cosmética que intentan aproximarlas a idealizados modelos de cuerpos femeninos convertidos en icónicos, que pretenden ser sexualmente atractivos.

La idealización del cuerpo femenino, bajo la presión mediática de escuetos modelos icónicos, condiciona en la mayoría de las adolescentes la incomodidad y el disgusto al ver su cuerpo en el espejo, y también frente a las miradas de los otros cuerpos, ya que consideran a su imagen corporal muy alejada de la establecida como ideal. (Pera,C. El cuerpo ante el espejo en Pensar desde el cuerpo. Ensayo sobre la corporeidad humana, Ed. Triacastela, Madrid, 2006).

Muchas adolescentes, sometidas a la presión constante de imágenes corporales icónicas, se sienten cada día más insatisfechas ante sus imágenes en el espejo, con frecuencia malinterpretadas por la mirada que se observa a sí misma, lo que las lleva a explorar el camino, muchas veces sin retorno, de una continua y peligrosa modificación de su cuerpo. Y es aquí cuando puede hacer su aparición una determinada forma, imprudente, de entender la cirugía cosmética.

La definición oficial de la American Society of Plastic and Reconstructive Surgery establece que la Cirugía cosmética (Cosmetic Surgery) es “la que se realiza para reformar estructuras normales del cuerpo con el fin de mejorar la apariencia del paciente y la autoestima”. En este sentido, para algunos la cirugía cosmética, en la que son palabras claves la apariencia y la autoestima, sería una forma de psicoterapia.

En una revisión de este problema, realizada en la Escuela de Medicina de la Universidad Georgetown (Washington), y publicada en el Journal of Adolescent Health en este mes de Octubre, se ofrecen datos muy preocupantes: La Sociedad Americana de Cirujanos Plásticos (ASPS) estima que en el año 2005 se practicaron en los Estados Unidos más de 330.000 procedimientos de cirugía cosmética en pacientes con 18 años o menos años de edad, comparados con los 14.000 realizados en el año 1996.

Las intervenciones más solicitadas son el aumento de volumen de las mamas y la liposucción. A lo largo del año 2005 la ya citada ASPS y la ASAPS (Sociedad Americana de Cirugía Plástica y Estética) calculan que en los EEUU se realizaron en adolescentes entre 3.000 y 4.000 técnicas para aumentar el volumen de las mamas. Según datos también facilitados por dichas sociedades, entre 2004 y 2006 se llevaron a cabo cada año respectivamente 3.000 y 6.000 técnicas de liposucción para mejorar la imagen corporal de las adolescentes.

A la vista de estas crecientes cifras, y desde el punto de vista de la salud pública, los autores de la revisión denuncian que la cultura de la modificación del cuerpo ha irrumpido en la adolescencia, de la mano de la cirugía cosmética, sin la debida prudencia, con indicaciones más que discutibles, realizadas en cuerpos aún en crecimiento (el desarrollo de las mamas puede continuar pasados los 18 años), sometidos a un complejísimo y crítico proceso de remodelación que debe conducir a la definición de su identidad personal, tanto física como mental y social, en vías de alcanzar su madurez.

La adolescencia (que se solapa en el tiempo con la madurez sexual -pubertad- aunque sean hechos biológicos distintos) es un período de rápido crecimiento, sin límites estrictos en el tiempo, un proceso de remodelación que también tiene lugar a nivel cerebral. Durante este periodo, en el cerebro de la niñez, muy frondoso en neuronas y en potenciales sinapsis, de modo especial en los lóbulos frontales, y mediante un proceso de poda de lo redundante, quedan establecidos los circuitos cerebrales que deben modular la conducta, al moderar los impulsos excesivos y facilitar la toma de decisiones; todo ello como respuesta a los estímulos externos suscitados por el inicio de una vida independiente.

Mientras que esta remodelación cerebral va aconteciendo, la adolescencia es vivida como tiempo de transición, dominado por la confusión, las emociones intensas, las dudas y los temores, tiempo en el que fluyen continuamente, casi con atropello, las ideas atrevidas, inconformistas y transgresoras; tiempo que tiende más al caos que al inmovilismo, durante el cual la adolescente desarrolla las habilidades más precisas para sobrevivir de manera independiente en el medio agresivo, competitivo y arriesgado que le ha tocado vivir, hasta “descubrir una manera de vida o de arte, en la cual su alma pueda expresarse a sí misma con ilimitada libertad”.

La adolescencia es, además, un tiempo de extraordinaria vulnerabilidad del individuo frente a su propia mirada ante el espejo y a las miradas y las opiniones de los otros cuerpos que pululan en los espacios sociales en los que el adolescente inicia su andadura vital, tiempo en el que debe desarrollar la autoestima de su propia imagen, tan dependiente de las miradas y de las opiniones de los otros cuerpos.

La creciente e incesante presión mediática ha hecho que sea difícil para los profesionales de la salud llegar a un consenso sobre cuándo estos procedimientos quirúrgicos cosméticos que tratan de rehacer la imagen de un cuerpo en construcción son apropiados o necesarios en las adolescentes Tampoco están de acuerdo acerca de sus riesgos y sus beneficios y, en consecuencia, de cuáles deben ser los criterios aplicados en una adolescente para la redacción del consentimiento formado previo a la intervención quirúrgica, la cual requiere el consentimiento de los padres, cuando no ha cumplido los 18 años.

La prudencia aconsejada por los autores de la revisión les lleva a recomendar a las adolescentes “esperar y ver” a que culmine su desarrollo corporal y psíquico, antes de decidirse por un aumento de unas mamas que parecen pequeñas en el espejo, y hacer ejercicio físico de manera regular para mejorar su silueta corporal antes de plantearse una liposucción. En suma, dar tiempo al tiempo biológico y cuidar el cuerpo.