Bodegón píldoras

A la hora de “trasladar” los resultados de la investigación básica a la clínica humana hay que ser muy prudentes. Imagen: Thinkstock.

“La mejor actividad física
es la suficientemente atractiva
como para hacerla de manera regular”
(2008 Physical Activity Guidelines
for Americans
“)

“Todo problema complejo
tiene una solución que es
simple, directa y errónea”
( H.L.M. Mencken)

Dos textos científicos publicados recientemente en revistas muy prestigiosas, han puesto de relieve las dificultades que comporta trasladar los descubrimientos realizados en la investigación básica (cuya primordial motivación es la expansión de los conocimientos humanos) al dominio de la investigación aplicada, diseñada para resolver problemas prácticos, con el objetivo, en el campo de la Medicina, de su posterior aplicación clínica en pacientes. Las azarosas secuencias que conducen desde el laboratorio (investigación básica) hasta la cama del enfermo (“bench to bedside”) se corresponden con lo que se conoce como medicina traslacional, ya que intenta “trasladar” los descubrimientos realizados por las ciencias básicas al diagnostico y tratamiento de los pacientes.

En uno de los textos, publicado en la revista Cell en su número del 8 de Agosto del 2008, se presentan los resultados de una investigación sobre dos moléculas que, administradas por vía oral y endovenosa al ratón inactivo, equivalente al ser humano sedentario, mimetizan en los músculos los beneficiosos efectos para la salud derivados del ejercicio físico regular. En el otro texto, publicado en la revista The New England Journal of Medicine del 23 de Octubre del 2008, se realiza un exigente análisis de las dificultades que se plantean, desde el punto de vista conceptual y práctico, a la hora de “trasladar” estos resultados experimentales a la clínica humana, bajo un expresivo e irónico título: “The Exercise Pill – Too Good to Be True?” (La píldora del ejercicio - ¿Demasiado bueno para ser verdad?).

El trabajo experimental gira alrededor de los mecanismos finales, a nivel molecular, mediante los cuales el ejercicio físico realizado de forma regular induce en los músculos la conversión del fenotipo de fibras musculares “rápidas y glicolíticas” (porque consumen glucosa como fuente de energía) en fibras “lentas y aeróbicas” (porque consumen oxígeno), con el consiguiente incremento en el número de éstas últimas. Este predominio, que es el resultado de todo entrenamiento físico regular, es muy saludable, ya que aumenta la resistencia frente a la fatiga, además de sus efectos positivos sobre otros sistemas orgánicos como el cardiorrespiratorio, el endocrino y el neuromuscular.

El hallazgo más relevante de esta investigación básica ha sido el siguiente:

En condiciones fisiológicas, el ejercicio físico realizado de forma regular, activa en el genoma de la célula muscular o miofibrilla, a la AMPK (siglas de adenosina 5¨-monofosfato quinasa), un factor de transcripción genética, responsable, junto con otro factor conocido como PPARδ, que es una proteína que funciona como receptor, del conveniente predominio de las fibras musculares “lentas” y aeróbicas.

Pues bien, en un ratón sedentario, ya que no realiza ejercicio físico regular, la administración de una sustancia activadora de la AMPK, reconocida con las siglas AICAR (un agente que regula la presencia in situ de la adenosina), conduce a la activación de la AMPK y ésta activa a su vez al PPARδ, con lo que se incrementa el número de fibras musculares aeróbicas (que consumen oxígeno para contraerse) y, con ello, la resistencia a la fatiga. No obstante, los beneficios para la salud, derivados de la administración de esta “píldora” a un ratón sedentario (equivalente teórico de un ser humano inactivo que pasa sus horas ante el televisor o los videojuegos), no se observan en otros sistemas orgánicos, como sucede con el ejercicio físico regular.

Sin embargo, las moléculas que estimulan la reprogramación del genoma de la fibras del músculo esquelético, como el AICAR, al propiciar la conversión de sus “fibras rápidas” (que consumen glucosa) en las “fibras lentas” (que consumen oxígeno) podrían ser beneficiosas para la salud en los seres humanos forzosamente sedentarios, al estar incapacitados para moverse, a causa de enfermedades del sistema nervioso, cardiorrespiratorio o muscular, e incluso a causa de una obesidad mórbida.

Los dos artículos que hemos comentado son un ejemplo de la prudencia que es necesaria a la hora de “trasladar” los resultados de la investigación básica a la clínica humana. Tal como concluye el análisis del New England Journal of Medicine, es muy improbable que una simple molécula, una “píldora del ejercicio” (“exercise pill”) pueda aportar más beneficios para la salud de los que ya se consiguen con el ejercicio físico realizado de forma regular, no sólo a nivel del sistema muscular sino de otros sistemas orgánicos.