Yoga en la playa

En el mundo de la riqueza no sólo se busca el bienestar sino estar 'más que bien', algo poco factible en el mundo de la pobreza. Imagen: Thinkstock.

“La salud es
la capacidad de
amar y trabajar”
Sigmund Freud

“Health is a state
of complete physical,
mental and social
well-being and not
merely the absence
of disease or infirmity
.”
Organización Mundial de la Salud,
1948

“La salud es
la capacidad
para hacer
lo que más le importa a uno.”
Richard Smith, 2009.

En el año 1948, el documento fundacional de la Organización Mundial de la Salud estableció que “la salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no simplemente la ausencia de enfermedad”. Una definición, sin duda, muy ambiciosa en sus objetivos, que fue ratificada en la International Conference on Primary Health Care, celebrada en Alma-Ata, la antigua USSR, en Septiembre del 1978.

Esta definición de la salud era y es, sin duda, un difícil aunque loable objetivo, impregnado de valores éticos, sociales y políticos, que exige a las naciones, para su implementación en la sociedad, un modelo de práctica médica y de asistencia sanitaria a la población que integre las tres vertientes del bienestar humano, la física, la mental y la social, como se pretende con el denominado modelo biopsicosocial.

Al cabo de 60 años, los objetivos de esta exigente definición, que postula un bienestar “completo”, no sólo físico, sino mental y social, están bastante lejos de ser alcanzados. En este mundo globalizado, y desde la perspectiva de lo que se denomina el modelo del mundo occidental, la profunda brecha existente en el espacio virtual de la red, es la expresión, en nuestro tiempo, de la brecha que, en elespacio real, separa a la riqueza de la pobreza, un abismo que condiciona problemas diferentes en las dos partes de este mundo que se considera a sí mismo como global y solidario.

En el lado de la riqueza predominan los excesos que condicionan estilos de vida insaludables en la gran parte de los individuos que allí habitan: sobrepeso, obesidad, diabetes, enfermedad cardiovascular, enfermedad respiratoria crónica y cáncer, todo ello unido a un creciente envejecimiento de su población, con una acumulación deenfermedades crónicas e incapacitantes.

En el lado de pobreza domina el hambre y la desnutrición extrema que conduce a la emaciación de gran parte de la población, con una elevadísima cifra de mortalidad infantil (5 millones de niños mueren cada año de hambre), mientras que el sexo inseguro es una vía abierta para la expansión incontrolada del virus del SIDA, y la ausencia de mínimas condiciones higiénicas potencia el desarrollo de infecciones mortíferas, como la malaria y la tuberculosis.

Es pues evidente que, al cabo de 60 años de su proclamación, la definición de salud de la OMS, que tuvo el mérito de introducir una visión positiva e integradora de la naturaleza de la salud, en la que el objetivo es la búsqueda del triple bienestar (físico, mental y social), relegando a un segundo plano, la ausencia de enfermedad, se ha comportado en la práctica como poco operativa a nivel global. A estas alturas, esta definición sigue siendo undesiderátum, entendido éste término como “aspiración o deseo no cumplido” (DRAE).

Ante esta situación, con tan gran distancia entre “la realidad y el deseo” implícito en la definición de la OMS, es razonable plantearse si dicha definición ha resultado operativa. En el caso de que lo fuera, a la vista de los desalentadores resultados, ¿cómo debe ser definida la salud? Este es precisamente el título de un editorial firmado por el profesor Alejandro R. Jadad del Departamento de política sanitaria de la Universidad de Toronto, así como del Centro para la innovación global de la e-salud, publicado en el British Medical Journal del 10 de Diciembre del 2008, y también en su blog personal, dentro de esta revista médica. Este editorial fue la convocatoria para una conversación global en el espacio digital, cuyo objetivo era debatir sobre la definición de la salud y sus insuficiencias operativas, para hacer después propuestas de nuevas definiciones.

La conversación global y digital, iniciada y mantenida en el blog de profesor Jadad, ha dado lugar, en opinión de la editora del BMJ, Fiona Godlee, a numerosas respuestas, algunas fascinantes. Muchos de los participantes en el debate consideran que el problema de la definición de la OMS estriba en su uso del adjetivo “completo” al calificar al triple bienestar, físico, mental y social, propuesto como objetivo. Algunos sugieren un adjetivo más moderado y realista, como “óptimo”, o el mejor posible, dadas las circunstancias en las cuales cada individuo vive. Richard Smith, editor del BMJ, afirma, en su blog del 8 de Julio, titulado “The end of disease and the beginning of health” (Donde termina la enfermedad y comienza la salud), que si se incluye el adjetivo “completo” en la definición de la salud, “la mayoría de nosotros estaríamos enfermos.”

La salud, entendida como bienestar, una palabra que expresa una fuerte carga de subjetividad, es pensada desde el propio cuerpo, un pensar que comienza por la percepción y la integración en la conciencia personal, y en un momento dado, de las sensaciones, tanto positivas como negativas, que proceden continuamente de la superficie y de las entrañas de ese cuerpo, y que se traducen, al final, en “una evaluación cognitiva de la vida que un cuerpo humano está viviendo” (C. Pera, El cuerpo silencioso. Ensayos mínimos sobre la salud. Ed. Triacastela, en prensa) con gradaciones muy personales, entre el bienestar, siempre relativo y circunstancial, y el malestar o malvivir.

En todo caso, introducir la moderación en la definición de la salud (Blog “Moderación y salud”) mediante la sustitución de lo “completo” por “lo mejor posible dadas las circunstancias”, sólo es aplicable en el mundo de la riqueza, en el que no sólo se pretende el “bienestar”, sino el “estar mejor que bien”, cosa que no es factible, evidentemente, en el mundo de la pobreza, donde conviven el hambre y el extremado malvivir, y las necesidades son muy urgentes y vitales.