Pareja de adolescentes

La mayoría de los programas que promueven la abstinencia sexual inducen en los adolescentes actitudes negativas respecto a los métodos anticonceptivos. Imagen: Thinkstock.

“Nuestra idea de lo impuro
está ligada a
dos componentes:
lo higiénico y
las
convenciones sociales”
( Mary Douglas,
Purity and Danger,
2002)

Un estudio realizado en la Universidad de Harvard, y publicado en la revista Pediatrics en su número del mes de Enero de 2009, concluye que la conducta sexual de los adolescentes norteamericanos que han firmado un compromiso de virginidad hasta el matrimonio, no sólo no difiere de la de aquellos que no lo han firmado, sino que son menos propicios a protegerse de embarazos indeseados y de infecciones de transmisión sexual. Esto es así porque la mayoría de los programas que promueven la abstinencia sexual (como el “True Love Waits”, iniciado el año 1993 por la iglesia evangélica y seguido por otras confesiones religiosas) inducen en los adolescentes actitudes y opiniones negativas en lo que se refiere a la eficacia de los procedimientos de contracepción y de protección frente a las infecciones ligadas a la práctica del acto sexual (ChlamydiatrachomatisNeisseria gonorrhoeaeTrichomonas vaginalis).

Lo que pretendían demostrar los programas de compromisos de virginidad, subvencionados con fondos federales, es quemediante la abstinencia sexual pre-marital entre los adolescentes sería posible frenar el preocupante incremento de embarazos no deseados, abortos e infecciones de transmisión sexual, sin tener que recurrir a métodos anticonceptivos, como es el uso de preservativos, rechazados por motivos religiosos. La realidad es que los adolescentes que han firmado o prometido oralmente en los Estados Unidos el compromiso de virginidad han tenido la misma actividad sexual, previa al matrimonio, que los adolescentes que no los habían firmado.

El resultado negativo del estudio, realizado sobre una muestra de 3.340 adolescentes, ha tenido muy amplia repercusión en los medios de comunicación norteamericanos, ya que el gobierno federal, bajo la administración del presidente Bush había duplicado, desde 1999 al 2008, el presupuesto destinado a estos programas de compromiso de virginidad (“virginity pledges”), simbolizados ritualmente en un anillo (“promise ring”) o en una tarjeta/contrato (“covenant cards”).

A la vista de los resultados, la conclusión de Pediatrics, órgano oficial de la Academia de Pediatría de los Estados Unidos, es doble: por una parte, los fondos federales que se dedican a promover el compromiso de virginidad deberían utilizarse para educar a los adolescentes a protegerse de las consecuencias no deseadas (embarazo, infecciones) si realizan el acto sexual; por otra parte, los médicos deben facilitar a todos los adolescentes información pedagógica acerca de métodos anticonceptivos y de métodos de prevención de infecciones de transmisión sexual (mediante el uso de preservativos), pero, de modo muy especial, a aquellos que, al firmar el compromiso de virginidad, se les han inculcado ideas negativas acerca de los procedimientos para conseguir una actividad sexual segura.

La virginidad, calificada en primera instancia por el DRAE como estado de virgen (del latín virgo, -inis), define sin más, haciendo exclusión de un contexto cultural concreto, a la “persona que no ha tenido relaciones sexuales”. La pérdida de la virginidad se hace claramente manifiesta en la adolescente a varios niveles:
a) Por una modificación de su anatomía, más o menos violenta, caracterizada por la ruptura de la membrana que cierra parcialmente la entrada a la vagina, hasta entonces virginal;
b) Por unas posibles consecuencias biológicas no deseadas ni deseables en su circunstancia vital, como un embarazo que conlleva, con frecuencia, a un aborto, y una contaminación con microorganismos causantes de infecciones de transmisión sexual;
c) Por la pérdida de un simbólico valor cultural, la virginidad, un valor más o menos positivo, según el contexto cultural/religioso, eso sí, limitado al cuerpo femenino virgen, considerado, simbólicamente, como un espacio cerrado, íntegro (“casto”) y puro que, al ser penetrado pierde supureza. Un valor positivo, al que, en opinión de la profesora de Antropología Mary Douglas, “se le dio una exagerada importancia en los primeros siglos del cristianismo”.

El objetivo del programa norteamericano, según comenta elWashington Independent en un artículo titulado El compromiso de virginidad no funciona (“Virginity Pledges Don´t Work”) era honesto (disminuir el número de abortos y frenar la expansión de las infecciones transmitidas sexualmente), pero el método se ha demostrado ineficiente. Con un presidente y ambas cámaras demócratas, los resultados publicados en Pediatrics pueden significar el fin del programa de educación sexual basada totalmente en la abstinencia.

Frente a la abstención y al compromiso de virginidad, la alternativa sensata es un programa de educación sexual que ponga el acento en la responsabilidad del adolescente para que su vida sexual sea autónoma pero segura , sin crear complicaciones para su vida personal, familiar y social.